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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
2025, volumen 12, n
úmeros 1-2

DISCURSOS DE INGRESO DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
A LA
ACADEMIA FILIPINA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
24 DE FEBRERO DE 2025



FRANCIS NAVARRO Y MEDINA se graduó de la Universidad de Filipinas en Diliman, donde obtuvo su licenciatura en Historia. Realizó estudios superiores en la Universidad de Salamanca como becario del gobierno español donde realizó su Doctorado en Archivística y Documentación. Después de sus estudios participó en una serie de proyectos de conservación de documentos encontrados en monasterios de la Comunidad de Navarra, España bajo el patrocinio de Caja Navarra. Además de ser profesor asistente de Historia en la Universidad Ateneo de Manila, también es director de los Archivos Universitarios, que incluyen los Archivos del Observatorio Jesuita y de Manila. Imparte clases en la Escuela de Teología de Loyola donde enseña Historia de la Iglesia. En 2018, fue premiado por San Beda College, donde finalizó su educación primaria y secundaria, como el Bedan Más Destacado en el ámbito de las Artes y la Cultura. Su papel más reciente fue formar parte de una comisión gubernamental para estudiar e investigar la Primera Celebración de la Misa de Pascua en Filipinas celebrada en 1521. Sus áreas de especialización e investigación incluyen Historia Colonial de Filipinas, Estudios Hispánicos, Paleografía y Preservación de Colecciones. El Dr. Navarro se desempeña actualmente como vicepresidente de la Sociedad de Archiveros Filipinos, presidente de la Sociedad Histórica de Filipinas y recientemente nombrado Comisionado de la Comisión Histórica Nacional de Filipinas.


EL ESPAÑOL Y LA HISTORIA DE FILIPINAS:
CLAVES LINGÜÍSTICAS PARA COMPRENDER
NUESTRO PASADO

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Excelentísimos dignitarios y académicos, distinguidos colegas, damas y caballeros:

Es para mí un inmenso honor dirigirme a ustedes en esta ocasión trascendental, en la que tengo el privilegio de ingresar a esta ilustre institución, la Academia Filipina de la Lengua Española. Recibo con profunda gratitud y humildad este reconocimiento, consciente de la responsabilidad que conlleva: contribuir, desde mi campo de estudio, a la continuidad y fortalecimiento de nuestra herencia lingüística y cultural.

La lengua es mucho más que un instrumento de comunicación; es un archivo vivo de la historia, un testigo silencioso del devenir de los pueblos. En cada palabra, en cada giro idiomático, en cada expresión heredada de generaciones pasadas, se esconde la memoria de quienes nos precedieron. En el caso de Filipinas, el español no es solo un idioma vinculado a nuestro pasado colonial; es una clave de interpretación que nos permite acceder a documentos, crónicas y testimonios esenciales para comprender nuestra evolución como nación.

Desde el siglo XVI, cuando los primeros hispanohablantes pisaron nuestras tierras, hasta el siglo XIX, cuando el clamor por la independencia comenzó a tomar forma en las páginas de los periódicos y panfletos escritos en español, esta lengua desempeñó un papel fundamental en la configuración de nuestra sociedad. No solo fue el idioma de la administración, el comercio y la educación, sino también el puente que permitió la construcción de un discurso nacional. En sus palabras se encontraron filipinos de distintas regiones y tradiciones, creando una narrativa común que unió sus aspiraciones y desafíos.

Podemos hallar este legado en los archivos que conservan los relatos de nuestros antepasados, en las actas de cabildo que reflejan la vida cotidiana de nuestros pueblos, en los juicios que nos revelan las tensiones sociales de su tiempo y en las proclamas revolucionarias que clamaban por la libertad. Fue en español que nuestros grandes pensadores y reformistas—José Rizal, Marcelo H. del Pilar, Graciano López Jaena y tantos otros—articularon sus ideas y despertaron conciencias. Rizal, en particular, con su prosa precisa y emotiva, demostró cómo la lengua podía ser un arma más poderosa que cualquier espada, cómo el conocimiento y la palabra podían desafiar los cimientos de la opresión.
Sin embargo, con la llegada del siglo XX y la imposición de una nueva política lingüística, el español fue desplazado de la educación y la administración, relegado a un segundo plano en la vida nacional. Con ello, perdimos algo más que un idioma: perdimos el acceso directo a una parte crucial de nuestra historia. Miles de documentos que contienen la memoria legal, política y cultural de Filipinas permanecen en español, esperando ser leídos, comprendidos y reivindicados por las nuevas generaciones.

Aquí radica la importancia de nuestra labor como historiadores, lingüistas y académicos: reivindicar el español no como un vestigio de un pasado remoto, sino como una herramienta imprescindible para la investigación histórica y la comprensión profunda de nuestra identidad. No se trata únicamente de preservar una lengua por razones sentimentales o culturales, sino de reconocer su valor en la reconstrucción de nuestra historia.

La recuperación y estudio de textos antiguos, la traducción de documentos clave y la enseñanza del español en Filipinas no son esfuerzos meramente académicos. Son actos de resistencia contra el olvido, gestos de preservación de nuestra memoria colectiva. Si no comprendemos los documentos en los que están escritas nuestras leyes, nuestros tratados y nuestras narraciones, corremos el riesgo de interpretar nuestra historia con fragmentos incompletos, con sombras en lugar de certezas.

Por ello, es imperativo que continuemos formando investigadores, paleógrafos e historiadores con la capacidad de leer y analizar estos testimonios en su idioma original. Necesitamos más filipinos que puedan sumergirse en los archivos y descubrir voces olvidadas, relatos silenciados, perspectivas que aún esperan ser comprendidas. Solo así podremos reconstruir con fidelidad los acontecimientos de nuestro pasado y enriquecer nuestra interpretación de lo que significa ser filipino.

Agradezco profundamente a la Academia Filipina de la Lengua Española por este honor y por su incansable labor en la promoción del español en nuestro país. Como nuevo miembro, asumo el compromiso de contribuir activamente al estudio y difusión de nuestra historia a través de la lengua que nos conecta con nuestra memoria. Espero que este momento no solo sea una celebración personal, sino un recordatorio de nuestra responsabilidad compartida: proteger, estudiar y valorar el español como una clave esencial para comprender nuestro pasado y, a partir de ello, construir un futuro más consciente de nuestra identidad.

¡Viva la lengua española en Filipinas! ¡Viva nuestra historia!

Muchas gracias.