Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
2025, volumen 12, números 1-2
DISCURSOS DE INGRESO DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
A LA ACADEMIA FILIPINA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
15 DE NOVIEMBRE DE 2025
MARYA SVETLANA TONGKO CAMACHO Es profesora asociada en el Departamento de Historia de la University of Asia and the Pacific donde lleva casi tres décadas de labor docente e investigadora. Como académica, ha prestado servicio a su universidad en cargos administrativos, primero como miembro de la junta directiva del College of Arts and Sciences, y después como vice presidenta de asuntos del profesorado e investigación.
Nació su interés en la historia del período colonial español en Filipinas al hacer la tesis del programa master en la rama de geografía urbana en la Universidad de Navarra, sobre la estructura urbana de Manila en el siglo XIX. Se ha mostrado su amor a la capital filipina al formar parte, hasta el presente, de la Manila Studies Association, que promueve la difusión del conocimiento multidisciplinar sobre la ciudad. Al realizar sus estudios de posgrado, descubrió los inmensos fondos archivísticos en España. Para el doctorado en Historia en el mismo centro académico, escogió para la tesis la prosopografía e historia institucional de la Audiencia de Manila en el siglo XVIII. En años posteriores, consiguió becas de investigación que le permitieron volver a los archivos españoles, estatales tanto como de los religiosos.
En 2009, organizó un congreso en homenaje a la gran filipinista Lourdes Díaz Trechuelo, quien le había guiado en los inicios de su caminar en el campo de la historiografía de la época española en Filipinas. Por entonces había emprendido la investigación sobre mujeres en el mismo marco temporal, donde ha abierto camino, indagando en los valores asociados a lo femenino y por tanto la educación de mujeres y su vida cotidiana, dentro de la historia social y de mentalidades. En años recientes, ella ha pasado del estudio de los beaterios, aquellas comunidades cuasi-religiosas a otro, estrechamente relacionado a las mujeres, que es el matrimonio. También es un área escasamente conocida en la historiografía filipina. En todo ello, ella examina y reflexiona sobre los procesos de cambio y continuidad desde el mundo precolonial a lo que llegaría ser distintamente hispano-filipino, y por tanto cristiano, con enfoque en los siglos tempranos hasta el XVIII.
Al mirar hacia atrás, ella siente el orgullo y la alegría de haber inspirado a algunos jóvenes historiadores y colegas filipinos a dedicarse a la época colonial española en Filipinas y al mundo hispánico imperial; y porque este campo lo requiere, a que manejen el español con soltura.
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
2025, volumen 12, números 1-2
DISCURSOS DE INGRESO DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
A LA ACADEMIA FILIPINA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
15 DE NOVIEMBRE DE 2025
MARYA SVETLANA TONGKO CAMACHO Es profesora asociada en el Departamento de Historia de la University of Asia and the Pacific donde lleva casi tres décadas de labor docente e investigadora. Como académica, ha prestado servicio a su universidad en cargos administrativos, primero como miembro de la junta directiva del College of Arts and Sciences, y después como vice presidenta de asuntos del profesorado e investigación.
Nació su interés en la historia del período colonial español en Filipinas al hacer la tesis del programa master en la rama de geografía urbana en la Universidad de Navarra, sobre la estructura urbana de Manila en el siglo XIX. Se ha mostrado su amor a la capital filipina al formar parte, hasta el presente, de la Manila Studies Association, que promueve la difusión del conocimiento multidisciplinar sobre la ciudad. Al realizar sus estudios de posgrado, descubrió los inmensos fondos archivísticos en España. Para el doctorado en Historia en el mismo centro académico, escogió para la tesis la prosopografía e historia institucional de la Audiencia de Manila en el siglo XVIII. En años posteriores, consiguió becas de investigación que le permitieron volver a los archivos españoles, estatales tanto como de los religiosos.
En 2009, organizó un congreso en homenaje a la gran filipinista Lourdes Díaz Trechuelo, quien le había guiado en los inicios de su caminar en el campo de la historiografía de la época española en Filipinas. Por entonces había emprendido la investigación sobre mujeres en el mismo marco temporal, donde ha abierto camino, indagando en los valores asociados a lo femenino y por tanto la educación de mujeres y su vida cotidiana, dentro de la historia social y de mentalidades. En años recientes, ella ha pasado del estudio de los beaterios, aquellas comunidades cuasi-religiosas a otro, estrechamente relacionado a las mujeres, que es el matrimonio. También es un área escasamente conocida en la historiografía filipina. En todo ello, ella examina y reflexiona sobre los procesos de cambio y continuidad desde el mundo precolonial a lo que llegaría ser distintamente hispano-filipino, y por tanto cristiano, con enfoque en los siglos tempranos hasta el XVIII.
Al mirar hacia atrás, ella siente el orgullo y la alegría de haber inspirado a algunos jóvenes historiadores y colegas filipinos a dedicarse a la época colonial española en Filipinas y al mundo hispánico imperial; y porque este campo lo requiere, a que manejen el español con soltura.
EL ESPAÑOL, CLAVE DEL QUEHACER
DEL HISTORIADOR DE LA ÉPOCA COLONIAL
Aunque actualmente se cuenta un mayor número de investigadores dedicados a estudiar el período colonial español, como son las colegas historiadoras que hoy ingresan en la Academia, no dejamos de ser pocos, y menos los que estudian los siglos XVI al XVIII. Manejamos documentos escritos en la lengua española, sean manuscritos guardados en archivos estatales y privados, o libros. Espero que mientras el Señor nos dé vida, podamos rescatar del olvido más fuentes historiográficas y de esta manera hacer conocer los siglos menos conocidos de nuestra historia.
En los documentos archivísticos, la lengua española se usaba en función de los deberes de oficio y en esta lengua se plasmaban las mentalidades. De modo parecido, los pocos manuscritos de carácter personal y privado que han sobrevivido, tanto como las obras editadas en aquella época, demuestran cómo el contexto y la coyuntura histórica proporcionaban sentido y matices a las palabras.
Permítanme exponer brevemente la conexión profunda del español con el tiempo y espacio en el marco historiográfico colonial en Filipinas, afín a otros lugares del mundo hispánico. El lenguaje desempeña un papel clave para entrar en aquel pasado, sobre todo en el primer período de contacto para el cual escasean otros tipos de fuentes con que referenciar las textuales. El lenguaje sirve para desentrañar el significado de conceptos, para identificar objetos de cultura material ya no existentes, o para comprender las creencias y normas, fueran acordes o no con los valores del presente. Por ejemplo, en mi investigación sobre mujeres, he tenido que sondear el complejo de valores e ideales resumido en el vocablo recogimiento, que es un arraigado concepto de género en la temprana modernidad, que hoy se ha reducido a una disposición de la mente o del ánimo. Asimismo, hay vocablos y expresiones que son comprensibles al lector de hoy pero que suenan a lo antiguo. Representan los cambios culturales y estilos de comunicación y al mismo tiempo nos recuerdan de los aspectos perennes de la persona humana y la vida en sociedad.
La sensibilidad al lenguaje y contexto multidimensional enriquece el enfoque humanista, que se distingue de los reduccionistas que ajustan el pasado a ciertas categorías y estructuras. Por otra parte, habría que tener en cuenta que el español pudiera fallar en lo vernáculo de Filipinas y consignar significados que no correspondían.
Como punto final, quisiera abordar la transculturación a partir de la lingüística. El español, bien enmarcado en el tiempo y espacio, manifiesta el complejo proceso de cambio y continuidad cultural a través de la significación. Lo he visto suceder de tres modos. Primeramente, en el uso comparativo de vocablos o conceptos españoles en la definición o descripción de palabras vernáculas. Como ejemplo, binukot, palabra indígena que quiere decir “una doncella recogida en casa,” es comparada con una monja o una mujer enclaustrada. Es una muestra del encuentro entre lo prehispánico y la cultura hispánica y católica. A la inversa, se incorporan palabras del idioma vernáculo para describir el entorno, la cultura y sociedad locales. He visto en varios casos el uso de la palabra tagala dalaga para referirse a doncellas y dindines para describir las divisiones interiores de casas indígenas, hechas de materiales ligeros. Un tercer modo es cuando un vocablo español adquiría un sentido localizado; por ejemplo, “sementera,” que es tierra sembrada, en Filipinas por lo general significaba el arrozal, y de esta manera refleja la importancia del suministro de arroz como alimento principal.
Para resumir, leer e interpretar las fuentes historiográficas en español conscientes de los cambios que se operan en el tiempo y espacio, lleva a un saber histórico tanto más hondo como fértil. Leer con aquella apertura podría presentar dificultades al actual estado de la cuestión o del saber histórico, pero así es el camino para llegar a la verdad histórica, y de ella descubrir, confirmar, o bien comprender mejor muchos aspectos de la cultura y sociedad filipinas. Por tanto, capacitar a los jóvenes historiadores implica el desarrollo de esta sensibilidad y aprecio por la lengua española en su devenir histórico.
Como docente e investigadora, y como miembro de la Academia, espero continuar en esta línea, fomentando el afán de buscar el sentido histórico del español como la lengua principal de la historiografía de la época colonial, y difundiendo las herramientas para encontrarlo.
Reitero mi más sentido agradecimiento a la Academia por este honor, que es a la vez una gran tarea.