Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Verano 2013
Volumen 1, Número 1

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Verano 2013, Vol. 1, N
úm. 1

E
NSAYO
PDF: Historiografía Literaria Filipina


Cuestiones de historiografía literaria filipina

ISAAC DONOSO


I

En el proceso de comparación literaria, diversos pueden ser los elementos a comparar. La comparación puede incluir dos o más elementos del espacio creativo, referirse a realidades geográficas dispersas e incluso comparar antípodas literarias. Pero la comparación puede también aludir a tiempos creativos, transformaciones literarias ocurridas en un mismo espacio geográfico a través de los siglos. Lo que ya es menos frecuente es la existencia de diversas tradiciones literarias en diversas lenguas superpuestas en el tiempo y en el espacio para reflejar una misma realidad, que todas ellas se arroguen el estatus nacional y que paradójicamente se ignoren mutuamente. Éste es el sino de la historia literaria en el Archipiélago Filipino.
      Los primeros testimonios de literatura producida en el Archipiélago Filipino se componen de tradiciones orales transmitidas en lenguas autóctonas. La epopeya —narración que sigue una salmodia declamatoria— será sin duda el principal género de este patrimonio intangible1. Con la llegada del Islam el archipiélago pasó a formar parte de un mundo cultural y económicamente globalizado, y se produjo una literatura particularmente rica con influencias del mundo del Océano Índico2. No obstante, el gran momento cultural en la historia del archipiélago tendrá lugar con la llegada de los españoles, lo que hizo que geográficamente se mirase hacia el Este del Pacífico en lugar de hacia el Oeste del Índico. La cultura internacional islámica había llegado al Archipiélago Filipino desde el Oeste cardinal. A partir del siglo XVI cultura occidental se introduciría paradójicamente desde el oriente geográfico, haciendo participar a Asia de las revoluciones europeas del Renacimiento. La administración española del Archipiélago Filipino verá la gestación de una sociedad cosmopolita y planetaria por primera vez en la historia:

Los mestizajes de Asia sobresalen frente a los mestizajes americanos. Si estos últimos edificaron una sociedad mezclada, a escala continental, los primeros esbozaron ya las mezclas planetarias, simbolizadas por las vueltas al mundo que realizaron seres o familias llevados por las corrientes de una ‘economía-mundo’. En estos primeros decenios del siglo XVII mestizos de Asia y cristianos nuevos exploraron las vías nuevas y peligrosas del cosmopolitismo3.
      La transmisión cultural hispánica efectuada en el medio asiático por medio de la creación de «Filipinas» en el siglo XVI dará lugar a la articulación de toda una revolución cultural: desde la imprenta al alfabeto latino, pasando por la ciencia europea y la creación de la primera universidad en Asia4. A partir de este momento, las lenguas filipinas se desarrollarán a la par que la lengua española se aclimataba al contexto asiático, haciendo del Barroco filipino un mundo ciertamente paradigmático.

II

      En este contexto hay que situar la primera de las grandes escisiones en un marco general de Letras Filipinas. La literatura generada en lengua española desde el período de 1565 a 1898 —bien por españoles, por criollos, por mestizos, chinos o naturales— no es entendida como parte de la literatura filipina en tanto no tenga un valor nacionalista. De este modo todo un universo literario queda relegado a un cajón de sastre: “literatura colonial de Filipinas”. Por el contrario, la influencia determinante que tal literatura tuvo en el devenir de las literaturas en lenguas vernáculas, sí es estudiada como parte consustancial del canon nacional5. Nos encontramos por lo tanto con tres siglos de creación literaria en español en Asia, no sólo relegada, sino absolutamente dispersa en ejemplares únicos. Este patrimonio, la literatura barroca y decimonónica filipina en español, es una de las islas literarias —una de las más ignoradas— de la actual crítica en el país.
      Una segunda parcela, vinculada también con la lengua española, es la literatura generada indiscutiblemente por filipinos en español, esto es, siendo Filipinas ya una entidad nacional o en su defecto una nacionalidad aspirada, cronológicamente comprendida entre el último cuarto del siglo XIX (período de la Propaganda hacia la Revolución) hasta el presente
6. Esta literatura, entroncada sin duda con la anterior (aunque inexplicablemente separada por la crítica) tiende a ser la denominada propiamente como “Literatura filipina en español”, “Literatura hispanofilipina”, o “Literatura fil-hispana”7.
      La tercera escisión literaria filipina se produce con la imposición de un sistema de instrucción exclusivo en lengua inglesa poco después de abortada la República de Malolos en 1899. El sistema estadounidense fomentó la gestación de nuevas élites afines por medio de pensionados que estudiaban becados en Estados Unidos, los cuales a su vuelta representaban el principal germen de crisis generacional, disociándose de la cultura de sus padres
8. Literariamente, cuando se había llegado a un estadio de linealidad en consonancia con los impulsos estéticos, se tuvo que volver a comenzar de cero, es decir, con el abecedario. De este modo es como testimonia la crisis generacional el autor más importante de la literatura filipina en lengua inglesa, Nick Joaquín: ‘A people that had got as far as Baudelaire in one language was being returned to the ABC’s of another language’9.
      Al vaciar de contenido el nacionalismo filipino, Estados Unidos se arrogaba la legitimidad de dar “civilización” a una nación que no la poseía
10, cuando lo cierto es que Filipinas contaba con imprenta y universidad desde hacía tres siglos. En esta encrucijada, la literatura nacional filipina será la escrita en español, como arma de defensa intelectual ante el fracaso de la defensa física y la derrota en la guerra filipina-norteamericana (1899-1906). He aquí que el periodo de mayor y mejor producción literaria filipina en lengua española se dará después de 1898, cuando los filipinos cuenten como única defensa la cultura y la intelectualidad gestada a finales del siglo XIX11:

English displaced both Spanish and the vernaculars as the primary symbolic system through which Filipinos represented themselves, that is, constituted themselves as colonial subjects with specific positions or functions in the given social order […] English become the wedge that separated the Filipinos from their past and later was to separate educated Filipinos from the masses of their countrymen12.
      Finalmente, una cuarta escisión se dará paulatinamente al perderse la capacidad de defensa intelectual a través de la lengua española, y por surgimiento del tagalo como voz instaurada en el clamor de un pueblo13. Durante el periodo de entreguerras y a medio camino entre la Belle Époque elitista y el Little Brown Brother como consigna colonialista, la literatura en lenguas vernáculas vivirá igualmente su apogeo. En este momento empezará a formarse una literatura en lengua tagala de ámbito nacional, manifestando la división entre el diletantismo narcisista de la literatura filipina en inglés (p.e. José García Villa) y la lucha social de la literatura en lengua tagala (p.e. Amado V. Hernández14. A medio camino, la generación perdida representada por Nick Joaquín y el conflicto de identidad15, y autores pensionados que buscan purgar oligarquías en la lengua del oligarca16.

III

      En este panorama de construcción nacional de un pueblo filipino, la creación artística, en este caso la escritura, ha ido paralela a la tortuosa formación de su Estado. En Filipinas existe una gran diversificación, parcelas, islas literarias independientes, ignorantes unas de otras, las cuales testifican no la falta de voluntad por un proyecto nacional, sino lo más turbador, la falta de herramientas para poderlo alcanzar. Y aquí hay que situar la propia historia del nacionalismo filipino: gestado en lengua española, abortado en inglesa y refundado en tagala. Todo ello lleva a que existan tres grandes literaturas nacionales en Filipinas: en español, en inglés y en tagalo (que pasará a constituir la base de la lengua nacional —Wikang Pambansa— primero como “pilipino” y desde 1987 como “filipino”).
      Las tres tradiciones representan compartimentos estancos, mundos autónomos a los que la crítica no ha podido subsumir (siendo un factor importante la incapacidad actual de acceder a las obras originales en español). Consecuentemente, se ha seleccionado lo más mínimo de cada segmento para establecer un breviario de enseñanza en los colegios, que va del Florante at Laura de Francisco Baltazar (tagalo); al Noli me tangere y El Filibusterismo de José Rizal (español), junto al drama A Portrait of the Artist as Filipino de Nick Joaquín (inglés). Por medio de traducciones y antologías se ha creado un canon heterogéneo que incluye retazos de cada tradición literaria, desde pinceladas mínimas de literatura filipina en español, relatos y poemas en inglés, a las llamadas literaturas regionales en las diferentes lenguas vernáculas del archipiélago
17. Ello representa el eventual canon literario nacional filipino, relegando todos los restantes mundos literarios al anonimato y al olvido18.
      El Archipiélago Filipino se compone de más siete mil islas comprendidas entre el Mar de China y el Océano Pacífico, entre el sur de Taiwán y el norte de Indonesia. Tal diversidad geográfica, concebida por los diferentes procesos históricos como unidad política, se encuentra en el momento presente —tras una abortada y turbulenta gestación nacional— con el reto de definir una identidad en un continente asiático en constante efervescencia. La literatura no es ajena a este momento de definición nacional, en el cual se negocian los cánones en consonancia con los deseos y aspiraciones de una nación en ciernes, pero que no puede mirar inconscientemente al futuro sin haber asumido el curso del pasado.
      Consecuentemente nos encontramos con la gran cuestión que acucia la literatura filipina contemporánea: la capacidad de integrar en un paradigma nacional las tres grandes islas históricas en español, en inglés y en filipino (tagalo), así como las múltiples islas literarias en lenguas vernáculas, cuyas obras de valor deberían de pasar del estatus de obra regional al de obra nacional
19. De este modo se entendería la creación filipina como producto artístico coherente de una comunidad con su realidad. Se trataría de cohesionar en un mismo paradigma las diferentes escrituras, analizadas en la actualidad como verdaderas islas sin vinculación unas con otras, cuando lo cierto es que todas han surgido en un determinado contexto socio-histórico, a pesar de haber sido escritas en diferentes lenguas; por un hecho obvio: Filipinas es un archipiélago multilingüe. Precisamente por esta característica archipelágica de la geografía filipina, si su cohesión como Estado ha sido posible, su cohesión cultural debe atender igualmente al análisis comparado de sus diferentes tradiciones escriturarias como un único cuerpo común, en diferentes lenguas, pero con una semejante coyuntura20. En esto consiste el proceso de comparación interna —intracomparatismo— que tiene como fin establecer un marco general y enriquecedor de Letras Filipinas:

History is what we are; national literature is what we ought to be. In this light, our national literature can be in any language, though it cannot be about anything but Filipino […], being benevolent and non-debatable, [we] will purify our archipelagic consciousness21.
      No obstante, para seguir las consignas del principal poeta filipino vivo en lengua inglesa, Cirilo Bautista, y establecer un canon ‘benevolente y al margen de discusiones’, mal se podría purificar la conciencia archipelágica ignorando cuatro siglos de producción literaria filipina en lengua española, producción activa hasta nuestros días. Y he aquí el gran sino de las Letras Filipinas, mientras se debate en la encrucijada un futuro en lengua filipina (con base en el tagalo) o en lengua inglesa, se ignora un enorme pasado que es quien define el momento presente. Sin la capacidad de sinopsis histórica y plenitud historiográfica, no se podrá asumir el grado de totalidad para entender las Letras Filipinas como toda la producción elaborada y artística desarrollada en el Archipiélago Filipino. Y para poder llegar a ese grado de totalidad, se hace imprescindible en este caso (dada la multiplicidad y el multilingüismo) el comparatismo de fenómenos internos a la realidad filipina.
      En definitiva, la purificación archipelágica sólo podrá ser alcanzada en la medida en que se asuma una totalidad histórico-literaria para un mismo referente filipino, donde sin duda el inglés, el tagalo y la multitud de lenguas vernáculas tienen un papel fundamental, pero donde sin duda es conditio sine qua non la lengua española.


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Sobre las epopeyas filipinas véase: E. Arsenio Manuel, “A Survey of Philippine Epics”, en Asian Folklore Studies, 22 (1963), pp. 1-76; Nicole Revel (ed.), Literature of Voice. Epics in the Philippines, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2005.
      Son de especial relevancia los trabajos realizados por la investigadora francesa Nicole Revel, a consecuencia de los mismos el Archivo de la Universidad Ateneo de Manila en Quezon City posee el mayor registro audiovisual del patrimonio oral filipino, fondo conocido como Philippine Oral Epics (actualmente en proceso de digitalización).
Sobre la literatura de las comunidades islámicas en Filipinas véanse: Samuel K. Tan, The development of Muslim Literature, [s.l.], [s.n.], 1978; Nagasura T. Madale, Tales from Lake Lanao and other essays, Manila, NCCA, 2001; Gérard Rixhon, “Tausug Oral Literature”, en People of the Current: Reprints from Sulu Studies, Manila, NCCA, 2001; Nicole Revel (ed.), Silungan Baltapa: Le Voyage au ciel d’un hero Sama/ The Voyage to Heaven of a Sama Hero, Paris, Geuthner, 2005. Son de especial relevancia los artículos publicados en la revista Sulu Studies (Jolo, Notre Dame College).
      Por lo que se refiere a obras concretas, se podrían mencionar las siguientes: Juan R. Francisco, Maharadia Lawana, edited and translated with the collaboration of Nagasura T. Madale, Quezon City, Philippine Folklore Society, 1969; Nagasura T. Madale, Raja Indarapatra: A Socio-Cultural Analysis, Quezon City, Asian Center, Universidad de Filipinas, tesis doctoral, 1982; Clement Wein, Raja of Madaya. A Philippine Folk-Epic, Cebu, Universidad de San Carlos, 1984; Ali Aliman, Lagia Indarapatra, A Magindanaon folk narrative: Some notes on Islamic influence, Quezon City, Universidad de Filipinas of Islamic Studies, tesis de máster, 1986; DD. AA., Darangen: in original Maranao verse with English translation, Marawi City, Mindanao State University, 1986-1992, 5 vols.
      Un tema paralelo es el impacto y presencia del Islam en la literatura filipina en general. Véase: Isaac Donoso, “El Islam en las Letras Filipinas”, en Studi Ispanici, Roma & Pisa, Istituti Editoriali e Poligrafici Internazionali, XXXII (2007), pp. 291-313.
Carmen Bernard y Serge Gruzinski, Historia del Nuevo Mundo. Tomo II: Los Mestizajes, 1550-1640, México, FCE, 1999, p. 497.
Cf. Vicente L. Rafael, Contracting Colonialism. Translation and Christian Conversion in Tagalog Society under Early Spanish Rule, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 1988; Fernando Ziálcita, Authentic Though not Exotic. Essays on Filipino Identity, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2005; Isaac Donoso Jiménez, “El modelo universitario europeo en Asia: la Universidad de Santo Tomás de Manila (1611) y la civilización filipina”, en Hispanogalia. Revista hispanofrancesa de Pensamiento, Literatura y Arte, París, Embajada de España en Francia, IV (2007-2009), pp. 151-163; Id., “El Humanismo en Filipinas”, en Pedro Aullón de Haro (ed.), Humanismo. Teoría Cultural de Europa, Madrid, Verbum, 2009, vol. VI, pp. 283-328.
En poesía, la introducción del Romancero hispánico y su adaptación en lenguas vernáculas a través de las formas poéticas conocidas como Awit y Corrido. En teatro, los dramas de capa y espada y la tradición de moros y cristianos, a través de la Komedya o Moro-Moro. En prosa, la primera novela en lengua tagala, Baarlan at Josaphat en 1712, traducción de la misma en español por Baltasar de Santa Cruz en 1692. Cf. Bienvenido L. Lumbera, Tagalog Poetry 1570-1898. Tradition and Influences in its Development, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 1986; Damiana L. Eugenio, Awit and Corrido. Philippine Metrical Romances, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1987; Isaac Donoso Jiménez y Jeannifer Zabala Priel, Romanços filipins del Regne de València, Onda, Ayuntamiento (en prensa); Isaac Donoso, “The Hispanic Moros y Cristianos and the Philippine Komedya”, en Philippine Humanities Review, Quezon City, Universidad de Filipinas (en prensa).
Para la producción reciente en español, véase: Isaac Donoso y Andrea Gallo, Literatura Hispanofilipina Actual, Madrid, Verbum (en prensa).
En torno a los diferentes conceptos, un primer planteamiento de la cuestión puede encontrarse en Andrea Gallo, “Contemporary Hispanophilippine Literature”, en Isaac Donoso (ed.), More Hispanic than We Admit. Insights into Philippine Cultural History, Quezon City, Vibal Foundation, 2008, p. 378; Id., “¿Existe una literatura hispanofilipina contemporánea?”, en Isaac Donoso (ed.), Civilización Filipina y Relaciones Culturales Hispano-Asiáticas, Cuaderno Internacional de Estudios Hispánicos y Lingüística, Humacao, Universidad de Puerto Rico (en prensa).
      Entendiendo esta “literatura hispanofilipina” del modo señalado, se han escrito los únicos libros breves que tratan de forma sucinta la producción en español en el archipiélago: Estanislao Alinea, Historia analítica de la literatura filipinohispana, Ciudad de Quezon, Imprenta Los Filipinos, 1964; L. Mariñas Otero, La literatura filipina en castellano, Madrid, Editora Nacional, 1974; Delfín Colomé, La caución más fuerte, Manila, Instituto Cervantes, 2000. Caso aparte es el volumen sobre los ecos filipinos en la literatura española del ex-embajador de España en Filipinas Pedro Ortiz Armengol, Letras en Filipinas, Madrid, Polifemo, 1999.
Cf. Michael Cullinane, Ilustrado Politics: Filipino elite response to American Rule, 1898-1908, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2003; Renato Constantino, The making of a Filipino. A Story of Philippine Colonial Politics, Quezon City, [s.e.], 1969.
Nick Joaquín, The Woman Who Had Two Navels, Manila, Bookmark, 2005, pp. 170-171.
      En este punto se encuentra la problemática de la tradición hispánica en Filipinas: lo hispánico no hace referencia a lo español, sino que lo hispánico es base fundacional del nacionalismo filipino. He aquí por lo tanto que se produce un conflicto identitario en torno al uso político del concepto de “civilización”, conflicto que no se resolverá sino que se irá reformulando a lo largo del siglo XX: “I wonder if in the debate over the Filipino’s original identity there is not an unexpressed desire to return to the foetal position ― a desire, one might say, to de-circumcise ourselves and reassume the simpler identity of the child. The pagan tribesman would call such a desire shameful; the Christian would call it the sin against the Holy Ghost; but certain militants of today would call it nationalism when it’s the exact opposite of nationalism. Nationalism is a very complex and advanced stage of political development, something that occurs late in history, and only after clan and tribe have been outgrown. So how can we say we are being nationalist when we advocate a return to our pre-1521 identity when that was a clan identity, a tribal identity? To recapture our pre-1521 identity, we would first have to abolish this nation called the Philippines”, en Nick Joaquín, Culture and History. Occasional Notes on the Process of Philippine Becoming, Manila, Solar Publishing Corporation, 1989, p. 245.
10  Cf. Paul A. Kramer, The Blood of Government. Race, Empire, the United States and the Philippines, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2006.
11  Cf. O. D. Corpuz, The Roots of the Filipino Nation, Quezon City, Universidad de Filipinas, 2005, 2 vols.
12  E. San Juan Jr., Writing and National Liberation. Essays on Critical Practice, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1991, p. 96.
      “But our distorted attitude to foreign languages is amply demonstrated in the cavalier attitude with which educators regarded and finally got rid of required Spanish learning. Part of the prejudice against Spanish is, of course, due to the great American-induced prejudice against the Spanish part of our history. But the prejudice has been counterproductive because illiteracy in Spanish has disable millions of Filipinos from reading into the archives of their past as well as linking with Spanish-using countries at the present without American English intervention”, en Rolando Tinio, A Matter of Language. Where English Fails, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1990, p. 96.
13  “When an official language was an artificial thing, created by international elites, and spread as far as possible among local populations, it is understandable that the bigger budget should have created the bigger language. But when the population starts to grow, as the urban population of Metro Manila has, its language (Tagalog) has come to dominate the country just as its speakers have, English or no English”, en Nicholas Ostler, Empires of the Word. A Language History of the World, Nueva York, Harper Perennial, 2006, pp. 378-379.
14  E. San Juan Jr., “From Jose Garcia Villa to Amado V. Hernandez. Sketch of a Historical Poetics”, en Elmer A. Ordóñez (ed.), Nationalist Literature. A Centennial Forum, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1996, p. 189.
15  Cf. E. San Juan Jr., Subversions of desire. Prolegomena to Nick Joaquin, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2006.
16  Así encontramos autores incluso en nuestros días que se arrogan la capacidad de representar la voz popular y la expurgación neocolonial, escribiendo contradictoriamente en inglés.
17  La principal obra de referencia en colegios e institutos es: Bienvenido Lumbera y Cynthia Nograles, Philippine Literature: A History and Anthology, Manila, Anvil, 1997.
18  La negligencia no sólo afecta a la literatura filipina en español, por la práctica imposibilidad de acceder a la lengua por parte de la inmensa mayoría de filipinos, sino sorprendentemente a las propias literaturas regionales filipinas —que dado el estado al que han llegado, han empezado a ser catalogadas como “literaturas marginales”— y, más sorprendentemente, a la propia literatura filipina en inglés, la cual es muy poco leída y paulatinamente se relega del canon nacional por disociarse con la lengua de la gente.
19  Véase sobre literaturas en lenguas vernáculas: Elmer A. Ordóñez (ed.), Many Voices: Towards a National Literature, Manila, National Commission for Culture and the Arts, 1995.
20  La labor de los galardonados con el Premio Nacional de Literatura Virgilio Almario y Bienvenido Lumbera ha sido vital para la reevaluación del comparatismo en Filipinas. Ha ellos se deben las principales obras de crítica y edición literaria en los últimos decenios. Obra representativa puede ser el análisis de las transformaciones poéticas a comienzos del siglo XX de Almario, Balagtasismo versus Modernismo: Panulaang Tagalog sa ika-20 siglo, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 1984.
21  Cirilo F. Bautista, “Some Thoughts of this matter of National Literature”, en Elmer A. Ordóñez (ed.), Op. cit., 1995, p. 10.
      “Lo que es necesario es una lectura “archipelágica” —para usar una metáfora de la geografía del país— donde las diferentes literaturas filipinas, la escrita en español incluida, sean leídas como parte de un gran corpus conectado con una historia común, aunque articulado en diferentes lenguas”, en Wystan de la Peña, “¿Dónde se encuentran las Letras Fil-Hispánicas en el canon de los estudios literarios filipinos”, en Perro Berde. Revista Cultural Hispano-Filipina, Manila, 00 (2009), p. 79.