Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

Navigation

Invierno 2013 / Primavera 2014
Volumen 1, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2013–Primavera 2014, Vol. 1, N
úm. 2

ÁRTICULOS Y NOTAS
PDF: Enciclopedias-del Olmo


Historia, cultura, literatura y educación en Filipinas
según las enciclopedias españolas modernas


Mª TERESA DEL OLMO IBÁÑEZ
Universidad de Alicante

El presente artículo pretende ofrecer un balance de la imagen que obtiene el ciudadano medio europeo de la historia, la literatura, la cultura y la educación en Filipinas a través de las fuentes enciclopédicas en español. Es éste un dato fundamental puesto que la expansión lingüística es causa inmediata de la influencia que las culturas. Explícitamente en los ámbitos culturales e ideológicos, así como en los principios organizativos sociales, políticos y económicos, en sus áreas geográficas de influencia, transmitieron contenidos culturales e ideológicos, pero también de manera implícita en el idioma de manera que es evidente el legado de su presencia colonial.
      El criterio selectivo de las fuentes responde, pues, a su mayor grado de difusión y, consecuentemente, de los conceptos divulgados en sus artículos. Las obras que se analizan a continuación son la Enciclopedia Británica en su versión española, es decir, la Enciclopedia Hispánica1; y el Espasa2 como principal fuente de información en el espacio geográfico correspondiente al español. Además, se ha considerado imprescindible la Enciclopédie3 francesa por ser la primera en el género y constituir el que, se supone, referente genérico. Puesto que no siempre cumple esas expectativas, se ha tomado otra que, en su misma lengua, se puede aceptar como su sucesora: la Enciclopedia Larousse4. No obstante, su inclusión aquí obedece también al prestigio que merece por su nivel de calidad, y por tener el idioma francés una cuantía de hablantes suficientemente representativa. Éstas son por tanto las fuentes que se traen a estudio: el Espasa, la Enciclopedia Hispánica y la Gran Enciclopedia Larousse.
      El esquema expositivo del trabajo se organiza según dos puntos: en primer lugar, un desglose de la información proporcionada en cuanto a la historia, la cultura, el arte, la literatura y la educación en las islas. Segundo, mediante las conclusiones extraídas de ese análisis se pretende componer la imagen de las Filipinas procedente de estos textos divulgativos de calidad científica reconocida en un nivel cultural medio europeo.
      El orden de análisis de las obras se ha establecido según un criterio cronológico en cuanto a su publicación puesto que, el hecho de que el
Espasa aparece antes de la independencia de las Filipinas de Estados Unidos y no ha sido reeditado, proporciona una perspectiva que interesa contrastar con las otras dos. La redacción de éstas cuenta ya con una distancia temporal que permite interpretar hechos que eran contemporáneos en 1924, pero que son historia a finales del siglo XX.

___________
1 Enciclopedia Hispánica (1989-1990), MACROPAEDIA, V.6, Encyclopaedia Británica Publishers, Inc., Barcelona, Buenos Aires, Caracas, Madrid, México, Panamá, Río de Janeiro, Sao Paulo, 1991-1992, 3ª ed. (Hispánica)
2 Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, T. XXIII, Madrid, Espasa Calpe, S.A., 1924., pp. 1343-1383. (Espasa)
3 L’Encyclopédie de Diderot et d’Dalembert (1751-1772). [Recurso electrónico. París: REDON, 2002]. (Enciclopedia francesa).
4 Gran enciclopedia Larousse (1969), T. 9, Barcelona, Editorial Planeta, S.A., 1974, 6ª ed., pp. 4363-4367. (Larousse).


LA IMAGEN DE FILIPINAS A TRAVÉS DE SU HISTORIA Y SU CULTURA

El análisis se centra aquí en la reconstrucción del panorama social de las Filipinas. Como componentes definitorios y característicos de ésta se han seleccionado la población (excepto la información estrictamente demográfica y su evolución), la historia, la religión, la educación y las manifestaciones culturales, cualesquiera que sean las incluidas en cada una de las fuentes.
      Se ha estimado la peculiaridad del
Espasa, determinada por su fecha de edición y los referentes situacionales desde los que se redacta. Como valor añadido, además, presenta comentarios y apostillas que añade a sus análisis, así como predicciones para un futuro previsible que, a la vista del ulterior desarrollo histórico de los hechos, se han visto cumplidas en parte en la realidad actual.
      Los criterios para el análisis de la población en el
Espasa, se diría muy influidos por las corrientes de pensamiento de su momento y contrastan en sus términos y conceptos, con los enfoques de las otras dos fuentes, acordes con planteamientos del siglo XX. En primer lugar, lleva a cabo una clasificación racial, según los criterios religioso y geográfico: de los malayos, un 91% son cristianos y un 8’5% mahometanos o paganos. La capital es Manila, con el mayor censo de población del Archipiélago, a la que siguen Cebú, Albay e Iloílo. Las razas cristianas son los tagalos, bisayos, ilocanos, bicolanos, pangasinanes, pampangos, zambaleños, gadanes y calamianes; las razas mahometanas: joloanos, mindanaoenses, samales, lanoenses, sanguiles y palawanes; y las razas paganas: ifugaos, calingas, igorrotes, buquidnones, mandayas, apayaos, tagbanúas, manguianes, bagobos o manobos y tirurayes.
      Considera de relevancia, como las otras dos enciclopedias, el factor lingüístico y señala como idiomas oficiales el inglés y el castellano, con una tendencia a reconocer las lenguas vernáculas. Recoge la resistencia a la imposición del inglés (dado el momento de hegemonía de los Estados Unidos) y un intento, influido por esa situación, de preservar el español entre las clases intelectuales y de mantener las relaciones “espirituales y económicas con la antigua metrópoli” a través de la construcción de la Casa de España.
      Respecto de la etnografía, es de destacar una diferente concepción, materializada en sus contenidos, frente a la de las otras dos enciclopedias. Diferencia unas etapas históricas según criterio cronológico. En primer lugar, la distribución realizada por los españoles: durante la conquista, dividen “a los naturales en dos sectores: el de los moros (el menor) y el de los gentiles o fieles (el mayor)”; después de su establecimiento en Manila:
…hicieron una nueva clasificación: indios del interior é indios del litoral; los del interior se subdividían en negritos, [...], é igolotes, [...]; y los del litoral en gentiles, malayos [...], y mahometanos o moros, malayos también y llegados a aquellas islas después de los demás mencionados.
     Pero a medida que se extendía la acción conquistadora de los españoles a lo que iba unida la civilizadora de los misioneros, más se iban destacando las naciones de los indios con sus idiomas correspondientes y a fines del siglo XVI se catalogaban ya la bisaya, tagala, pampanga y otras; naciones todas ellas que con el tiempo quedarían divididas en dos clases, á saber, las políticas, formadas por los tagalos, pampangos, ilocanos, pangasinanes, cagayanes, bicolas, bisayas y moros de Mindanao y Joló, es decir, indios que tenían religión positiva, y las bárbaras que las constituían los negritos, zambales, tingues, manguianes, ilayas, igorrotes, subanos, manobos, tagaboloyes y otros […] ó sea, los gentiles, denominados más comúnmente infieles [...]”.

      Aporta datos sobre los estudios psicológicos y etnográficos de diversos autores, principalmente españoles, aunque advierte que, si bien reconoce el valor de los estudios centrados en lo “extrínseco”, “por lo que atañe a lo intrínseco, nadie puede vanagloriarse de haberlos retratado con absoluta fidelidad”. Proporciona citas y reseñas de las obras “más autorizadas” sobre la psicología de los nativos y propuestas de cuadros de filiación de las razas, entre los que recoge los de Fray Gaspar de San Agustín, el jesuita J. J. Delgado, el P. Murillo Velarde, Sinibaldo de Mas, J. Mallat, los agustinos Buceta y Bravo, Blumentritt, Barrows. Resume el apartado con un balance sobre los estudios seleccionados:

Hasta bien mediado el siglo XIX, todas las descripciones, con leves variantes, coinciden […]. Sin embargo, debe reconocerse con toda imparcialidad que en semejantes descripciones, fruto, más que de una observación objetiva, de una impresión subjetiva, entraban por mucho los prejuicios raciales y políticos. Además, la evolución del archipiélago ha sido tan rápida y el progreso de sus habitantes tan notorio que hoy, convertidos los antiguos indios colonizados en ciudadanos filipinos conscientes, constituyen un pueblo admirable, el único del Extremo Oriente con ideales y cultura cristianos y modernos, un verdadero oasis occidental en aquellos remotos mares.

      En cuanto a la evolución de las razas, indica que han perdido su interés para los estudios etnográficos por la disolución de su pureza racial. El cruce de españoles con filipinas se produce desde los primeros momentos de la conquista, pero los rasgos de los primeros no son nunca dominantes. Señala la incapacidad de la raza blanca para soportar el clima, el paludismo y las altas temperaturas, y vaticina la desaparición de los vestigios raciales hispanos frente a la fortaleza del cruce entre chinos y filipinas. El núcleo genuino de la población es el indígena, pero es ineludible reconocer modificaciones derivadas de la mezcla de las razas china y española principalmente. También relacionado con este aspecto, elabora un inventario exhaustivo de los idiomas propios de los filipinos y destaca la gran cantidad de tribus existentes, que impide su inclusión en esta entrada por lo que remite a las correspondientes para cada una de ellas.
      El
Espasa considera la religión un rasgo determinante de la cultura y con gran influencia en la formación de la identidad del país. En 1924 domina la católica, aunque hay una extensa presencia de organizaciones de varias sectas protestantes. Los habitantes de Mindanao y Joló son en gran parte mahometanos y existen varias tribus paganas en las regiones menos civilizadas. La introducción de la religión católica se realiza a través de la acción de las órdenes religiosas: agustinos, jesuitas (con la presencia de San Francisco Javier), franciscanos, y dominicos. El primer obispo llegó a Manila en 1581 y se fueron creando nuevas diócesis cuando fueron necesarias. Se atribuye a la acción de las órdenes religiosas la obediencia pasiva y sumisión de la población, por lo que hasta 1822 no hubo presencia de guarnición española en las islas. La unión fue completa entre Iglesia y estado desde la llegada de los españoles y su separación se produjo a partir de 1898, instaurada a semejanza de la forma organizativa de gobierno de los Estados Unidos. Están exentos de impuestos los cementerios, iglesias, conventos y edificios adyacentes a ellos, y todas las propiedades y actividades dedicadas a fines “caritativos, científicos o educativos”. En 1898 se estableció el matrimonio civil y, más tarde, una ley de divorcio muy limitada.
      También existe el denominado paganismo, es decir, la religión anterior a la llegada de los españoles, semejante a las de los chinos, japoneses y malayos “en que se daba culto a los espíritus de los antepasados, al Sol, á la Luna, á las estrellas, á las plantas y á ciertos animales”. Proporciona asimismo una enumeración de los animales tenidos por sagrados, y describe la interpretación que hacen sobre el origen del hombre y de sus ritos. Destaca que es la mujer quien ejerce de sacerdotisa y, aunque en muchos aspectos se halla muy oprimida, hay otros casos en que ejerce gran influencia.
      Tiene también una breve referencia a la “Instrucción”, la cual dice tener, en el momento de su redacción, un “carácter libre, secular y coeducacional, siendo su principal objeto la difusión de la instrucción por medio de la lengua inglesa”.
      Presenta la historia de Filipinas estructurada en tres etapas. La primera, anterior a la llegada de los españoles en 1521, cuya fuente principal es el geógrafo chino Chao Yu Kua. En ese momento, la población se encuentra dividida por “rancherías” en continuas disputas. Entre los grupos distingue: los del litoral, los tagalos del litoral de Luzán, los de los litorales de las Bisayas; y, en el interior, los negritos. Debido a la dispersión, la variedad lingüística y la poblacional, según esta fuente, no es posible hablar de “pueblo filipino” como tal hasta que la dominación española cohesiona a los diversos elementos étnicos del archipiélago. Por ello considera que la historia de las Islas Filipinas propiamente dicha comienza con su descubrimiento por Magallanes, punto de inicio de la segunda etapa. Incluye una descripción de las diversas expediciones y fases de asentamiento de la dominación española y sus sucesivos gobiernos, una relación de nombres de los gobernadores correspondientes, la acotación cronológica y una descripción muy extensa de su gestión en las islas. La tercera etapa, corresponde a la intervención y dominación de los americanos. Destaca una Comisión de parlamentarios filipinos que acuden a Washington para pedir la independencia en 1923, que es rechazada y pospuesta a fecha sin determinar, y el boicot de los filipinos a los productos y periódicos americanos.
      El aspecto cultural se centra en la literatura y el arte. Estima que las mayores manifestaciones culturales son las literarias, aunque precisa qué entiende por “literatura filipina”: la escrita en castellano, y no la escrita en lenguas vernáculas ni la de algunos autores en inglés. Diferencia entre la literatura indígena, con tres géneros principales: los corridos, las comedias de moros y cristianos y el teatro, cuyas variantes son las comedias de los indios y los sainetes; y la literatura castellana, que aparece clasificada por siglos, XVII y XVIII; y, dentro de estos, por autores, con una muy extensa relación de nombres que no se transcribe aquí. Antes de la misma, advierte que se trata de escritores “criollos todos ellos”, frente a los del siglo XIX “todos los cuales, exceptuado Zaragoza, que fue criollo, tuvieron ó tienen más ó menos sangre malaya”. A partir de 1898 con la posesión de Filipinas por los americanos, se decreta la libertad de imprenta. Esto tiene como consecuencia la incorporación de muchos autores jóvenes a los periódicos, desde donde defienden la causa de la libertad, y la creación del periódico
La Independencia. Es también a partir de este momento cuando, paradójicamente, el castellano alcanza una gran expansión y su perfeccionamiento, y se inicia el desarrollo de una literatura propiamente filipina.
      En cuanto al arte, igualmente se periodiza a partir de la llegada de los españoles. Antes, se caracteriza por su estilo oriental propio del continente asiático, en arquitectura, en escultura y en grabado, como muestra la iconografía y las construcciones de aquella época. Equipara la pintura a la de “las miniaturas persas, indostánicas y chinas, si bien se notan en ella las naturales modalidades locales”. Después de la aparición de los españoles, aunque no hay una influencia reseñable en el arte durante el siglo XVI, por ser época de conquista, sí que es evidente en el XVII, especialmente en el religioso monumental, y se extiende hasta los siglos XVIII y XIX por el prestigio propio del modelo metropolitano. Tiene su origen en dos vías, una directa de España y otra en el Virreinato de México, que sufren en Filipinas las correspondientes modificaciones orientales. En el siglo XIX se desarrolla especialmente el arte plástico, desde la apertura de Canal de Suez en 1870. Se fundan escuelas de Bellas Artes, privadas en principio y oficiales cuando algunos discípulos de las primeras ya son maestros; y en 1892 se crea una con carácter análogo a la de Madrid, denominada Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Manila. A partir de 1898 se produce una interrupción de diez años en su actividad, pero en 1909 se reanuda y es incorporada a la Universidad de Filipinas bajo los auspicios del gobierno americano.
      La enciclopedia
Hispánica estructura sus contenidos de manera semejante al Espasa, aunque la información llega hasta finales del siglo XX, lo que supone un incremento importante de datos, especialmente de “Historia”. La “Población” se analiza también con la cultura, y se clasifica según los grupos siguientes: habitantes originarios, negritos o pigmeos, aunque quedan muy pocos y se localizan principalmente en el interior de la isla de Luzón; y la raza malaya, predominante en el archipiélago, que procede del sudeste asiático y de Indonesia. En torno al siglo X, por contactos con China, se originó un grupo filipino-chino y una colonia china que aún pervive, junto a pequeños grupos de indios asiáticos, estadounidenses y españoles. Como hacía el Espasa, concede importancia también a las cuestiones lingüísticas, pero el idioma oficial es ya el filipino (pilipino) o tagalés, aunque el inglés está muy extendido. Existen otras lenguas como el cebuano, ilongo, ilocano y el castellano; y en Zamboanga (Mindanao) y sus alrededores una mezcla de castellano con cebuano, denominada chabacano.
      El apartado de mayor extensión en esta fuente es el de “Historia”, que aparece secuenciada en tres etapas: “Periodo prehispánico”, “La colonización española” y “La independencia”. El primero se caracteriza por la fragmentación insular y el aislamiento de gran parte de la población, que determinaron gran variedad de modelos organizativos sociales. Hay una mayoría de grupos pequeños denominados barangays, basados en el parentesco, gobernados por un jefe o datu y de religión animista, que constituían una unidad económica y política estable. En el siglo X, la llegada de chinos e indios no supuso una transformación para la población autóctona, ya que no se implantó el budismo ni el hinduismo. A comienzos del siglo XV, existe una población nómada agrícola, cazadora y pescadora itinerante y, en este grupo se introdujo el Islam que sí que modificó las estructuras religiosas y sociales, sobre todo en las islas del Sur.
      La colonización española se inicia en 1521 con la llegada de Fernando de Magallanes. Ruy López de Villalobos bautiza las islas con el nombre de Filipinas en honor al infante Felipe, futuro Felipe II. Lo que causa la llegada de los españoles es la búsqueda de una ruta occidental para comunicar América con los mercados orientales. Una vez establecida, la vía fue empleada por el galeón de Manila, que tenía el monopolio para el intercambio de metales preciosos americanos, y de las especias y tejidos de Filipinas. Manila se convirtió así en la base comercial española en el lejano oriente y, a partir de ese momento, la colonización y conversión a la religión católica de las islas se realizó durante el siglo XVI. El sistema colonial fue, como en Hispanoamérica, la encomienda (consistente en el reparto de nativos entre los colonos como mano de obra), pero la lejanía y el hecho de que la actividad comercial en el archipiélago estuviera en manos de los chinos impidieron que la sumisión fuera completa y se consolidara la hispanización.
      Hasta el XIX existió un gobierno central filipino con soberanía absoluta en el que el gobernador general poseía un poder similar a una monarquía independiente. Al igual que el
Espasa, la enciclopedia Hispánica atribuye la fácil colonización de las islas al papel de los religiosos y misioneros, que en muchos casos actuaron como únicos representantes de la administración. Otras consecuencias fueron también la transformación de la agricultura, que fue convirtiéndose de itinerante a otra más intensiva y sedentaria, y que los antiguos datus pasaron a ser los propietarios de las tierras y el grupo social más poderoso. Además, la agricultura comercial se vio muy favorecida con la apertura del comercio exterior en el año 1830.
      La etapa histórica más extensa corresponde a “La independencia”. Explica las interrelaciones de múltiples aspectos por la influencia que ejercen entre sí. Un dato diferenciador del periodo es la transformación social. Hasta la segunda mitad del siglo XIX la educación estuvo en manos de los religiosos; pero desde 1880, los hijos de los grandes propietarios empiezan a educarse en Europa. Este hecho fue decisivo para la historia de Filipinas ya que introdujeron las ideas liberales y nacionalistas del continente que se materializaron definitivamente en el movimiento independentista. La primera insurrección, dirigida por Emilio Aguinaldo en 1896, fue sofocada por los españoles. Dos años después, estalló un nuevo levantamiento que obtuvo el triunfo gracias a la victoria de la armada estadounidense en Cavite. El gobierno norteamericano, aduciendo falta de madurez para la independencia, pidió la cesión de las Filipinas que le fue concedida mediante la firma del Tratado de paz de París el 10 de diciembre de 1898. Pronto empiezan las hostilidades entre filipinos y estadounidenses y no desaparece la resistencia nacionalista hasta dos años después.
      Filipinas, con las revoluciones de 1896 y 1898, fue el primer país asiático que intentó independizarse. Los Estados Unidos permitieron un cierto grado de autogobierno, bajo el control de un gobernador. También aplicaron eficazmente una política de alfabetización y asimilación cultural que extendió rápidamente el inglés e implantó el modo de vida occidental. Progresivamente se permitieron más concesiones al autogobierno y se ofreció la independencia para una fecha no precisada. Es este momento en el que el
Espasa finaliza su información y, por tanto, la comparación entre ésta y las otras dos fuentes se hace imposible.
      En 1935 se formó la Comunidad de las Filipinas, con cierta autonomía, hasta 1945 en que el país consiguió la independencia. Sin embargo, la invasión japonesa y la segunda guerra mundial impidieron que fuera efectiva hasta el 4 de julio de 1946. Ese año se proclamó la República de Filipinas cuyo gobierno, inspirado en el de los Estados Unidos, fue presidido por Manuel Roxas. El panorama de Filipinas es entonces diferente y los términos de sus relaciones con Estados Unidos se modifican. Tras la II guerra se estrechan sus vínculos económicos debido a la mala situación en que habían quedado las islas. A cambio de ayuda, los Estados Unidos obtuvieron amplios derechos para la explotación de recursos naturales de las islas, y autorización para establecer bases militares cuyo decisivo papel en las guerras de Corea y Vietnam fue equivalente al descontento que provocaron entre la población filipina.
      En noviembre de 1965, Ferdinand Marcos llega a la presidencia del país y es reelegido en 1969. Se inicia así la década de 1970 caracterizada por una serie de hechos representativos de una situación muy deteriorada: aparición de un movimiento estudiantil antiestadounidense, de la guerrilla musulmana (Frente de Liberación Nacional Moro) y de la guerrilla comunista en una población mayoritariamente pobre. A ello se suma el perjuicio derivado del decreto de la ley marcial entre 1972 y 1981. En 1983 se produce el asesinato de Benigno Aquino, jefe de la oposición, que supone el inicio del declive de Marcos. En 1986, tanto Corazón Aquino como Marcos aseguran haber ganado las elecciones. Finalmente, una rebelión cívico-militar derroca a Marcos y entrega el poder a la señora Aquino quien deroga la anterior constitución y promulga otra en 1987. El pueblo filipino la aprueba mayoritariamente, pero no supone estabilidad para la situación del país.
      En la enciclopedia
Hispánica aparecen relacionadas sociedad y cultura. La descripción de la sociedad, frente al criterio étnico con que se analizaba en el Espasa, aparece aquí bajo una perspectiva socioeconómica propia de finales del siglo XX que atiende a la diferencia entre clases, la vivienda, la educación, la religión y la occidentalización; aunque no profundiza en ninguno de ellos. Refleja la existencia de enormes desequilibrios entre los grupos sociales, que se acentúan en las décadas de 1970 y 1980 con un alza de precios por encima del poder adquisitivo. En las relaciones de organización social destaca la actuación de sindicatos y organizaciones profesionales de todos los ámbitos que, en 1974, permitieron alcanzar un acuerdo mediante el diálogo entre empresarios, gobierno y trabajadores.
      La educación no merece un tratamiento extenso. Indica únicamente que el grado de alfabetización es alto, sobre todo con respecto al resto de países del sudeste asiático. Esto es debido a que la enseñanza elemental es obligatoria y gratuita y a que existen muchas universidades, la mayor parte de ellas en Manila. Considera también el elemento religioso como uno más de los componentes de la sociedad y, simplemente, enumera las varias creencias. La mayoritaria es la católica romana; existe también una Iglesia Filipina Independiente, de rito católico, fundada en 1902 como reacción frente a la masiva presencia de clero extranjero; y las dos minorías importantes son la musulmana (localizada en Sulú, Mindanao y Palawan) y la protestante (formada después de la llegada de los estadounidenses). Además, hay pequeños grupos animistas y budistas.
      Se considera elemento caracterizador de la identidad filipina su grado de occidentalización, uno de los mayores en los países del sudeste asiático, debido a los más de trescientos años de ocupación española y a los casi cincuenta de tutela estadounidense. Sin embargo, no desaparecen sus raíces orientales, sino que se ha producido un mestizaje entre ellas y las aportaciones occidentales, de modo que conservan los fuertes lazos familiares y otras características de la tradición social autóctona.
      Todavía es más llamativo en esta obra el hecho de que el arte merece un espacio mínimo que recoge únicamente unos cuantos datos generales. Señala que se advierte la supervivencia de las antiguas culturas y diferencia, al igual que el
Espasa, entre Literatura y Bellas Artes. El primer rasgo de la Literatura es que la lengua empleada es la española, aunque se mantiene también una rica tradición plasmada en obras escritas en los idiomas propios de cada isla. Con la salida de los españoles, el tagalo y el inglés experimentaron un enorme desarrollo que tuvo su reflejo en la literatura. De las Bellas Artes solo destaca su vinculación religiosa y las tallas en madera, tradicionalmente representativas de las divinidades autóctonas.
      La enciclopedia
Larousse es más exhaustiva en estos aspectos que la anterior, y se diferencia también del Espasa en el espacio cronológico más amplio que abarca. En el análisis de la población prevalece, igual que en ésta, el criterio étnico. Distingue sus variedades y las subdivisiones de cada una de ellas: en primer lugar los negritos, aetas, de los que subsisten varios millares, probablemente autóctonos, en las montañas del norte de Luzón y que viven de la caza y la recolección. Los malayos constituyen lo esencial de la población y se dividen entre protomalayos, que siguen siendo animistas y no han sufrido la influencia de la civilización, y deuteromalayos (parwans), profundamente aculturados, especialmente por la presencia española.
      En la caracterización de la sociedad filipina considera determinantes, primero, la pervivencia del influjo español en la religión católica (solo los
<<moros>> de Mindanao y los habitantes de Sulu son musulmanes), en la conservación de una tradición urbana, en una estructura agraria no igualitaria dominada por los grandes terratenientes y en los patronímicos y topónimos de raigambre hispánica. En segundo lugar, la aportación americana que supone una de las lenguas del país, el inglés, y un relativo nivel de educación. Ambas influencias devienen un estilo de vida que han hecho de Filipinas uno de los países más occidentalizados de Asia. Igual que en la Hispánica, este rasgo es, para la Larousse, identificativo de la sociedad filipina.
      Por otra parte, coincide con el
Espasa en considerar también como característica su pluralidad en tres aspectos: la heterogeneidad lingüística, cifrada en unas ochenta lenguas vernáculas, entre las que solo el tagalo, de la región de Manila (llamado oficialmente filipino desde 1959), ha alcanzado el rango de lengua nacional junto al inglés y el español (éste cada vez menos hablado); la heterogeneidad étnica, manifiesta en los mestizajes resultantes de la presencia española y china; y heterogeneidad geográfica determinada por la desigual distribución de la población.
      En cuanto a la historia de Filipinas, también destaca su extensión y exhaustividad. Sitúa el origen del país en la llegada de negritos, en primer lugar; luego, de indonesios (VIII-III milenios a. J.C.) y, finalmente, de malayos (s. II a J.C. – s. XIII d. J.C) que establecen la soberanía sucesiva de las talasocracias malayas de Srivijaya y de Madjapahit. A fines del s. IX se iniciaron intercambios comerciales entre el Archipiélago y China y se establecieron comunidades chinas en las islas; posteriormente, a finales del s. XIV, se introduce el Islam, primero en las islas Sulú y después en Mindanao, desde donde se extendió a las Visayas y Luzón, aunque al llegar los españoles, solo estaba instalado en el sur. En ese momento ya existía comercio con Japón, Camboya, Shampa, Annam, Slam e Insulindia; y a la incorporación del Islam siguió la llegada de mercaderes musulmanes.
      El principio de la segunda etapa también la sitúa esta enciclopedia en la aparición de los descubridores. Coincide con la
Hispánica en que la búsqueda de “un paso marítimo que permitiera salvar la barrera del continente americano y dirigirse por el oeste hacia las Indias orientales (hacia las ‘codiciadas especias de las Malucas’) fue el móvil esencial de la empresa de Magallanes”; en incluir la descripción de la ruta (aunque difiere en un año en la fecha de llegada, 1520 en este caso), en resumir los recorridos de las expediciones siguientes; y en el origen del nombre de las islas, atribuido a Ruy López de Villalobos que las denominó Filipinas, en honor del príncipe de Asturias, futuro Felipe II. Lo que añade es que la permanencia de los españoles en las islas dependía de que se hallara una ruta que permitiera regresar desde ellas hacia México, la llamada <<vuelta de Poniente>>, la cual también describe.
      Sigue a continuación la ‘etapa colonial’, en la que la
Larousse vuelve a coincidir con la enciclopedia Hispánica en cuanto a la organización política, legislativa y administrativa semejante a la de América. Describe también una serie de diferencias con el nuevo continente: el comercio local estuvo siempre en manos de los chinos, la lejanía y la escasez de intercambios con el ámbito económico hispano motivó un asentamiento de españoles mucho menor aquí y, por último, la administración y guarnición fueron relativamente débiles. Las consecuencias fueron una menor hispanización de los indígenas, la incompleta sumisión del archipiélago, insurrecciones locales durante toda la etapa colonial y la importancia de los religiosos misioneros en la colonización, que a veces eran el único elemento efectivo de la administración o se convertían en soldados. En cuanto al desarrollo económico, la presencia de los españoles no supone ninguna mejora hasta mediados del XIX, con la fundación de Singapur (1894), la apertura de algunos puertos chinos (1840), y la inauguración del Canal de Suez (1869), que reducía la ruta entre la metrópoli y el archipiélago.
      Señala que ya se empiezan a incubar en esta época las tensiones que conducirían a la independencia. En los primeros indicios coincide con algunos de los que ya han presentado las otras dos fuentes, pero añade el alzamiento de Cavite en enero de 1872, el enfrentamiento entre los clérigos indígenas y los regulares españoles, el carácter anticlerical de los movimientos emancipadores y la gran difusión de la masonería, en la que acabó la casi totalidad de los independentistas.
      “La lucha por la independencia” es el título con el que denomina la tercera de las etapas históricas. Se inicia veinte años después del levantamiento de Cavite y la
Larousse da cuenta del proceso del levantamiento. Las insurrecciones de 1898 se enlazan con la guerra hispano-americana; y con el Tratado de París (10 de diciembre de 1898) acaba el dominio español en las Filipinas.
      “El período norteamericano y la segunda guerra mundial” constituyen el siguiente periodo. La acción norteamericana se resume en la instauración de un gobierno civil y de la enseñanza en inglés, idioma que pasa a ser la lengua oficial; una mejora de las comunicaciones; y el incremento del suelo cultivado, sin consecuencias para las estructuras agrarias, pero sí en la aparición del movimiento Sakdalista y la creación del partido comunista. Se produce además la filipinización de la administración y se instalan bases navales americanas. Entre el 8 de diciembre de 1941 y el 6 de mayo de 1942 se produce la invasión y ocupación por parte de Japón, hasta octubre de 1944 en que los americanos desembarcaron en Leyte, Manila fue recuperada y el archipiélago liberado, si bien el país quedó arruinado por la guerra.
      “Los primeros años de la independencia”, proclamada oficialmente el 4 de julio de 1946, recoge los acuerdos comerciales entre los dos países, la ayuda militar que recibe Manila y la concesión a Estados Unidos de bases militares. Esta fase sirve de transición al análisis de la historia de Filipinas ya como país. Estas últimas etapas, como se veía en la fuente anterior, están determinadas por la presidencia de Ferdinand Marcos, dominadas por los conflictos y las dificultades económicas, desde la democracia hasta la proclamación de la ley marcial –entre 1965 y 1972- y la recuperación de las libertades en 1981. La vuelta a la democracia se produce después de las elecciones de 1986, después de las cuales, aunque ganó Marcos, las manifestaciones contra el gobierno lograron el apoyo de una parte del ejército y un levantamiento generalizado, la huida de Marcos y la proclamación de Corazón Aquino como presidenta. El gobierno de Aquino está sometido a la inestabilidad provocada por los partidarios de Marcos y por una parte de las fuerzas armadas y de intentonas golpistas. Elaboran una nueva constitución, aprobada en referéndum en febrero de 1987, e inician una política de recuperación económica y de negociaciones con movimientos guerrilleros y con los Estados Unidos para el desalojo de sus bases militares en el Archipiélago, que culminó en 1992. Ese mismo año, en las elecciones presidenciales ganó el vicepresidente Fidel Ramos y asumió la jefatura del estado.
      Esta obra describe el panorama cultural en dos grandes bloques: Literatura y Arqueología, que contrastan con la enciclopedia
Hispánica en la concisión y con el Espasa por su diferente tratamiento. Las manifestaciones literarias son estudiadas dividiendo su evolución en cuatro etapas cronológicas: “La literatura prehispánica y la literatura étnica”, “La literatura tagala y española durante la colonización española”, “La literatura durante el período norteamericano (1989-1946)” y “La literatura contemporánea de posguerra”. Coincide con la Hispánica en considerar la presencia de las culturas autóctonas en la literatura filipina, aunque les asigna un epígrafe específico y reconoce su continuidad en ciertos grupos étnicos cuyas sus obras define como una combinación de las influencias indias e islámicas con el genio local. De transmisión oral, hablada o cantada, existen los géneros de la epopeya, el mito, el cuento, la leyenda, canciones de amor, canciones de cuna, adivinanzas, proverbios y fórmulas rituales. La primera colección de cuentos populares, escrita por Don Diego Lope de Povedano (1578) en español antiguo, refleja las actividades de la vida cotidiana y las relaciones de los hombres entre sí y con el mundo sobrenatural.
      El segundo periodo que distingue coincide con la colonización española en la que conviven la literatura tagala y la hispana y destacan autores clasificados según los géneros que cultivan. El corrido o poema religioso legendario, fue introducido por los españoles y Tomás Pinpin fue el autor del primer poema en tagalo, editado en 1610; José de la Cruz (1746- 1829) y Francisco Baltazar
<<Balagtas>> (1798-1829) escribieron los primeros corridos en esa lengua. El awit o poema de caballería heroica apareció en ese momento con los escritos de Francisco Baltazar: La india elegante y el negrito amante; Florante at Laura. En teatro, el subgénero más cultivado es la comedia o moro, cuyo origen estaba en una danza de guerreros musulmanes que tenía como tema la lucha entre cristianos y musulmanes. A partir de 1800, la zarzuela o comedia melodramática musical adquirió un lugar importante y, por su contenido político sirvió de vínculo entre el pueblo y las autoridades. En prosa, durante el período revolucionario, (1872-1898) se creó una abundante literatura propagandística cuyos autores punteros fueron José Rizal (1861-1896), con dos novelas: Noli me tangere y El Filibusterismo, y Graciano López Jaena (1856-1896) que fundó la revista La Solidaridad.
      La literatura durante el período norteamericano (1989-1946) sufre una evolución importante con la aparición de una corriente antiamericana en español y en tagalo. Entre los autores más importantes, el poeta José Corazón de Jesús (1896-1932) que escribió en tagalo
Mga dahong ginto (Las hojas de oro, 1920) y Maruming basan (Los trapos sucios, 1931), introdujo el monólogo dramático como forma literaria y popularizó la elocuencia en verso, el balagtasan; también, Amado Hernández (1903-1970) se rebeló en su poesía contra una literatura convencional con Isang dipang langit (A una amplitud del cielo); Florentino Collantes (1986-1951) escribió poemas nacionalistas para ser leídos en voz alta y en español; y Fernando María Guerrero (1873-1929), Crisálidas (1914).
      A principios del s. XX apareció un tipo de relatos cortos, los
dagli, manifestación de las influencias francesa y española. Este género que se afianzó después de la primera década de la ocupación norteamericana, tiene como temas principales el amor, los celos y la venganza. Recoge esta fuente también la existencia de otro movimiento literario, el patinikan, que, a su vez, ha buscado su inspiración en las literaturas francesa, inglesa y alemana.
      En los últimos años, de “Literatura contemporánea de posguerra”, destacan tres autores que coinciden en tratar la situación del filipino medio y se unen a una tradición iniciada por Lope K. Santos (1879-1963), cuyas novelas en tagalo Banaag at sikat (Radiación y resplandor, 1906) tenían como objeto “mantener, enseñar y describir” la vida filipina. Pertenecen también a esta corriente N. V. M. González (
Children of the Ash Covered Loam, 1954), Nick Joaquín (nacido en 1917) con Tropical Gothic (1972) y César Aquino (nacido en 1942), autor de Assault in Dumaguete (1976).
      En cuanto a los otros géneros, en teatro destaca Severino Montagno con S
peak My Gentle Children (1971) y Virginia Moreno con La loba negra (1972). Entre los poetas, Virgilio Almario (1944), con Peregrinasyon; Federico Espino Licsi (1939-), Larry Francis (1929-) y Alfredo Yuson (1945-). El ensayo político-histórico tiene importancia y en él se distinguen Renato Constantino, Francisco Sionil José, Carlos Rómulo y Carmen Guerrero Nakpil. Por último, existe una vertiente del cómic para la línea de literatura popular.
      Esta enciclopedia dedica un apartado a la “Arqueología”, frente a las obras anteriores en las que no aparece. En el periodo prehispánico se encuentra una cultura neolítica que se prolongó hasta el siglo XVI y de la cual se han descubierto numerosos yacimientos en el archipiélago. Entre ellos, la isla de Palawan con una treintena de cavernas exploradas en la región de Quezón (Tavon Caves). Los vestigios de ocupación más antiguos corresponden al final del pleistoceno. Las muestras pertenecientes a la edad de bronce se han comparado con las de Indonesia y con las de la península Indochina. La aparición del hierro, asociado con el bronce, se data hacia 250-200 a. J.C. Cabría localizar en una fase tardía de la edad de bronce la construcción de ciertos ataúdes de madera a los cuales se asocian vasos de alfarería del sur de China cuyas importaciones tuvieron lugar al parecer después del siglo XII. Sin embargo, los testimonios de contacto con el mundo indianizado son, en cambio, muy raros.


CONCLUSIONES

La primera consideración obligada es la diferencia entre el
Espasa y las otras dos enciclopedias determinada por la distancia entre sus fechas de publicación. Sus contenidos consecuentemente difieren de forma significativa. En primer lugar, tanto la Hispánica como la Larousse, comprenden la casi totalidad del siglo XX y, por tanto, toda la evolución correspondiente a la constitución legal, administrativa y política de Filipinas como país. El Espasa, al limitarse hasta una fecha considerablemente anterior, se centra en datos que las otras dos ignoran por no ser relevantes ya desde su perspectiva contextual, aunque sí que tienen su importancia histórica en nuestro momento. Y este posicionamiento condiciona las diferencias en las tres obras. En el Espasa los criterios de selección de contenidos y de análisis obedecen a fundamentos espiritualistas, antropológicos y psicológicos correspondientes a las tendencias de finales del siglo XIX y principios del XX. La clave materialista del siglo XX que adoptan las otras dos enciclopedias tiene la economía como referente y explicación de las transformaciones en las sociedades modernas; y desde esa perspectiva se aborda la evolución de las Filipinas. No obstante, coinciden las tres en su estructura expositiva, casi con los mismos apartados en los que organizan su estudio.
      La taxonomía de la población se presenta según el criterio racial desde los habitantes anteriores a la llegada de los españoles, los negritos o pigmeos y los malayos. Posteriormente se producen oleadas de chinos, indios y musulmanes en dos momentos también previos al descubrimiento del Archipiélago por Magallanes. A partir de esa fecha, las tres enciclopedias se centran en la presencia de los españoles y la ulterior colonización americana. Aunque reconocen reminiscencias de los cruces de españoles y filipinos y algunos grupos de estadounidenses, la evolución demográfica ha cumplido las previsiones del Espasa que en 1924 vaticinaba unas mínimas posibilidades de pervivencia para los hispanos en el archipiélago. Según estas fuentes hay dos rasgos definitorios de la sociedad filipina: su heterogeneidad en múltiples aspectos (idioma, raza, religión, distribución geográfica, etc.) y una elevada occidentalización resultante de la prolongada presencia española en las islas y una, menos dilatada en el tiempo pero más intensa, influencia estadounidense.
      Otros componentes esenciales de la identidad filipina, además de los contextuales, son los relativos a su historia, el origen de los rasgos antropológicos y etnológicos de su población, sus componentes culturales y la manifestación artística de todo ello. Las tres obras periodizan la historia en tres bloques y coinciden en los momentos que señalan como transición entre una etapa y la siguiente. La primera corresponde a los grupos prehispánicos: los negritos o pigmeos, los malayos –procedentes del sudeste asiático y de Indonesia-, los chinos –desde el siglo X-, los indios, y comerciantes musulmanes en los siglos XIV o XV. Esta época se caracteriza por la heterogeneidad y el aislamiento entre unas comunidades y otras, rasgos que se consolidan como identitarios del país.
      El principio de un cierto sentimiento de unidad se produce con el descubrimiento de las islas por Magallanes, datado en 1521 por las tres fuentes, y concretado por el
Espasa en el mes de marzo y por la Larousse en el de abril. La denominación toponímica la atribuyen las tres a Ruy López de Villalobos “en honor” del futuro Felipe II. Asimismo coinciden en que la causa del descubrimiento es la necesidad de una ruta comercial entre el continente americano y las Indias Orientales para estabilizar los mercados, condición imprescindible ésta para el asentamiento y permanencia de los españoles en las Filipinas. El balance de la colonización española se interpreta por sus resultados económicos, por la influencia de social de la religión y por el proceso de colonización –todas señalan el papel decisivo de los religiosos misioneros para el establecimiento de relaciones pacíficas con los nativos- y la desventaja del archipiélago con respecto a América, debida a la gran distancia con respecto a la metrópoli. La enciclopedia Hispánica y la Larousse explican así la menor y más superficial hispanización y la temprana intención de independencia en las islas.
      Las insurrecciones aisladas se suceden hasta 1898 en que, tras la guerra hispano-americana y el Tratado de París con el alegato de inmadurez del pueblo filipino para asumir la independencia, las islas son cedidas a los Estados Unidos. Para caracterizar esta etapa las tres obras se centran en unos aspectos concretos. Por una parte, el rechazo de la población a los nuevos gobiernos, las progresivas concesiones al autogobierno y las promesas –sin fecha determinada- de independencia. Por otro, el desequilibrio de las condiciones comerciales establecidas entre los dos países, aunque reconocen cierto progreso en infraestructuras y la implantación del inglés como lengua oficial. A partir de la independencia, momento que marca el inicio de la última etapa histórica, el 4 de julio de 1946, destaca el gobierno de Ferdinand Marcos –desde 1965 hasta 1986-, jalonado de conflictos sociales, dificultades políticas y económicas, con sucesivas reelecciones y el decreto de la ley marcial –entre 1972 y 1981. El asesinato de Benigno Aquino en 1983 y la rebelión cívico-militar desembocan en la destitución del presidente y la entrega del poder a Corazón Aquino. Los últimos años, estudiados solo en la Larousse, se caracterizan por una política de intento de estabilización interna, elaboración de una nueva constitución, recuperación económica y retirada de las bases americanas de las islas. El último presidente que citan es Fidel Ramos, tras las elecciones de 1993.
      El panorama cultural de las Filipinas se describe teniendo en cuenta, por una parte, la influencia de las diferentes religiones presentes en la sociedad; y, por otra, la literatura, el arte y la arqueología, ésta última únicamente en la
Larousse. Según los periodos cronológicos que considera cada una de las enciclopedias, incluyen más o menos información, pero coinciden todas en las etapas que establecen para la literatura. Distinguen, además, entre la literatura indígena, que asimila las influencias de las culturas china, india e islámica a los rasgos autóctonos y conserva la tradición; la literatura en castellano que es también sensible a esas influencias pero presenta rasgos propios y se escribe en español; y, finalmente, la producida durante la etapa de presencia americana y desde la independencia.
      Los géneros principales de la literatura prehispánica son la epopeya, el mito, el cuento, la leyenda, las canciones de amor, las canciones de cuna, las adivinanzas, los proverbios y las fórmulas rituales. A partir de la llegada de los españoles se generalizan, primero, los corridos en poesía; y, en teatro, las comedias de moros y cristianos, las comedias de indios, los sainetes, -en castellano o en tagalo-; y, durante el periodo revolucionario, la literatura propagandística adquiere importancia remarcable.
      En la etapa de pertenencia a Estados Unidos, entre 1898 y 1946, aparece una corriente antiamericana en español y en tagalo, y el cultivo del relato corto de influencia francesa y española de temática amorosa, sobre los celos y la venganza. Desde la posguerra, algunas obras en prosa incorporan la vida del ciudadano medio y, junto al teatro y la poesía, se desarrolla el ensayo político-histórico y una literatura popular en cómic.
      La arqueología, presente solo en la
Larousse, se interpreta como prolongación desde el neolítico hasta el siglo XVI, pero esta obra omite por completo los contenidos sobre el arte. Las otras dos sí que lo incluyen. La Hispánica, ofrece una somera referencia a las tallas de madera representativas de la divinidad. Por su parte, el Espasa lo describe como de estilo oriental y diferencia entre arquitectura, escultura, pintura y grabado, estableciendo dos etapas: antes y después de la llegada de los españoles, y subdividiendo ésta en siglos, desde el XVI hasta el XIX y, con datos aislados, hasta 1909.