Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

Navigation

Otoño 2014
Volumen 2, Número 1

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Otoño 2014, Vol. 2, Núm. 1


ARTÍCULOS Y NOTAS
PDF: La masonería española en Filipinas…


La masonería española en Filipinas después de 1898:
Del rechazo a la fusión con las logias norteamericanas


ÁLVARO JIMENA
Universidad de Estrasburgo

INTRODUCCIÓN
Al inicio de la colonización norteamericana de Filipinas, la masonería española se reorganizó y se mantuvo activa en el archipiélago durante más de tres décadas. A pesar de la represión sufrida por los masones filipinos tras la revolución del Katipunan y de la implantación de la masonería estadounidense, las logias españolas siguieron siendo las más importantes de Filipinas hasta 1917. En ese año se fusionaron con las logias norteamericanas, que hasta entonces habían intentado sin éxito hacerse con el control de la masonería local. Sin embargo, se trató de una decisión muy polémica debido a que supuso el abandono de la tradición masónica filipina y provocó la aparición de logias disidentes bajo soberanía española hasta la década de los años treinta.
     Por lo tanto, parece un objeto de estudio adecuado para analizar la evolución del hispanismo en Filipinas en las primeras décadas del siglo XX. Hasta la fecha, los principales estudios sobre la masonería en Filipinas se han centrado en las últimas décadas del siglo XIX, investigando su relación con el movimiento nacionalista filipino y la revolución de 18961. Y sobre la masonería durante la colonización norteamericana solo se han publicado algunos estudios realizados por varios masones2 y una tesis doctoral que describe la evolución de las logias españolas en el archipiélago, aunque trata principalmente la vida masónica de estos talleres y no los pone en relación con el contexto profano3. Por ello creemos oportuno realizar un análisis más amplio de esta evolución, que se llevó a cabo en un período de gran importancia en el desarrollo de la identidad filipina.
     Y es que tras la aparición de un movimiento nacionalista en el último cuarto del siglo XIX, el medio siglo norteamericano fue clave en la elaboración de un proyecto nacional para la posterior independencia de Filipinas. En ese proceso la influencia del hispanismo fue tan importante como la de la cultura anglosajona impuesta por el nuevo colonizador. Así lo demuestran la conservación del español como lengua franca de la clase política del archipiélago o la importancia de los periódicos en castellano hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, existen otros muchos aspectos de la sociedad filipina que todavía no han sido estudiados y que, como la masonería, pueden ser muy útiles para evaluar el rol del hispanismo en Filipinas tras 1898.
     En los últimos años se han publicado algunas investigaciones que recogen este planteamiento y que aprovechan las numerosas fuentes en español para estudiar la primera mitad del siglo XX filipino. Destacan los trabajos de Florentino Rodao, que ha estudiado principalmente la repercusión de la Guerra Civil en la comunidad española de Filipinas y el declive del hispanismo en el archipiélago
4. A este respecto, Rodao rechaza la creencia generalizada de que la influencia hispana en Filipinas fue disminuyendo progresivamente durante los primeros años del siglo XX y defiende que se mantuvo muy viva hasta el período de la Mancomunidad filipina (1935-1945), cuando la victoria franquista en España y la destrucción de Manila durante la Segunda Guerra Mundial significaron un punto de no retorno para la hispanidad en Filipinas5. Además, afirma que durante estas décadas, ante la ausencia de relaciones con la antigua metrópoli, los filipinos se apropiaron de la herencia hispana y la transformaron hasta crear un carácter “filhispano”. Según Rodao, fue una forma de contrarrestar la influencia norteamericana que incluso llegó a adquirir un cierto carácter anticolonial6.
     Esta reevaluación de la herencia hispana en el archipiélago asiático también ha sido defendida por varios autores filipinos, que la consideran como un elemento importante para enriquecer el debate sobre la identidad filipina
7. Y es que uno de las principales problemáticas de esta discusión que ocupa a la comunidad académica de las islas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, es la dificultad para definir la cultura filipina en términos asiáticos. A este respecto, el principal problema es la influencia hispana, que ha sido valorada, en general, de una forma negativa y siempre ligada a la importancia de la Iglesia Católica en Filipinas. No obstante, los estudios realizados a partir de nuevos enfoques en los últimos años están dando nuevos resultados que demuestran la importancia del legado hispánico en otros aspectos de la cultura y la sociedad filipina8.
     El objetivo principal de este trabajo es utilizar este enfoque para realizar un primer análisis de la evolución de la masonería en Filipinas entre 1898 y 1917. Durante este período las logias españolas fueron las más numerosas y llegaron a disfrutar de una independencia de acción que desapareció tras la fusión con la masonería norteamericana, por lo que parece una etapa adecuada para estudiar la oposición entre la influencia hispánica y la estadounidense. Para llevar a cabo este análisis nos basaremos en las obras ya publicadas y en una serie de revistas masónicas en español editadas por las logias filipinas durante este período y que no han sido utilizadas hasta la fecha
9. Estas publicaciones contienen numerosos artículos que analizados a la luz de la evolución del sistema colonial norteamericano en Filipinas, permiten realizar una interpretación provisional del devenir de la masonería en el archipiélago asiático durante la colonización estadounidense.


I. LA MASONERÍA EN FILIPINAS ANTES Y DESPUÉS DE 1898

     La historia de la masonería española en Filipinas se asocia habitualmente al período anterior a 1898, a pesar de que el trabajo de las logias en el archipiélago se desarrolló durante muy pocos años. Hay dudas sobre la fecha de la llegada de la masonería a Filipinas, pero se acepta el hecho de que hasta finales de la década de 1870 la institución no se implantó con solidez en el archipiélago10. Además, antes de 1884 las logias españolas no admitían a filipinos en sus filas y fue gracias a la vuelta de los emigrados en la península Ibérica que la masonería se desarrolló en los primeros años de la década de 1890. Algunos de los miembros del movimiento creado alrededor del semanario La Solidaridad en Barcelona y Madrid crearon nuevas logias bajo los auspicios del Grande Oriente Español y hasta 1896 la masonería en Filipinas vivió un período dorado que se terminó bruscamente con su persecución tras el estallido de la revolución de 1896. La relación entre la sociedad del Katipunan y la masonería ha provocado desde entonces mucha polémica debido a que algunos filipinos eran miembros de las dos instituciones, aunque parece que las ideas de la mayoría de los masones eran mucho más moderadas y no tenían relación con esta sociedad secreta11.
     El período posterior a 1898 es mucho menos conocido pero, en realidad, ocupa un período más amplio puesto que durante las dos primeras décadas del siglo XX la masonería española llevó a cabo sus trabajos prácticamente sin interrupciones. Comenzó a reorganizarse poco después del inicio de la colonización norteamericana y tras varios años de poca actividad debido a las consecuencias de la represión sufrida por la institución después de la revolución del Katipunan, el Grande Oriente Español se consolidó como la orden masónica mayoritaria en el archipiélago. A mediados de la segunda década del siglo XX, coincidiendo con la aprobación de la ley Jones que daba autonomía en política interior a la colonia, la masonería filipina intentó independizarse pero sus esfuerzos fracasaron. La oposición de la masonería norteamericana, que había intentado controlar las logias del archipiélago desde el inicio del siglo, fue clave. Y, paradójicamente, provocó la fusión de los dos tipos de masonería en 1917.
     A continuación vamos a analizar más en detalle este período, que hemos divido en tres etapas. La primera trata la reorganización de la masonería española en Filipinas, que tuvo lugar desde 1899, fecha de la reanudación de los trabajos de la primera logia, hasta 1907, año en el que se creó la Gran Logia Regional de las Islas Filipinas. La segunda etapa estudia las actividades de esta logia regional y de sus principales dirigentes, que politizaron considerablemente la masonería española al mismo tiempo que se desarrollaba la primera legislatura de la nueva Asamblea Filipina. La tercera, por último, trata el período en el que tuvieron lugar los debates sobre la soberanía masónica del archipiélago. Va desde la creación por la masonería norteamericana de la
Grand Lodge of the Philippine Islands en 1912 hasta la fusión de las logias españolas y estadounidenses en 1917.
     En cada una de estas etapas intentaremos poner en relación la evolución de la masonería con el contexto político y social de la colonia norteamericana, así como con la biografía de los masones más destacados, ya que nos parece esencial para analizar la vida de esta institución durante los primeros años del siglo XX.


II. LA REORGANIZACIÓN DE LA MASONERÍA ESPAÑOLA (1899-1907)

     En noviembre de 1899 tuvo lugar la primera reunión dirigida a reorganizar una logia de la masonería española en Filipinas. En ella se reunieron los antiguos miembros de la logia Modestia Nº199, con sede en el distrito de Quiapo, en Manila, que reanudaron sus actividades de forma oficial seis meses más tarde. Dirigida por el español Valentín Polintán, que más tarde se convertiría en el delegado del Grande Oriente Español en las islas, esta logia contó con muy pocos masones en sus filas durante sus primeros años de vida. La represión sufrida por la masonería tras el estallido de la revolución del Katipunan había provocado la muerte de algunos de sus antiguos miembros y, además, había tenido un efecto directo en la popularidad de las actividades masónicas, que muchos filipinos rechazaban temiendo nuevas represalias en el futuro12.
     Sin embargo, en el nuevo sistema colonial la masonería estaba autorizada. De hecho, durante el primer lustro del siglo XX la logia Modestia llevó a cabo diferentes actividades públicas, como una conmemoración del aniversario de la muerte de Rizal, e incluso intentó hacer resurgir los talleres masónicos españoles a través de anuncios en la prensa del archipiélago. Sus esfuerzos dieron su fruto a finales de 1903, cuando se reorganizaron otras dos logias en Manila: la Dalisay Nº177 y la Sinukuan Nº272. Esta última acabaría siendo el taller más importante del Grande Oriente Español en Filipinas después de 1898 gracias al trabajo de un grupo de masones liderados por Felipe Buencamino, un abogado filipino que durante el período español había estado en relación con varios ilustrados y había pasado por prisión tras liderar una protesta estudiantil contra el uso del latín en los centros de enseñanza, controlados por las órdenes religiosas
13. También había ocupado cargos en el Gobierno de la República de Malolos proclamada en 1898 y poco después del inicio de la guerra filipino-norteamericana había sido capturado por los estadounidenses, aunque a su vuelta a Manila se había convertido en uno de los precursores de un movimiento para llegar a una paz definitiva con los Estados Unidos14. Posteriormente, se había convertido en uno de los fundadores del partido Federal, el primer grupo político filipino legalizado por las autoridades estadounidenses.
     Al igual que buena parte de la élite filipina, la masonería española en el archipiélago aceptó muy rápidamente la autoridad del nuevo poder colonial. En la declaración de principios publicada en el primer número de la revista masónica
Delta, editada por la logia Sinukuan, se decía que la francmasonería filipina rechazaba el uso de la fuerza y “acataba las instituciones existentes”15. Una afirmación que no constituía una contradicción con el hecho de definir el concepto de “patria” como una de sus dos divisas. La otra era “masonería”, que según esta declaración significaba hacer que el hombre sea ilustrado, moral y libre. De acuerdo con los masones filipinos, la libertad se materializaba en el reconocimiento de los derechos individuales y en la práctica del sufragio universal. Dos aspectos que, en teoría, el nuevo colonizador también quería favorecer junto a la desaparición de los privilegios de las órdenes religiosas en el archipiélago, que ocupaba un lugar destacado en la declaración de principios de la masonería filipina. Para Felipe Buencamino, la misión de la masonería en Filipinas consistía en “destruir el fanatismo, la intolerancia y el despotismo” para llevar a los filipinos los beneficios de la civilización moderna16.
     A lo largo de 1906 este mensaje fue retomado por cinco logias más, que a través de la reorganización de antiguos talleres o de la creación de otros nuevos aumentaron la familia del Grande Oriente Español en Filipinas. La razón de esta proliferación de logias era la presión que la masonería norteamericana estaba ejerciendo sobre los masones españoles para que abandonaran la soberanía española y se unieran a sus filas, ya que a partir de 1898 habían surgido varias logias dependientes de distintos orientes norteamericanos en suelo filipino. La que había cobrado mayor importancia había sido la Manila Lodge Nº342, dependiente de la
Grand Lodge of California, que prácticamente desde su creación a finales de 1901 había intentado atraer a las logias de la masonería española17. Estas habían rechazado constantemente sus ofrecimientos pero tras la creación de una nueva logia californiana en 1903 temían la creación de una logia regional bajo soberanía norteamericana que pondría en peligro su legalidad masónica. Así que el grupo de Buencamino optó por tomar la iniciativa y fomentó la creación de nuevos talleres hasta contar con el mínimo necesario para crear una logia regional en Filipinas bajo los auspicios de la masonería española.


III. LA POLITIZACIÓN DE LAS LOGIAS DEL GRANDE ORIENTE ESPAÑOL (1907-1912)

     La instalación oficial de la Gran Logia Regional de Filipinas tuvo lugar en septiembre de 1907 tras la celebración de una asamblea en la que Felipe Buencamino fue elegido gran maestre. En uno de sus primeros actos después del nombramiento, el abogado establecía una oposición entre la religión y la masonería, defensora de la razón, y recordaba que la principal labor de la institución en Filipinas era luchar contra la influencia de las órdenes religiosas en la población. Reconocía lo delicado y difícil de esta tarea y por ello remarcaba la importancia de la unidad de la masonería filipina18. Sin embargo, su primera decisión de importancia fue suspender las actividades de la logia Modestia Nº199, que había sido la primera en reorganizarse en el período norteamericano e incluso había sido nombrada benemérita de la orden por el Grande Oriente Español. En teoría, la causa de la suspensión fueron una serie de irregularidades cometidas por esta logia al admitir en sus filas a Dominador Gómez, cuyo pasado masónico no estaba claro. Pero en realidad la polémica estaba alimentada por el enfrentamiento político entre Gómez y el grupo de políticos manileños cercanos a Buencamino.
     Dominador Gómez era de origen español y durante los primeros años del período norteamericano había formado parte de un grupo de ilustrados manileños muy críticos con la nueva administración colonial. Personaje muy activo en el movimiento sindicalista del archipiélago, había fundado un periódico titulado
Los Obreros y sus constantes críticas al partido Federal le habían hecho muy popular en Manila. No obstante, estas actividades también le habían provocado problemas con las autoridades estadounidenses y había pasado en varias ocasiones por prisión antes de fundar uno de los grupos políticos que darían lugar al partido Nacionalista, dominador del panorama político en el archipiélago filipino tras las elecciones a la primera Asamblea Filipina en 190719.
     Fueron estos comicios, precisamente, los que le enfrentaron con el grupo de Buencamino, que unos años antes había abandonado el partido Federal y se había incorporado al movimiento nacionalista a través de uno de sus grupos más conservadores. La polémica surgió a la hora de elegir el candidato de la coalición al primer distrito de Manila. En principio, una convención del recién creado partido Nacionalista había nombrado a Gómez candidato pero Justo Lukban, cercano a Buencamino, no aceptó el resultado de la elección y se presentó como independiente a los comicios e inició una campaña para desacreditar a Gómez. La elección se resolvió por cuarenta y un votos de diferencia a favor del candidato oficial, aunque los problemas para Dominador Gómez no acabaron una vez que obtuvo su asiento en la Asamblea. Al ser un rival potencial para Sergio Osmeña a la presidencia de la misma y gracias a la colaboración de las autoridades norteamericanas con esta naciente figura política, se puso en entredicho su derecho a formar parte de la asamblea al ser de nacionalidad española. Esto provocó una segunda votación para su escaño en 1908 en la que también derrotó a Lukban, aunque toda esta campaña influyó considerablemente en su popularidad y en su futuro político
20.
     Por lo tanto, hay que situar la suspensión de actividades de la logia Modestia por parte de la Gran Logia Regional de Filipinas en el contexto de esta lucha política. Junto a la incorporación de numerosos miembros de la nueva Asamblea Filipina a los talleres del GOE a partir de 1907, se trata del mejor ejemplo de la politización que sufrió la masonería filipina durante este período. El grupo de Buencamino, primero a partir de la logia Sinukuan y después desde la logia regional, hizo que la masonería española se convirtiera en un lugar de discusión política y provocó el descontento de los talleres que defendían el carácter apolítico de la institución. Estos estaban formados, en su mayor parte, por antiguos masones españoles que veían una similitud entre esta tendencia y el camino seguido por las logias filipinas a finales del siglo XIX. Abelardo Cuesta, un masón español que había organizado las primeras logias del GOE en Filipinas alrededor de 1890, incluso escribió una carta a Madrid denunciando que en Filipinas se estaba utilizando la masonería española con fines políticos. En su opinión, los masones del archipiélago seguían dependiendo del GOE sólo porque no podían independizarse y sus logias se habían convertido en clubes políticos liderados por una camarilla con ideas nacionalistas
21.
     De esta forma, a finales de la primera década del siglo XX la masonería española en Filipinas sufría un primer enfrentamiento entre una tendencia más conservadora y defensora de los valores tradicionales de la francmasonería hispana, y otra más permisiva con la politización de las logias y su utilización como herramienta en la lucha por la independencia del archipiélago. Una polémica que pronto pasaría a un segundo plano tras el inicio de la disputa con la masonería norteamericana por la soberanía masónica de Filipinas.


IV. EL DEBATE SOBRE LA SOBERANÍA MASÓNICA Y LA FUSIÓN CON LAS LOGIAS NORTEAMERICANAS (1912-1917)

     En 1912 las tres logias de la Grand Lodge of California existentes en Filipinas organizaron la Grand Lodge of the Philippines Islands. Se trataba de un cambio de estrategia para hacerse con el control de la masonería en el archipiélago tras el fracaso de sus esfuerzos por atraer a los miembros de las logias españolas, que hasta ese momento habían preferido mantenerse bajo soberanía española. Con este movimiento estaban ignorando la creación de la Gran Logia Regional de Filipinas, que había tenido lugar cinco años antes. Además, daban lugar a una polémica sobre la soberanía territorial del archipiélago, ya que según las normas de la masonería universal no podía haber dos instituciones de estas características en un mismo territorio.
     A inicios de la segunda década del siglo XX, en Filipinas había logias pertenecientes no solo a estos dos orientes, español y norteamericano, sino también al Gran Oriente de Francia, al Gran Oriente Lusitano Unido o a la Gran Logia de Escocia. Se trataba de una situación que había sido habitual en el archipiélago en las últimas décadas del siglo XIX y en muchas ocasiones logias de diferentes orientes tenían relaciones fraternales, por lo que no se trataba de una de las principales preocupaciones de la Gran Logia Regional de Filipinas. Sin embargo, es llamativo que no realizara ninguna protesta oficial por la creación de la
Grand Lodge of the Philippine Islands hasta 1915. Uno de los motivos parece ser la inacción de Felipe Buencamino, que también ocupó el puesto de gran maestre de la Gran Logia Regional de Filipinas entre 1912 y 191422. La evolución de una parte de los fundadores del partido Nacionalista a posiciones de colaboración con las autoridades norteamericanas pudo haberse dado también en el caso de Buencamino en el contexto de la masonería. De hecho, el abogado filipino ya había expresado en alguno de sus artículos en las revistas masónicas su preocupación por el aislamiento internacional que sufría la masonería filipina a causa de su enfrentamiento con la norteamericana23. Otra razón podría haber sido la apertura de las logias norteamericanas a filipinos a partir de 1914, lo que habría provocado una fuga de masones de las logias españolas. Hasta esa fecha los talleres de la Grand Lodge of California estaban reservados a estadounidenses de raza blanca a diferencia de los del Grande Oriente Español, que estaban formados en su mayoría por filipinos24.
     En todo caso, la Gran Logia Regional de Filipinas reaccionó a la creación de su equivalente en las logias norteamericanas en 1915, cuando Teodoro M. Kalaw ocupó el puesto de gran maestre. Kalaw era un ilustrado filipino que se había licenciado en Derecho por la Escuela de Derecho de Manila en 1905. Reputado constitucionalista, años más tarde ocuparía una cátedra en esta misma institución, aunque fue más conocido por su labor como periodista al haber sido colaborador de
El Renacimiento desde 1904 y al haber ocupado cargos de importancia en esta publicación cuando fue acusada de libelo y suspendida por las autoridades norteamericanas en 190825. En la primera mitad de la década de 1910 ocupó un puesto en la Asamblea Filipina y fue secretario de la misma hasta 1916, cuando fue nombrado director de la Biblioteca y del Museo de Filipinas26.
     Fue precisamente en estos años cuando destacó su labor al frente de la masonería española en Filipinas. En junio de 1915 organizó la celebración de una asamblea general de la que surgieron dos declaraciones. La primera era una protesta formal contra la logia regional creada por los estadounidenses, que fue enviada a través del Grande Oriente Español a todos los cuerpos masónicos del mundo. La segunda era un proyecto de creación de una gran logia nacional independiente que sucedería a la Gran Logia Regional de Filipinas. En lugar de realizar una declaración unilateral, los masones filipinos prefirieron acordar una ruptura amistosa, por lo que Kalaw se puso en contacto con Miguel Morayta, el gran maestre del Gran Oriente Español. Morayta había sido uno de los grandes colaboradores de la comunidad filipina en España durante las últimas décadas del siglo XIX. Gran defensor de la representación del archipiélago en las cortes española y colaborador de la revista
Solidaridad, fue presidente de la asociación Hispano-Filipina. A principios del siglo XX, a pesar de sus más de ochenta años de edad, seguía estando al frente del Grande Oriente Español y se trataba del principal contacto de las logias filipinas con la masonería española.
     Es por ello que Kalaw sostuvo una importante correspondencia con él en la que le explicaba las razones por las que los masones filipinos pedían su independencia. De hecho, una vez terminada la redacción de la constitución de la nueva logia nacional filipina, que le llevó más de un año, también se la envió para que fuera aprobada por el Consejo General del Grande Oriente Español. En su carta pedía una contestación antes de febrero de 1917, cuando la
Grand Lodge of the Philippine Islands iba a celebrar una asamblea que podía significar la incorporación a sus filas de varias logias españolas27.
     Y es que los masones norteamericanos estaban llevando a cabo una campaña de atracción sobre los masones filipinos al presentar a su gran logia regional como la defensora de la masonería regular. Así, una vez recibida la declaración de protesta de la Gran Logia Regional de Filipinas no dudaron en responderla acusándola de incumplir diferentes principios masónicos y de no tener derecho a la soberanía masónica exclusiva del archipiélago
28. Se trataba de un recurso a la cuestión de la territorialidad, que desde el siglo XVIII había enfrentado a diversos orientes de origen francés con otros de origen inglés y que en la década de 1920 sería utilizada por otros orientes norteamericanos29. La respuesta de Kalaw fue rotunda y hacía referencia al carácter nacional de la masonería hasta entonces bajo soberanía española, recordando que la Grand Lodge of the Philippine Islands estaba formada en su mayor parte por estadounidenses y no había admitido a filipinos hasta 1914. Además, reclamaba los derechos de la Gran Logia Regional de Filipinas sobre el territorio del archipiélago y se oponía a que la tradición masónica de las logias filipinas desapareciera por una “interpretación convencional” de los principios de la institución. Kalaw afirmaba que en el archipiélago se respetaban los principios masónicos de amor fraternal, socorro y verdad, pero no el de unión porque hasta entonces “no había habido justicia”30.
     Kalaw esperaba que la aprobación en 1916 de la ley Jones, que daba autonomía a la colonia en política interior, favoreciera la creación de la logia nacional de Filipinas. Sin embargo, la irrupción de otro personaje en la masonería filipina modificó sus planes. Se trataba de Manuel Quezón, que había ocupado el puesto de comisario residente en Washington en los años precedentes y cuyo trabajo había sido decisivo en la aprobación de la ley Jones. De hecho, este acontecimiento impulsó definitivamente su carrera política, que a pesar de ser recordada como la del padre de la independencia filipina estuvo marcada por la colaboración con las autoridades norteamericanas
31. Por lo tanto, no extraña que tras su vuelta a Manila se convirtiera en uno de los principales partidario de la fusión entre las logias españolas y norteamericanas. Quezón había sido iniciado a la masonería en Estados Unidos y se había servido de ella para entrar en contacto con la clase política norteamericana, por lo que una vez instalado de nuevo en Filipinas siguió frecuentando a los masones estadounidenses. Estos le pidieron su colaboración debido a que solo con su reputación podía convencer a los masones filipinos, que todavía eran reticentes a la fusión, y es posible que el propio Kalaw, antiguo amigo de Quezón, cediera ante los argumentos del prominente político filipino32.
     Lo que es evidente es que el proyecto de creación de una logia nacional filipina fue perdiendo apoyos a finales de 1916 y principios de 1917. Otros eventos que pudieron influir fueron la muerte de Miguel Morayta en enero de 1917 y el hecho de que en esta fecha el Grande Oriente Español todavía no había dado respuesta a la petición de independencia de los masones filipinos. Pero el hecho es que en la asamblea de febrero de 1917
Grand Lodge of the Philippine Islands absorbió a la Gran Logia Regional de Filipinas a pesar de que esta última contaba con más del doble de logias que la primera. El primer gran maestre fue el norteamericano William H. Taylor, aunque se acordó que se alternaría cada año con un filipino en una tradición que inauguró Manuel Quezón un año más tarde. Kalaw, por su parte, justificó la fusión poco después de que se produjera aludiendo a la necesidad de conseguir la unidad masónica en Filipinas, aclarando que solo tenía palabras de gratitud hacia el Grande Oriente Español y afirmando que si solo hubiera dependido de los masones filipinos, habrían elegido continuar bajo su obediencia33.


CONCLUSIÓN

     Las palabras de Kalaw reflejan la polémica que provocó la fusión de las masonerías española y norteamericana en Filipinas en 1917. De hecho, en las dos décadas posteriores resurgieron varias logias bajo el auspicio del Grande Oriente Español, aunque ya no tuvieron la importancia de los talleres españoles tras su reorganización a principios del siglo XX y desaparecieron definitivamente antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
     En todo caso, la evolución de la masonería en Filipinas entre 1898 y 1917 refleja la importancia que siguió teniendo el hispanismo en el archipiélago asiático después del final del dominio colonial español. Incluso pone en evidencia esa apropiación del legado hispánico que llevaron a cabo un grupo de filipinos para contrarrestar los intentos del nuevo colonizador norteamericano de imponer su cultura. Es un caso que podría utilizarse como modelo para estudiar la evolución de la propia sociedad filipina, ya que como hemos indicado a lo largo del texto los masones más destacados ocuparon puestos muy representativos en la vida política y cultural del archipiélago. Además, esta contextualización de las actividades masónicas dentro del marco de la evolución política permite valorar la importancia de fuentes como las revistas masónicas utilizadas aquí a la hora de escribir historia de Filipinas. Hasta ahora, este tipo de documentos se han utilizado únicamente para hacer historia de la masonería o historia de España, pero al ponerlos en relación con los hallazgos de la historiografía filipinista de otros países parece evidente que su análisis puede contribuir a esclarecer algunas de las etapas más importantes de la historia moderna del archipiélago.

___________________________________
Por ejemplo, John N. Schumacher, “Philippine masonry to 1890”, Asian Studies, 4 (1966), pp. 328–341 y Antonio Caulín Martínez, “La masonería en Filipinas” en María Dolores Elizalde Pérez-Grueso, Las Relaciones entre España y Filipinas, siglos XVI-XX, Madrid, CSIC, 2002, p. 241.
Reynold S. Fajardo, The Brethren, Manila, Grand Lodge of Free and Accepted Masons of the Philippines, 1999 y Teodoro M. Kalaw, La masonería filipina; su origen, desarrollo y vicisitudes hasta la época presente, Manila, Bureau of Printing, 1920.
Susana Cuartero, La Masonería española en Filipinas, Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2007.
Florentino Rodao, Franquistas sin Franco: Una historia alternativa de la Guerra Civil Española desde Filipinas, Granada, Editorial Comares, 2012.
Florentino Rodao, “Una hipótesis que parece cumplirse”, Revista Filipina, Segunda Etapa. Verano 2013, Vol. 1, Número 1.
Florentino Rodao, “Spanish Language in the Philippines: 1900-1940,” Philippine Studies: Historical and Ethnographic Viewpoints, 45-1 (1997), pp. 94–107.
Fernando N. Zialcita, “Why insist on an Asian Flavor?,” Philippine Studies: Historical and Ethnographic Viewpoints, 48-4 (2000), pp. 523–548.
Isaac Donoso (ed.): More Hispanic than We Admit: Insights into Philippine Cultural History, Quezon City, Vibal Foundation, 2008.
Estas revistas masónicas, que se conservan en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca son la revista Delta. Revista mensual de la Respetable logia Sinukuan nº272, Nilad nº144, Luson nº185, y Walana nº158 de la Federación del Grande Oriente Español; las Hojas Sueltas de las dos veces benemérita y respetable logia Nilad nº144; y el Boletín oficial y revista masónica de la Gran Logia Regional de Filipinas.
10  Pere Sánchez Ferré, “La masonería española y el conflicto colonial filipino”, en José Antonio Ferrer Benimeli (ed.): La masonería en la España del siglo XIX: II Symposium de la Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española: Salamanca, 2-5 de julio de 1985, Castilla y León, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1987.
11  Para más información sobre la relación entre la masonería y el Katipunan véase Susana Cuartero, La Masonería española... y Carmen Molina, “Apuntes sobre el Katipunan” en Revista Española del Pacífico (Madrid), Año VI, Nº 6 (1996) 47-70.
12  Susana Cuartero, La Masonería española..., ob. cit., p. 15.
13  Ruby R. Paredes, The Partido Federal, 1900-1907: Political Collaboration in Colonial Manila, Tesis doctoral, University of Michigan, 1990, p. 50.
14  Resil B. Mojares, Brains of the Nation: Pedro Paterno, T.H. Pardo de Tavera, Isabelo de los Reyes, and the Production of Modern Knowledge, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2006, p.31.
15  “Declaración de principios”, Delta, 5 de septiembre de 1906.
16  Magaling-Daan [Nombre masónico de Felipe Buencamino]: “La masonería en Filipinas”, Delta, 5 de octubre de 1906.
17  Susana Cuartero, La Masonería española..., ob. cit., p. 37.
18  Felipe Buencamino, “Mensaje leído por el gran maestre en la apertura de la primera asamblea de maestros”, Boletín Oficial de la Gran Logia Regional de Filipinas, 30 de junio de 1908.
19  Michael Cullinane, Ilustrado Politics: Filipino Elite Responses to American Rule, 1898-1908, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2003, p.123.
20  Ibid., pp. 304-305 y 317-320.
21 Susana Cuartero, La Masonería española..., ob. cit., p. 219.
22 Nicolas G. RICAFRENTE: “Kalaw’s fight for Philippine Masonic sovereignity, Philippine Center for Masonic Studies”, p. 2, .
23 Felipe Buencamino, “Revista Internacional de Extremo Oriente”, Boletín Oficial y Revista Masónica de la Gran Logia Regional de Filipinas, 15 de septiembre de 1908.
24 Francis Álvarez Gealogo, “Kalaw’s conundrum: The Grand Lodge of the Philippine Islands. Union, fusion or subjugation?”, p.2, .
25 Para más información sobre este suceso: Gloria Cano, “El Renacimiento frustrado. Análisis de un diario proto-nacionalista con alma española” en María Dolores Elizalde (ed.) Filipinas, un país entre dos imperios. Barcelona: Ediciones Bellatera; 2011, pp. 299-328.
26 Teodoro M. Kalaw, Hacia la tierra del zar. Valencina de la Concepción, Sevilla: Renacimiento, 2014, p.10.
27 Nicolas G. Ricafrente, “Kalaw’s fight for Philippine Masonic sovereignity...”, ob. cit., p.3.
28 “Una discusión importante sobre la soberanía territorial de Filipinas”, Hojas Sueltas de la dos veces benem. y ven. logia Nilad, N. 144, octubre de 1915.
29 Más información en Pere Sánchez Ferre: “Los pleitos de territorialidad en el seno de la AMI: el caso del Grande Oriente Español y sus logias Americanas (1900-1930),” en José Antonio Ferrer Benimeli (ed.): Masonería Española y Americana, vol. 1, Ed. Zaragoza: Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, 1993, pp. 391–399.
30 “Una discusión importante sobre la soberanía territorial de Filipinas”, Hojas Sueltas de la dos veces benem. y ven. logia Nilad, N. 144, octubre de 1915.
31 Ver la biografía de Quezón de William Gueraiche: Manuel Quezon: les Philippines de la décolonisation à la démocratisation. Paris: Maisonneuve et Larose, 2004.
32 Ibid., p. 153.
33 Teodoro M. Kalaw: “Discursos pronunciados en la noche de inauguración del templo de la logia Sinukuan”, Hojas Sueltas de la benem. y resp. logia Nilad nº12, febrero de 1917.