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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
2025, volumen 12, n
úmeros 1-2

DISCURSOS DE INGRESO DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
A LA
ACADEMIA FILIPINA DE LA LENGUA ESPAÑOLA
15 DE NOVIEMBRE DE 2025



GRACE LIZA YUSHIDA CONCEPCIÓN es profesora adjunta en el Departamento de Historia de la Universidad de Filipinas Diliman. Obtuvo el grado de doctora en Historia en la misma universidad, con una investigación centrada en las dinámicas coloniales en la provincia de Laguna durante los primeros años del periodo español. Realizó su maestría en Historia en la Universidad de Navarra, España.

Anteriormente, se desempeñó como directora ejecutiva de la Oficina de Investigación Universitaria de la Universidad de Asia y el Pacífico, donde lideró iniciativas orientadas a fortalecer la producción académica. En esa misma institución, fue presidenta del Departamento de Historia y vicedecana de la Facultad de Artes y Ciencias.

Sus trabajos de investigación han sido publicados en revistas académicas tanto locales como internacionales. Asimismo, ha contribuido con capítulos en libros y volúmenes colectivos, abordando temas relacionados con la historia colonial de Filipinas en los siglos 17 y 18.



EL ESPAÑOL EN LA ENSEÑANZA Y LA
INVESTIGACIÓN DE LA HISTORIA DE FILIPINAS:
UNA TRAYECTORIA PERSONAL

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Excelentísimos miembros de la Academia Filipina de la Lengua Española, distinguidos colegas, queridos amigos:

Buenas tardes.

En primer lugar, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a la Profesora Daisy Lopez, y a todos los miembros de la Academia por este honor inmenso. Me siento profundamente honrada y, al mismo tiempo, humildemente consciente de la responsabilidad que implica ser parte de una institución tan prestigiosa, dedicada a la promoción y preservación de la lengua española en Filipinas.

La idea de colaborar en la difusión del conocimiento del español es, sin duda, noble. Pero también supone mucho desafío. No soy profesora de lengua española, ni lingüista de formación. Mi relación con el español es más bien pragmática, nacida de mi especialización en la historia del siglo XVII en Filipinas. El español, para mí, no es solo una herramienta académica; es una llave que abre las puertas del pasado colonial, un pasado que sigue influyendo en nuestro presente.

Hoy en día, somos pocos los historiadores filipinos que trabajamos directamente con fuentes primarias en español. Con los avances tecnológicos, especialmente la inteligencia artificial, el proceso de transcripción y traducción de documentos manuscritos del siglo XVI y XVII se ha vuelto más accesible. Sin embargo, me atrevo a decir que la experiencia de leer y sentir esos textos en su forma original —en español antiguo, con sus matices y silencios— no puede ser replicada por ningún algoritmo. Hay una dimensión humana, casi íntima, en ese encuentro con el archivo.

Por eso, sostengo que el conocimiento del español sigue siendo clave en el quehacer del historiador filipino, especialmente cuando se trata de los siglos anteriores al XX. Sin el idioma, corremos el riesgo de perder la riqueza de los testimonios, de las voces que habitaron nuestro pasado.

Desde 2010, he estado enseñando historia. Durante trece años, de 2010 a 2023, fui profesora de cursos generales sobre la historia de Europa y Filipinas en la University of Asia and the Pacific, donde impartí clases a alumnos de diversas carreras. Más recientemente, he tenido el privilegio de formar a jóvenes que se especializan en la historia filipina, esta vez en las aulas de la Universidad de Filipinas. Muchos de ellos se sienten atraídos por temas del siglo XX: la era americana, la independencia, y la época de la dictadura. No cuestiono su interés ni su pasión. Pero he notado que uno de los motivos por los cuales evitan estudiar el período colonial español es la barrera lingüística. El desconocimiento del español limita su acceso a las fuentes y, por ende, a los debates historiográficos más amplios.

Como resultado, gran parte de la investigación sobre la era colonial sigue siendo realizada por académicos extranjeros, formados, por su mayoría, en las universidades de Estados Unidos. Esto no es necesariamente negativo, pero sí plantea un reto: ¿cómo podemos fortalecer una voz filipina en estos temas? ¿Cómo podemos formar una generación de historiadores que no solo lean el pasado, sino que dialoguen con él desde una perspectiva local?

Esta es mi agenda. Mi compromiso. En los cursos que imparto, intento despertar el interés de los estudiantes en temas que, aunque pertenecen al pasado colonial, resuenan con sus inquietudes actuales: la historia de las mujeres, la identidad, la vida cotidiana, las comunidades locales en los siglos XVII y XVIII. Son temas que antes se consideraban marginales, eclipsados por la historia política y oficial. Pero hoy, tienen el poder de conectar generaciones.

He visto que, cuando los estudiantes se sumergen en estos temas, surge en ellos una necesidad genuina de aprender español. No como una obligación académica, sino como una herramienta viva, necesaria para comprender mejor su historia. Y eso, para mí, es una señal esperanzadora.

En conclusión, el español no es solo una lengua extranjera. Es parte de nuestra memoria histórica, de nuestra identidad compleja. Como historiadora, tengo el deber de recuperar esa memoria, de formar puentes entre el pasado y el presente. Y como miembro de esta Academia, me comprometo a seguir trabajando para que el español siga siendo una clave —no solo del archivo y sino del pasado filipino.

Reitero mi gratitud por este reconocimiento y por la oportunidad de formar parte de esta comunidad académica. Espero que, juntos, podamos seguir cultivando el interés por el español como herramienta de conocimiento y de diálogo. Que este sea el inicio de nuevas colaboraciones, nuevas investigaciones, y sobre todo, nuevas formas de acercarnos a nuestra historia compartida.

Muchas gracias.