Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Otoño 2014
Volumen 2, Número 1

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Otoño 2014, Vol. 2, Núm. 1


CREACIÓN LITERARIA Y ACTUALIDAD
PDF: Sacré d'été…


POESÍAS DEL POEMARIO INÉDITO:

Sacré d'été
(Oratio imperata ad petandam pluviam)

MACARIO OFILADA MINA


Preludio: El bosque convoca

El mar azul, universo de los náufragos,
Es un bosque de abismos.
Se deja oír su murmullo onírico
Con sus olas salinas en este desierto,
Como la flauta de las entrañas
Entrañables de la tierra desolada
Que llora y grita desde la primera aurora.
Ahí se esperan los colores de las vintas,
Que bailarán como ángeles sumergidos
En sus profundidades de perlas y corales.
En cada interior solitaria y nocturna,
Hay un mar inmenso que arrulla
Con sus cuevas y guaridas melancólicas
Que acogen a todos los astros caídos
De los ensueños perfumados.
Desde sus secretos resurgen
Frescas desnudeces como castillos dormidos.
Cada sexo descubierto con su velo
Es el grito del calor en medio de tanta tempestad.
Cada pezón rosado es metáfora herida y hambrienta
De la narrativa sumergida en el frío del abandono.
Cada cuerpo es bosque de delito,
Es canto carnal que vuela como espíritus
Vagabundos por las ínsulas extrañas
Esparcidas sin geografías, aisladas
Como melodías reducidas a arena
O a polvo bendecido con la leche primaveral
Que pregona la lluvia incesante desde las
Alturas nebladas y solitarias.
El bosque, que late y que corre,
Como corrientes vacilantes y rugosas
Llama, convoca con acordes violentos
A la consumación de esta Pascua desnuda.

Manila, 02.III.10



Introito: Ocho antífonas de santuarios violados

I

Tu ausencia llega mi carne pecaminosa
como las tormentas fugaces de septiembre,
trayéndome regalos venenosos
como las semillas para el invierno caluroso que me acecha.

La luna azul reflejada en el lago de bambúes me despierta
para evocar tu desnudez rosada
entre los álamos perdidos
en los secretos húmedos de la noche.

La nieve interior cae lentamente como dardos chamusqueados
y baila mi corazón llagado por la cruz
de verte entre los arqueros verdes
en el norte tembloroso ante la aurora.

Tu falta matutinal de pudor y pundonor
y con tu mirada tímida de joven
sigue llamándome de mi pirámide solitaria
donde había enterrado los jazmines de los truenos.

¿Volverás?, como las nubes disipadas
entre las quejas veraniegas de las brisas saladas
que me pregonan que por ahí sigues perdido
entre los libros de derecho y bancos de madera.

Parañaque, 14.IX.04


II

Como una sierpe traída del Oriente te
has desprendido de tus prendas
y las recojo del suelo de mármol
con los olores dejados por tu sudor y juventud.

Mientras te bañabas con óleos exóticos
anidaron mis pensamientos en las huellas
que abandonabas mientras hacías
los pasos para ser iniciado en el templo del sol.

Dejaste a los tigres para ir con los cazadores;
en tu desnudez, sigues afilando las flechas
como pergamino colorado que celebra
tu ascensión como guerrero en las leyendas.

En Alejandría te despertaste para mirar a Roma
dejando las semillas de tus secretos
en las aguas del Nilo durante la cosecha.
Así los cuentos te plasman como dios desterrado.

Después de tu baño saliste a inmolarte ante las
miradas inocentes hacia tu imperio dorado
que enciende incontables ensueños que
llegan silenciosos con los tristes monzones.

Parañaque, 14.IX.04


III

En Atenas renacen los luchadores
con coronas, flores y dulces licores.
Ahí abandonan su alianza con Jerusalén,
sin estar iniciado en el cuchillo de la ley,
para dejarse llevar, debajo de las estrellas
por la música de Orfeo, el encantador.

Ahí sobre la tierra y las aguas,
buscan el alivio del aromático aceite
tras derramar sangre y sudor
para sembrar una nueva raza de dioses y héroes,
mientras que los veteranos suben a los cielos
para libar en el Monte Olimpo
el vino que anhelaban durante la sed de la vida.

Los ganadores no dormirán por las noches
mientras que los derrotados descansarán al raso
vestidos y cubiertos con las promesas telúricas del cosmos.
La victoria es desnudez sublime
que descubre el espíritu luchador
conquistando lechos tendidos sobre la arena y el lado,
vigilados por las miradas tensas de sagrarios abandonados.

Parañaque, 14.IX.04


IV

Cada día te mueres en mis quehaceres;
pero cada noche, al abandonar mis instrumentos,
resucitas en tu desnudez primordial
y vienes a mí sin escrúpulos ni reglas.

Me dejaste beber de tu néctar de gloria
que deshoja leyendas amarillas,
borrando huellas y manchas de ensueño.

Me siento delincuente en cada encuentro nuestro,
pues me persigues con cada canción,
con cada suspiro de ruiseñor desterrado.

Y sin dormir, deseo acostarme
vigilado por las puertas de tu descuido,
para que las salpicaduras vuelen lejos
pintando nuevos horizontes en el campo de las lluvias soñadas.

Parañaque, 18.IV.05


V

Con cada sollozo gradual a mediodía
crece el arroz virginal en el lodo matutinal que
acompaña cada alma sudorosa en su viaje.

Con lluvias se alimentan los caracoles colorados
y con sus pasos lentos vibran los cantos dolorosos
de las mariposas atrapadas en la red del cazador.

Yo te daré mi soledad como pan solidario
que te acompañará durante muchos inviernos solitarios,
dejando cicatrices que se disipan como veranos fugaces.

Busco extensiones en mis heridas ontológicas,
y encuentro senderos de memoria hacia cantos infantiles,
celebrando el ardor juvenil en los cuerpos ya superados.

Entonces, saldrán los difuntos a nuestro encuentro
y por no encontrar consuelo, excavarán cánticos suprimidos.
Caen las lluvias veraniegas para dormir a las hadas desvirgadas.

Parañaque, 18.IV.05


VI

Siempre he querido disfrazarme de desvirgado
Para poder entrar en tu santuario profano
Donde lo sagrado lo encarna la carne
De gozo y fatigas, sin pudor pero mucho honor
En la vulnerabilidad que desprende aromas de poder.
Cada momento en tu templo de fraternidad
Es un calvario que ha roto las telas;
Cada momento es oscuro
Produciendo terremotos en mi corazón
Despertando a los santos antiguos
A quienes ya no tengo devoción.
Ellos ahora me encienden velas
En medio de suspiros y cuchicheos
Perdidos en la soledad el atardecer.
Aquí en la puerta de acceso
Está escrito que mi entrada está prohibida.
Y yo me siento abandonado
Por mis antepasados y por los profetas.
Ahora soy yo quien tiene que presidir
Sobre el océano inmenso y triste
En que te bautizas con la sal del cosmos,
Dándole a tus carnes sabor místico
Para satisfacer el hambre del Creador.

Parañaque, 15.V.07


VII

El canto matutinal y frágil de las mayas perdidas
De diciembre me llegan como las cascadas generosas de
Las aguas de ayer, resplandecientes las gotas como si
En cada una se hubiera ahogado una luciérnaga.
Al exhalar su último suspiro, en su autooblación,
Cada una emitía llorosa, con su luz, un recuerdo fugaz
De juventudes desnudas y frescas como fresas,
Con el olor de nuevas kamiás salpicadas
Del rocío de incontables noches de lujuria y pasión.
Y todo esto nos lleva a la fragilidad dulce
De la mañana, mientras oteamos un horizonte
Titubeante de vientos y nieblas. Acaso, ¿se esconden
Ahí más luciérnagas que se ofrezcan como vírgenes
Para ahogarse? ¡Qué generosidad hasta la muerte!
Con su muerte es como si el cielo hubiera derramado
Lágrimas de luz, reflejando la luna exiliada
De las epopeyas telúricas con sabor de naranjas.
Puede ser que la blancura de mis meditaciones
Sea captada por esta mancha delirante de deseos
Desahogados desde las entrañas secretas húmedas
Con su olor dolorido de incontables noches solitarias.
En este atardecer consagramos, pues, este altar esbelto,
Dormido en las arenas negras del tiempo perdido.

Parañaque, 24.XII.09


VIII

Se ha hecho mas inmenso este vacío
Metafísico al presentárseme imágenes fugaces
De tu inmensidad verde en su timidez y furia
Cuando yo descansaba de mis meditaciones lentas
Junto con otros devotos entregados al incienso rítmico
De vapores y olores, evocando tu verdor con estupor.
Mi tabernáculo siempre ha estado vacío.
Te espera con cánticos y lirios. Ven con tu
Verdadero poder, en tu auténtica vulnerabilidad
A soñar con angelitos lejanos, teniéndome cerca,
Durmiendo encima de tu pecho, escuchando los latidos
De tu corazón, midiendo las latitudes y longitudes
Para perderme en los astros de muchas liturgias
Silenciosas de vigilias incesantes e inconscientes.
Es cuando celebro las fatigas de los labradores
Jugando con sus centros de poder y debilidad,
Conjugando pudor y fraternidad, en pantanos
Humeantes donde el silencio es respeto.
No te cubras al purificarte con la melodía
De atardeceres urbanos. Sonríe con tus ojos,
Enciende el cirio con tus anáforas pascuales
Y abre los espacios de ensueños tropicales.
Ven conmigo, edificaré y consagraré tu altar
De maizal en los lagos de arrozales cuando
La aurora deje de engañarnos con su embriaguez.

Parañaque, 24.XII.09




Primera Parte: En la sacristía interior (3 fragmentos)

I

En conchas encarceladas en las profundidades
De las lagunas con que se abrazaron
Dos islas de color de esmeralda
En el sur de nuestras fronteras normativas,
Renacen los astros y sus leyendas
Que son ecos de los bosques de ayer
Donde lo prohibido estaba cercado
Y rodeado de la desnudez fraternal.
Ahí las serpientes canturreaban
Y las aves policromadas se enorgullecían
De sus vuelos por las frías cavernas.
Ahí se empapaba con el jugo soberano
Los que rigen las jornadas maldichas.
¡Cantemos al renacimiento con los filtros
por donde se atrapan la sal y la arena!
Ahí se descubrirán joyas vivas y vibrantes
Para desafiar a la soberbia del sol abrasador.
Se han perdido los textos, se han exiliado al olvido las rúbricas
Todo se improvisa en la oscuridad mística
De miles de soles y estrellas de riguroso luto.
Desde entonces, el cielo ha soltado todas sus disonancias
Tejiendo una telaraña ontológica cubriendo
Lo profano, transformándolo en lo sagrado,
Configurándolo como danza de liberación en armonía afónica con la Esencia húmeda
De la tierra de la que surgimos y a la que regresamos.
Y las conchas se quedarán con la dureza de mi nácar
Como testigo silencio de este ciclo fatídico.

Parañaque, 02.III.10


II

En las arenas los faraones destronados narran sus
Noches de desnudez, acariciados a partir de
Junio por el beso del lodo y el sollozo lejano
De los arrozales. Y de repente sus cantos
Los transforman en rajás y sultanes
En penínsulas nacidas de la comunión
De las islas, intentando cubrir el
Vacío marcado por los mares peregrinos,
En su ir y venir como la lírica
De los olvidados colgados como puentes
Que no unen los dos polos,
Sino que hacen que se caigan los cocoteros
En medio de la sinfonía bochornosa.
Así besaremos los cocos, lameremos
Los senos de las diwatas que ocultamente
Seducen a los marinos como sirenas
En el redescubrimiento de los bosques isleños
Como el destino de los guerreros sin pudor.
Ahí celebrarán su victoria telúrica
Invocando al sudor, la sangre y la leche
Para pedir su propia abundancia esparcida
Como los granos cristalinos de sal que emanan
Desde las entrañas de sus rugidos estrellados.
Recoge, liturgo, la arena y sentirás el murmullo
De relatos reprimidos por las salidas del sol.
Oye con la luna perfumada las cascadas derramadas
Como notas exiliadas para siempre en el recuerdo.
Es cuaresma para los hermanos, tiempo para abstener el amor.

Manila, 02.III.10



III

Se reviste quitándose y quemando los
Taparrabos, el último vínculo al arado
Para volver a la tierra en orden y responder a
La vocación de los astros que ascienden
A tomar sus asientos en el banquete celestial.
Pero la mesa inmensa está vacía.
¡Pontífice!, ponte el salacot y coge tu antorcha
Empieza el rito entonando alabanzas
Al Creador Escondido en lo alto,
Invoca su nombre que no es nombre.
Conquista el espesor tenebroso de lo inefable.
Eleva las manos para acariciar el cenit
Con tus dedos, desafiando la aurora.
Tu silencio es un grito desgarrador y desafiante
Tu único poder es tu falta de pundonor.
Llama a la oscuridad para que esté de tu parte
Para que nos alivie de este fuego abrasador
De encontrarnos náufragos en la sequía y pestilencia.
Deja que tu silencio inefable sea el ritmo
Que sacuda más que los soberbios cocoteros,
Sino toda esta desolación solitaria que abraza
A todo el vacío, al que no llegan las melodías.
Sólo con tu desnudez puedes bendecir este abismo
Para que renazcan los bambúes y los acordes íntimos
Que esconden y nutren en sus entrañas frágiles nuestro secreto ritual.
Desde sus espacios interiores, por donde respiran las lluvias la luz del amanecer,
Llama al cielo, para que llore por sus pecados ontológicos.
El perdón sólo puede caer de los cielos como las lluvias torrenciales.

Manila, 04.III.10