Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Invierno 2013 / Primavera 2014
Volumen 1, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2013–Primavera 2014, Vol. 1, N
úm. 2

ÁRTICULOS Y NOTAS
PDF: Mantón-Benaicha Ziani


El mantón de Manila (mendil sbaniya) en Orán, Argelia

NAIMA BENAICHA ZIANI
Universidad de Alicante

Wahrán El-Bahia (“la alegre”) y también, “Capital del oeste argelino”, es como se le denomina a la segunda ciudad más importante de Argelia, Orán1. Es una ciudad que destaca por su polifacetismo. Su legado histórico, francés pero sobre todo español, la hace única y singular. Por sus calles se puede llegar a oír más de un idioma; el español es uno de ellos. Palabras como caballa (caballa), serdina (sardina), simena (semana), meriu (armario) sabbaat (zapato), tchangla (chancla), o mendil sbaniya (mantón de Manila) son más que frecuentes entre su población.
      Es sobre esta última prenda que trata nuestro artículo. Pocos conocen el origen de la tradición, la de contar con este complemento, tan arraigado en España, que se difundió y se hizo parte de la cultura oranesa. La historia del mantón de Manila cuenta con una abundantísima bibliografía que sería ocioso abarcar, pero poco es lo que se ha dicho de su presencia en lugares históricamente hispanizados, como la ciudad de Orán.
      El mantón de Manila, conocido en Orán como مَـنـديـل سْـبـانـيـا/
mendil sbaniya (“mandil español”), prenda tradicional entre las damas distinguidas, tanto en España como en Orán, toma su nombre de la ciudad de Manila, la capital de la antigua colonia española de Filipinas, donde procedían gran cantidad de productos de Oriente que eran embarcados por galeones españoles para llevarlos a España.
      Sin embargo, esta prenda tan peculiar tiene su origen en China. Los mantones de Manila se realizaban en seda y eran bordados a mano con hilos de colores variados. Los motivos eran realizados, básicamente, con decoraciones típicas de China. Los más destacados eran dragones pero que, debido a las preferencias españolas y sobre todo, para facilitar la venta, se fueron cambiando por motivos típicos de la zona, como por ejemplo flores, macetas, etc. Sin embargo, el motivo que más aceptación ha tenido es la rosa. El enrejado del fleco y el bordado, son los principales responsables de su alto coste hoy en día.
      Es importante destacar que los primeros mantones de Manila no tenían flecos. Fue en España, concretamente, en Sevilla, donde se le añadieron realzando así el típico mantón que hoy conocemos. En un principio era una prenda destacada entre las mujeres de la alta sociedad, pero poco a poco se incrementó entre las clases más populares hasta convertirse en una moda muy cotidiana. Posteriormente, esa moda pasó y el mantón de Manila quedó como una prenda tradicional, la cual siempre refleja un toque de distinción.
      En Orán, durante el siglo pasado, muchas mujeres urbanas ya contaban con este elegante accesorio. El uso de este chal le da, realmente, vida a la apariencia de un traje sencillo e incluso añade un toque de elegancia a un vestido más formal. Las mujeres y según la ocasión, se envolvían en un
mendil de maneras diferentes pero siempre con la misma finalidad: aparentar elegancia y sobre todo distinguirse de las demás, las no oranesas, provenientes de la zonas rurales.
      La tradición local y entrevistas con familias oranesas a lo largo de los años, nos dicen que la costumbre se adquirió con el paso de los españoles por la ciudad, no tanto en época moderna, como reciente, en los años 30 del siglo pasado con la emigración española a la Argelia francesa
2.
      La gran cercanía que caracterizaba las relaciones entre oranesas y españolas durante la ocupación francesa (1832-1962) dejó una gran huella en la vida cotidiana de las mujeres de ambas culturas. Tanto es así que las mujeres, con cierto poderío económico y con modo de vida urbano, adoptaron el mantón y lo convirtieron en una prenda más entre sus más preciadas. No faltaban ocasiones para lucirlo. Según cuentan, las bodas eran la mejor ocasión para tal fin. En ellas, era (lo sigue siendo pero a menor escala) común verlo desfilar sobre los hombros de las mujeres casadas, principalmente. No existen reglas de uso, pero la tradición marca los pasos. Las casadas los lucen muy coloridos y con muchos flecos, mientras que las solteras lo han de lucir más discretos tanto en tonos como en flecos.
      Como en muchos países árabes o mediterráneos, las bodas en Argelia siguen siendo un acontecimiento social de una elevadísima importancia, tanto para las casadas como para las solteras. Las madres oranesas con hijas casaderas procuran cumplir con la tradición completando el ajuar de esas con un deslumbrante mantón de Manila. Las hay que tocan a dos; uno para bodas, bautizos y fiestas en general y otro menos llamativo para el
hammam, el baño. El hammam, como punto de reunión social no menos importante que las bodas o bautizos, es un perfecto pretexto para seguir luciendo dicha prenda. Las novias, provenientes de familias con fuerte tradición, son el vivo recuerdo del paso de los españoles por estas tierras poco conocidas por muchos países colindantes. Después de la noche de bodas, es de gran tradición acompañar a la novia a su primer hammam, durante el cual, la novia lleva en una maleta para la ocasión donde guarda, entre otras prendas, el mantón de Manila. Ese mantón ha de ser específico para la ocasión, la tradición requiere que sea menos vistoso que el de las fiestas.
      Tampoco se le puede restar importancia a la forma de colocarlo. El de las bodas se suele llevar por encima de los hombros para, así, cubrir la espalda en caso de llevar un traje desmangado. Las mujeres saben que la forma de llevarlo es igual de valiosa que la propia prenda; de ella depende sumar o restarle elegancia.
      La mejor forma de conservarlo intacto es no formar nudos por ninguna parte ni tejer trenzas en sus flecos. En cuanto al de la ceremonia del
hammam, es preciso no olvidarse de los alfileres para su sujeción. En este caso, la colocación del mantón requiere de más de dos manos, es más, una misma no podría colocárselo sin la ayuda de otra. Una vez más, la tradición apunta que la prenda ha de ir sujeta a las toallas con las que se envuelve la novia a la salida de la zona húmeda del hammam, de tal modo que cuando toca colocar el mantón, sólo harán falta unos alfileres bien largos para sujetarlo y que aguante el peso de este último y que destaque por encima de cualquier otra prenda.
En este sentido, la proximidad geográfica, el bajo coste del viaje, la semejanza de clima y de paisaje e, incluso, se podría decir que hasta la propia cultura tradicional, favorecieron, en gran medida, el atrevimiento de los españoles de las comunidades de Murcia y Valencia, principalmente, con sus respectivas provincias, a elegir la Argelia francesa como destino de emigración. Una emigración que, por aquellos tiempos era más que una opción, una necesidad, siendo los motivos económicos los principales. Unos porque no tenían nada, otros porque lo habían perdido todo en la Guerra Civil y otros porque querían probar hacer fortuna:
Si la Provincia de Orán puede decirse que es la más española de toda Argelia ―referiría un viajero llegado de Murcia en 1908― de Inkerman y sobre todo de Relizane3, cabe decir que es un pedazo de la huerta murciana. Las sendas, acequias, palmeras y hasta los bancales de pimientos dan a esta tierra, en unión de un cielo tan limpio y esplendoroso como el nuestro, tal tinte murciano, que por momentos, me creo vagando por un rincón de mi querida huerta4.
      A pesar de las dificultades encontradas en su proceso de integración, para los españoles, Argelia no era una tierra extraña, la tomaron sin grandes escrúpulos (y la adoptaron sin grandes dificultades): durante muchos años para algunos y de forma permanente, para otros, pasando así del exilio a la emigración. De hecho, a mitad de los años 40, el número de inmigrantes españoles crece notablemente en Orán y con ello el contacto entre las dos culturas, la autóctona y la española, se hace más fructífero. El mantón de Manila, el mandil español, es un símbolo singular de dicho contacto, al representar una prenda oriental que, hecha castiza, acabó exportándose como símbolo de la moda y el gusto español.

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1  Orán: en árabe: وهران [Wahrān], es una ciudad situada al noroeste de Argelia en el norte de África y a orillas del Mar Mediterráneo. Durante la ocupación francesa, Orán fue la capital del  Departamento de Orán. Hoy día, es un importante puerto y centro comercial, y tiene dos universidades. Según el Instituto Nacional de Estadística de Argelia (INS), la población de Orán es de 1.074.273 personas (2013).
2  Según el censo de 1896, de los alrededor de 300.000 europeos asentados en Orán, unos 100.000 eran españoles y otros 100.000, españoles nacionalizados franceses. En los años 1930, del conjunto del medio millón de europeos nacidos en Argelia, aproximadamente el 40% era de origen español, y rebasaban en muchas ciudades a las comunidades francesa. De hecho, durante el siglo XIX, la lengua castellana era el idioma predominante en el occidente argelino, donde también eran notorias las distintas variedades del catalán habladas en la Comunidad Valenciana y el archipiélago Balear. En Orán llegaron a publicarse periódicos y revistas en español y las compañías de teatro españolas solían incluirla en sus itinerarios.
      Son fundamentales para el estudio de la hispanidad de Orán las obras de Vilar y Salinas: Juan Bautista Vilar,
Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914), Madrid, CSIC, 1989; y Alfred Salinas, Oran la Joyeuse: Mémoires franco-andalouses d'une ville d'Algérie, París, L'Harmattan, 2004; Quand Franco réclamait Oran: L'opération Cisneros, París, L’Harmattan, 2008. Véase también Víctor Morales Lezcano, Presencia cultural de España en el Magreb: Pasado y presente de una relación cultural sui generis entre vecinos mediterráneos, Madrid, Mapfre, 1993.
3  Ciudad situada a unos 140 km al sureste de Orán. Es capital de la provincia homónima.
 AA. VV., Las emigraciones murcianas contemporáneas, Murcia, Universidad de Murcia, 1999, p. 91.



ÁPENDICE ICONOGRÁFICO:


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Vista de Orán desde el Monte de Santa Cruz

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Costa y puerto comercial de Orán
[Foto de Nacer Mossadek Benaicha]

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Distancia entre Orán (Argelia) y Alicante (España), 295 kilómetros

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Mantón de Manila oranés, propiedad de la familia Benaicha

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Detalle del diseño oranés