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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
2025, volumen 12, n
úmeros 1-2

DISCURSOS DE INGRESO DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
A LA
ACADEMIA FILIPINA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
15 DE NOVIEMBRE DE 2025



JAIME MÁRQUEZ MARCÓ es un estudioso de toda la vida de José Rizal y de las obras de Wenceslao Retana. Se formó en el Colegio de San Juan de Letrán y más tarde emigró a España, donde fundó varias escuelas de idiomas. Durante su estancia en España, organizó a la comunidad filipina y creó el José Rizal Walking Tour. Asimismo, desempeñó un papel fundamental en la colocación de primeras piedras conmemorativas en Madrid para señalar hitos de la historia filipina, con el apoyo de la Embajada de Filipinas y el Ayuntamiento de Madrid.

Actualmente se encuentra traduciendo las obras de Wenceslao Retana, Vida y escritos del Dr. José Rizal y el monumental Aparato bibliográfico de la historia general de Filipinas, así como el Archivo del Bibliófilo Filipino. Entre sus publicaciones destacan el Dictionary of Philippine Mythology de Ferdinand Blumentritt (2024), Travel Notes de la Dra. María Paz Mendoza Guazón (2024), Periodismo Filipino: The First One Hundred Years of Journalism de Retana (2018) y Fr. Martín de Rada de Dolors Folch (2022), además de otros títulos de próxima aparición.


CAMINAR CON RIZAL:
PALABRA, HISTORIA Y COMPROMISO

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Entonces nada importa me pongas en olvido.
Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré.
Vibrante y limpia nota seré para tu oído…
Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
Constante repitiendo, la esencia de mi fe.


Estas palabras de José Rizal nos revelan su fe: una fe en el poder del lenguaje, en una verdad que trasciende la muerte, en un alma que permanece cuando el cuerpo ya no está.

Y, sin embargo, ¿a quién escribió Rizal? A su pueblo… un pueblo que, trágicamente, fue apartado de la lengua en la que su héroe nacional pensó, soñó, escribió y murió.

Soy hijo de esa herencia interrumpida. Mi madre, filipina sin raíces hispánicas, decidió aprender español para que sus hijos fueran trilingües. Crecí hablando español en casa, inglés en el colegio y filipino en la calle. Ese gesto suyo fue un acto de amor cultural, una resistencia íntima.

Cuando llegué a Madrid en 1982, exactamente un siglo después de Rizal, sentí que seguía sus pasos. Y en 1987, al encarnar a Elías en una representación del
Noli Me Tangere en el Ateneo de Madrid, lo sentí presente. No era ilusión: era historia viva.

Fue entonces cuando emprendí la tarea de reconstruir el
Rizal’s Madrid Walking Tour. Busqué los lugares donde vivió, estudió, practicó, y soñó con sus compatriotas. Localicé la sede de La Solidaridad y el hotel donde brindó por Luna e Hidalgo. No fue sólo un homenaje. Fue también una advertencia: si no caminamos con Rizal, si no hablamos en su lengua, corremos el riesgo de perder la brújula de quiénes somos.

De regreso a Filipinas, gracias al impulso generoso de mi amigo Gaspar Vibal, emprendí un nuevo propósito: traducir al inglés y anotar los textos en español que forjaron nuestra nación. Así nacieron mis traducciones de Retana, Blumentritt, Mendoza Guazón y otros pensadores hispano-filipinos. Son semillas para un jardín de memoria. Mi próxima obra, fruto de treinta y ocho años de trabajo, es
La Vida y Escritos del Dr. José Rizal.

No lo hago sólo por amor al idioma. Lo hago porque el español no es extraño en nuestra historia: es parte de nuestro código genético cultural. Abandonarlo sería como cerrar un libro antes de leer su última página.

Hoy, al recibir este honor, siento que cierro un círculo: de Manila a Madrid, de las palabras de Rizal a las nuestras, de una lengua que parecía extinguirse a una llama que aún puede arder.

Hace treinta años cumplí un anhelo profundo al llegar a Santiago de Compostela tras cuarenta días de peregrinación por el Camino. Fue un viaje cargado de significado personal, no sólo por ser Santiago patrón de España, sino porque mi nombre, Jaime, se vincula directamente con el Apóstol. Inicié en soledad desde Roncesvalles y llegué a Santiago con más de cuarenta peregrinos que se habían convertido en mi familia del Camino.

Hoy, tres décadas después, ese mismo y generoso patrón me concede un honor aún más alto: ser aceptado como académico de número de esta ilustre Academia.

Recibo este reconocimiento con humildad y gratitud, no como culminación, sino como compromiso: el compromiso de preparar a nuevas generaciones que puedan leer a Rizal en su lengua original, sin necesidad de traducción.

Muchas gracias.