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Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Invierno 2017
Volumen 4, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2107, Vol. 4, N
úm. 2

A
RTÍCULOS Y NOTAS
PDF: El diario de Frankie Aguinaldo de Edmundo Farolán…



EL DIARIO DE FRANKIE AGUINALDO DE EDMUNDO FAROLÁN EN EL CONTEXTO DE LA NOVELA FILOSÓFICA

LUIS M. LALINDE
Universidad de Alicante



El diario de Frankie Aguinaldo representa la esperada novela del escritor filipino Edmundo Farolán Romero (Manila, 1943), dato para nada baladí, debido a que dicho texto se erige, desde su constitución, y en términos antropológicos, como toda una “Historia de vida” del propio autor. No en vano, nos hallamos ante un trabajo que aborda de primera mano la existencia y el significado de uno mismo, a partir de sus experiencias vitales, como la de algunos miembros de su propia familia. Tanto es así, que me atrevería a calificarla como ‘ensayo filosófico’, dada la enorme introspección a la que Farolán se somete.
      De esta manera, interrelacionando ambas disciplinas del saber, la obra se podría encuadrar dentro de la llamada antropología filosófica que, a su vez, recoge y enlaza con el ideal socrático del “conócete a ti mismo”; además, de la concepción aristotélica del hombre como animal racional, político y que, sustancialmente, habla de sí mismo fruto de su pensamiento abstracto. Es decir, va directo a la propia esencia de la Filosofía, esclarecer el concepto que el hombre posee de sí mismo y, en especial, de su situación en el mundo. Así, Farolán abraza la noción de sujeto e individuo, acorde a la escuela y metodología cartesiana de cogito, ergo sum; donde se reflexiona sobre la existencia del hombre a partir de sus acciones y sus relaciones con los otros.
      En esta línea, la obra se contextualiza históricamente desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX, ya que como veremos, no sólo se circunscribe a la propia vida de Farolán, sino que también, a partir de la herencia y transmisión oral de la que se ha nutrido desde niño, va contando una serie de relatos sobre la vida de sus abuelos, tíos y primos.
      Nada más empezar la obra, lo primero que le viene a la mente al lector es la filosofía existencialista de Jean Paul Sartre. En pocas palabras, y conforme a ese movimiento filosófico, de que un hombre no nace, sino que se hace de acuerdo a las distintas vivencias que ha experimentado a lo largo de su vida. Algo que, entendemos, será el hilo argumental de la obra. De este modo, como decíamos, la obra posee rasgos de ensayo filosófico, pues es un relato, sustentando en varios escritos, donde en su conjunto se marca la postura del escritor sobre un determinado tema. En este caso, sobre sus razonamientos e impresiones sobre la vida.
      Por otra parte, respecto a la estructuración de la novela, ésta se encuentra dividida en dos grandes partes: la primera situada en 1966-1969; y la segunda en 1992. Dichas fechas, que dan nombre a las referidas partes, serán el contexto desde donde el autor narra esencialmente y a grandes rasgos su vida en la primera parte; y, en la segunda, la de sus ancestros y parientes.
      En cuanto a la primera parte de la obra, ésta se halla subdividida en veinte capítulos y engloba casi toda la novela. Esta parte, como decíamos, se centra en su vida. El relato comienza hablando de su infancia en Leavenworth (Kansas), donde estudiaría en la escuela pública de Jefferson. Y, además, nos recuerda su llegada a San Francisco por medio de un crucero, llamado Presidente Wilson, tras su salida de Manila junto a su familia. Seguidamente, se sitúa en el Madrid de 1966. Es decir, en sus veinte y pocos años y, sobre todo, en el momento que escribe el presente diario durante su estancia en el Colegio Mayor de Guadalupe. Desde allí nos habla de su vida en la España de los años 60, así como de los españoles. Pero sobre todo, de sí mismo y de sus desvaríos o procesos mentales, que le permiten autoanalizarse dentro del contexto en el que habita. En este relato, digno es de alabar que Farolán muestra una gran cantidad de sueños que le llevan a sitios de la más diversa naturaleza. Y para ello, magistralmente recurre a películas como West Side Story, a actrices como Natalie Wood o a canciones como La chica de Ipanema, trasladando al lector, de una forma u otra, a su mundo. Un mundo que muestra incompleto, pero al mismo tiempo completo, absurdo, pero al mismo tiempo lógico. Y es que como él mismo señala en la propia obra:


Mis palabras zumbarán y seguirán zumbando, pero sé que poco a poco serán más definidas, más precisas. Los diálogos, quizá rotos, o las novelas dentro de las novelas, quizás personajes flotando en el aire. Pero todo esto tendrá esencia. Crearé esencia en ellos (pág. 23)1.
      En relación a la citada asunción, Frankie, el alter ego de Farolán, es el principal personaje que cobra esencia; teniendo su primer dilema existencial cuando regresa a Filipinas:


Sabía que había llegado a casa, pero la casa me aparecería algo extraña. Algo que me traía recuerdos, pero a la vez no podía comprender la situación. Ayer estaba en España; ahora estoy aquí. ¿Qué hago yo aquí? Me sentí de pronto como agarrotado. Me sentía perdido. Todo parecía misterioso (pág. 28).

      Inmediatamente vuelve a España, y esta vez echa de menos Filipinas, sabedor de que ahora precisa de dicha añoranza para no sentirse extraño como filipino. Así, tras esta nueva experiencia, dice:


En mi soledad existe la felicidad nostálgica… el anhelo de volver a casa, a ver el Volcán Mayón que limpia el cielo con su humo; el rutilar de las luces en la Avenida Rizal; el Valle de Trinidad y todas sus fresas y verduras frescas; los barrios universitarios de Manila, Manila, la ciudad de los conflictos, ciudad de contrastes; el Baguio frío y nostálgico de mis veranos; el singkil del sur y la hermosa playa de Ipil en Surigao.
      Pensamientos frágiles, memorias frágiles. Algo significativo cuando yo me pierdo en memorias, cuando mi alma capta la alegría de estos recuerdos (pág. 47).
      Desde Madrid, decide recorrerse España, yendo a varias ciudades como Alicante, Cádiz o Ceuta. Aunque el principal motivo de su partida es visitar Ronda (Málaga), ya que en dicha urbe residen familiares lejanos. No en vano, fue desde dicha localidad donde partiría su abuelo, Francisco de Paula, camino de Filipinas a finales del siglo XIX. Y es allí, por tanto, donde quiere conocer sus orígenes, que lo liguen con su identidad actual.
      Tras este viaje, de nuevo regresa a Madrid, reuniéndose con otros filipinos, Edsel y Bobby, que le aportan otras herramientas para poder expresarse. Tanto fue así, que los tres expusieron en el Instituto de Cultura Hispánica con una muestra llamada los “Tres pintores filipinos”. De esta experiencia extrae lo siguiente:


Tenía que expresar mis emociones de otra manera. Tenía que descansar de la palabra, de la poesía, y experimentar con la pintura […] Tenía que expresar mis versos y mi incoherencia en la pintura (pág. 81).
      En pocas palabras, Farolán, en boca de Frankie, hace todo lo posible para poder expresarse y, como si bebiera del taoísmo, dejarse llevar por sus emociones para hallar su camino en sus clases de Madrid:


Me sentaré de nuevo en las aulas para escuchar conferencias en español sobre filosofía. Pero voy a estudiar a mi manera, vivir a mi manera. Mi camino no es cuestionar la vida, sino aceptar mi destino con calma. Debo estar tranquilo a pesar de las aparentes contradicciones de la vida; al fin y al cabo la vida no es coherente. Es paradójico. No es cuestión de derrotismo, o de resignación, que podrían ser las soluciones fáciles a las incoherencias de la vida. Y es fácil decir: ¿Qué más se puede hacer? (pág. 95).

      De todo ello extraemos que Farolán, como todo individuo que se precie, busca el sentido y significado de la vida. Busca la plenitud y llenar el vacío que implica la soledad. Pero al mismo tiempo, se percata que sin la soledad uno no puede reflexionar y hallar esa pregunta que le permita desarrollarse. Es más, también averigua que con dicha soledad, y con esas reflexiones, no siempre uno quiere lo mismo a lo largo de su vida. Pues, al fin y al cabo, entiende que el individuo, es su “yo y sus circunstancias”.
      En este sentido, va a reflexionar sobre las experiencias que poco a poco va viviendo, no se va a lamentar de los tiempos de soledad, pues forman parte de la vida. De un yin y yang que, en su conjunto, sin necesidad de buscar algo, lo puede encontrar. Pues todo anda interrelacionado y, como decíamos, lo absurdo puede ser totalmente lógico. Y es que “la amarga vida, la vida que viene en paquetes de soledad. La soledad es un medicamento para el corazón que llora. El amor se ahoga con el vaivén de la tristeza y la felicidad, la nostalgia y la locura” (pág. 86). De esta forma, al conocer los lazos entre opuestos, sabiendo que uno debe vivir ambos. Es decir, por ejemplo, una vida en soledad (aprendizaje por sí mismo) y otra en sociedad (aprendizaje por los otros). Se experimenta la necesidad de que hay un momento para el yo en soledad y el yo en sociedad. Y uno no crece sin el otro. De hecho, no se entiende sin el otro.
      En esta línea, a lo largo de los capítulos que engloban esta primera parte de la obra, Farolán realiza un recorrido sobre sus vivencias y experiencias que se alargarán a sus residencias en Estados Unidos y Canadá. Y, en no pocas ocasiones, se retrotraerá a sus vivencias en el pasado para cerrar un círculo sobre su vida. La cual posee sus altibajos, pero siempre con sus significados. Así, se dice así mismo:


Soy un niño recordando los sueños, sueños indisciplinados e ideas dispersas, susurradas y luego escritas. Es insoportable la repetición de pensamientos y sentimientos de amargura, soledad, palabras que explotar visceralmente porque viven solas aquí, alineadas, en un lugar insignificante, en algún lugar entre Europa y África, y Asia, en algún lugar de este espacio que contiene la proyección de mi existencia en la búsqueda del espacio […] Suelo caminar como un sonámbulo para escapar de la existencia, doliente existencia, huyendo de las palabras y frases que escribo (pág. 109).

      En resumidas cuentas, Farolán entrelaza sus vivencias que conforman su existencia; si bien intenta escapar de ella, de una forma u otra, siempre le persiguen. No en vano, es prisionero de sus vivencias y palabras, recogidas en sus escritos.
      Por otro lado, en cuanto a la segunda parte de la obra, ésta se encuentra subdividida en cinco capítulos. Sin embargo, dichos capítulos narran historias inconexas, pues a nuestro modo de entender la segunda parte es una serie de relatos que, en su conjunto, poseen como finalidad complementar la historia de vida del propio autor. Es decir, se percibe como un apéndice o una aclaración de la primera parte, centrada en Frankie, para conocerse a sí mismo. Y es que nadie nace enseñado. Así Frankie, el alter ego de Farolán, ha vivido de las historias o relatos que le han contado sobre sus familiares, conformando, de manera inconsciente (hasta que ha reflexionado sobre ello), su forma de ser y, por ende, su vida. Eso sí, desde su punto de partida, para tomar las consiguientes decisiones que ésta conlleva y que conforman, por consiguiente, una existencia.
      Podríamos decir que el germen o el pilar de dicha existencia sería la figura de Francisco de Paula. El abuelo que salió de Ronda para labrarse una vida en la Filipinas colonial, junto a su tío Miguel, por aquel entonces gobernador provincial de Morong. Y que, al igual que el propio autor (afincado actualmente en Canadá), saldrá con la idea de volver a su país. Pero las circunstancias de la vida y las decisiones sobre la misma, le depararán un nuevo camino que, igualmente, le dará sentido y significado a su existencia.
      Una de las decisiones de Francisco de Paula será no volver junto a su tío a la península, cuando este último fue designado Gobernador provincial de Málaga, ya que deseaba estar un par de años más en el archipiélago. Pero esta vez en el norte, solicitándole a su tío ayuda para poder asentarse allí. Afortunadamente, y gracias a los contactos de Miguel, al cabo de un mes será designado como Director de Tabacalera en la provincia de La Unión. Hecho que marcará definitivamente su vida, pues como señala el propio autor:


No sabía en aquel momento, cuando se sentó en aquel tren que salía de Tutubán, que La Unión sería su destino final, que viviría en aquella parte de Filipinas el resto de su vida, que echaría allí raíces… Raíces que nunca jamás había imaginado… las raíces de su vida. Nunca había pensado que allí se casaría, tendría una docena de hijos, y moriría en aquella provincia montañosa, Palali, a la que amaría como a su propia familia. Palali. Baguio. Reminiscencias de las colonias y el Tajo de Ronda (pág. 210).

      Y es que una persona, ciertamente es un “cautivo” de sus actos y no actos. En este sentido, de todo lo anterior, Farolán asume que:


La vida es absurda. Y es así, lo que tú quieres ser. Yo no he decidido todavía. Quizás mi decisión será una indecisión sartreana. Eso es de algún modo también una decisión. Será quizás el único modo de acabar con todo; esa cierta sensación de jamás crear ninguna novedad. Quizás yo me conformaré. Pero esta decisión será sólo una fuente. Yo seré siempre el mismo inconformista rebelde, un escritor loco y confuso que empieza y termina, que quiere simbolizar sensaciones etéreas, el ruido, la somnolencia, todo en vida, todo, aún en esperanza, como una autobiografía indirecta, de reflejos poéticos y no-poéticos, repeticiones universales de la historia de la humanidad, de nuevas caras pero de los mismos actos. […] Aún los filósofos no comprenderán el misterio absurdo que se llama vida, vida proyectada hacia la muerte, moviendo y movida por la mente y sus rincones de la oscuridad (pág. 185).

      De este modo, en dicho fragmento, Farolán recoge todo lo que desea expresar en esta obra. En especial, su influencia existencialista que resulta lógica debido a que dicha corriente filosófica tiene su cénit en los años en los que comienza a escribir “su” diario o, como él mismo señala en la cita, su “autobiografía indirecta”. Al mismo tiempo, el autor se describe a sí mismo como “un escritor loco y confuso que empieza y termina”, dentro de este aprendizaje perpetuo que supone la vida. Y esta vida va encaminada hacia su fin por medio de momentos de soledad y vacío, así como de compañía y felicidad. Algo que muchos pensadores no alcanzan a comprender pues, como señala Farolán en su obra, los filósofos no por más complejos son mejores, puesto que también la simplicidad da acceso al saber complejo. Y es que lo más importante, para tal fin, es plantearse la pregunta correcta. En ese sentido, nuestro autor señala:


Veo que hay una gran falacia. Y la falacia, que es la falacia universal de todos los filósofos, es utilizar la pregunta ¿por qué?, cuando en realidad la pregunta debe ser ¿qué?; es decir, ¿qué es lo que se debe hacer? Y la respuesta es sencilla: la vida vivida, o sea escuchar música, fumar, a veces un buen puro, hacer el amor, beber… Los filósofos musulmanes como Omar Jayyam fueron mejores filósofos, por más simples (pág. 22).

      En pocas palabras, el individuo debe escoger entre la multitud de caminos que le da la vida, siendo consciente de las consecuencias que tienen dichos actos (como también los no actos). Y, principalmente, debe saber que tales actos, sufridos o disfrutados, son experiencias que enriquecen el alma y dan esencia a una existencia.
      Finalmente, y para ir concluyendo, cabe advertir que El Diario de Frankie Aguinaldo, salvando las distancias, sigue la estela de grandes novelas existencialistas como Niebla de Miguel de Unamuno o La nausea de Jean Paul Sartre. No en vano, como decíamos, realiza toda una reflexión sobre la vida, de cómo se ve y el significado que puede tener ésta en cada una de sus circunstancias. Tanto para nosotros como para aquellos que dejamos atrás o nos sobrevienen.
      Tales ideas o preceptos, bañadas en una esmera escritura, le han valido a Farolán el galardón del «III Premio José Rizal de las Letras Filipinas 2017» concedido por el Instituto Juan Andrés. Y en donde, el jurado lo califica, entre otras excelencias, como “escritor del absoluto y la nada, poeta, dramaturgo, novelista, ensayista, y en las presentes calendas albacea de la memoria dispersa hispanofilipina”. Y mencionados epítetos, reflejados en la obra que nos ocupa, quedan confirmados por el que suscribe la presente nota.
      De esta forma, si uno desea adentrarse en sí mismo y en el nexo entre su yo y sus orígenes, con las inquietudes y dilemas de identidad que ello implica, El diario de Frankie Aguinaldo puede ser una lectura enriquecedora no sólo para saber el por qué de las cosas, sino sobre todo el qué de las cosas. En este caso, de nosotros mismos. Y, en palabras de Farolán, “¿qué es lo que se debe hacer?”, cuestión que, implícitamente, invita al lector a responder en términos kantianos. Y cuya respuesta, paradójicamente, puede ser el todo y la nada. Eso sí, lo importante es estar ahí, vivir las vivencias que nos deparan, sin resignaciones y extrayendo lo máximo de las mismas, para llegar al fin, y a pesar y gracias a los vacíos, a una vida lo más plena posible.

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1  Todas las citas desde Edmundo Farolán, El diario de Frankie Aguinaldo, San Francisco, Carayan Press, 2016.