Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Invierno 2013 / Primavera 2014
Volumen 1, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2013–Primavera 2014, Vol. 1, N
úm. 2

RESEÑAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS
PDF: Lázaro de Baxter


Romancero sentimental: Poemas escogidos
de Esperanza Lázaro de Baxter

CHRISTINA LLOYD LÁZARO, ANDREA GALLO


I.   BREVE PERFIL DE ESPERANZA LÁZARO DE BAXTER

Esperanza Lázaro Vicente de Baxter nació en Barcelona el 7 de agosto de 1919, de Antonio Lázaro, conocido compositor que trabajaba en el Palacio de la Música Catalana, y de Concepción Esperanza Vicente Codesal, hija de Ángel Vicente, funcionario de Gobierno, y de Ángela Codesal, quien había fundado un colegio de diseño para mujeres.
      Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Completó su formación viajando y conociendo varios países. Desde muy joven se dedicó a las letras y sus escritos, inspirados tanto en temas religiosos como profanos, obtuvieron premios y menciones honoríficas en España. Gracias a su facilidad de escritura, se distinguió como guionista de Radio Barcelona: la obra que le proporcionó más notoriedad fue, en 1952, el guión Milagro en las Indias. Recuerda Doña Esperanza que aquel programa radiofónico: “¡Fue el puntal que dirigió mi destino en Filipinas! El Sr. William Baxter y Orozco al escuchar por Radio Barcelona dicho guión, quiso comprar los derechos de autor para entregárselo a los padres dominicos que en Manila tenían una estación de radio en español. Pues, el Sr. Baxter regresó a Filipinas con el guión y con su autora como esposa!”.

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      Fue así que Esperanza Lázaro decidió establecerse en Filipinas, su patria de elección, donde, en virtud del matrimonio con William Baxter y Orozco, filipino de ascendencia inglesa, recibió la ciudadanía filipina. En Manila Lázaro de Baxter se dedicó a la enseñanza: muy apreciada y conocida como maestra particular de español, fue también profesora en prestigiosas instituciones académicas y educativas como la Universidad de Filipinas, la Universidad de Santo Tomas, el Colegio de San Juan de Letrán y la  American School.
      En Filipinas colaboró con profusión en casi todos los periódicos y revistas que se publicaban en castellano, tanto en la capital como en la provincia. Por su extensa obra literaria en verso y en prosa el jurado compuesto por Emeterio Barcelón, José Acebal y Manuel Bernabé le confirió, en 1957, el Premio Zóbel. Poco después, Esperanza Lázaro de Baxter fue nombrada miembro honorario de la Academia Filipina de la Lengua Española.
      La obra que le mereció el prestigioso galardón literario fue la antología poética Romancero sentimental; inédita en 1957, quedó desafortunadamente sin publicar incluso posteriormente. Sin embargo, el periódico filipino en español El Debate había publicado parte de Romancero sentimental y sucesivamente publicó trozos de una segunda obra, Romancero religioso. Toda la obra de Esperanza Lázaro de Baxter se editó exclusivamente en revista y allí sigue, desconocida, quedando en manos de la misma autora algunos manuscritos. Por iniciativa de la familia aparecieron dos publicaciones en años recientes: Romancero sentimental (selección), Petaluma, Wordrunner Press, 2010 y Homenajes, Petaluma, Wordrunner Press, 2010.
      Esperanza reside en la actualidad en California, donde fue obligada a mudarse por circunstancias de la vida. A pesar de eso, nunca olvidó Filipinas, que aún sigue siendo su tierra añorada, a la que le dedica su obra literaria y plástica.

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     En efecto, Lázaro de Baxter es también una artista plástica que trabaja con preferencia el cobre repujado. En la foto se puede admirar una obra suya, La llegada de los españoles a Filipinas. Sus láminas de cobre repujado siempre retratan temas filipinos, bien sacados de pintores filipinos famosos, bien de tema original. Se recuerdan algunas importantes exposiciones: una en Makati, en el Hotel Intercontinental en 1981, cuya ceremonia de inauguración fue presidida por el Ministro de Servicios Turísticos, Irineo Aguirre; otra en 1984 en el Consulado General de Filipinas en San Francisco, inaugurada por el embajador Romeo Argüelles; y una tercera en 1986 en la Unión Española de California en San Francisco, cuya ceremonia de inauguración fue presidida por el Cónsul General de España, César González Palacios.



II. ANTOLOGÍA

1. Canto a Filipinas

“Canto a Filipinas” es un largo poema compuesto por tres secciones, (“El inmigrante”, “Hermosa Filipinas” y “El llanto de la bandera”) que está incluido en Romancero sentimental y que hasta ahora ha quedado inédito. Aquí se propone la primera sección “El inmigrante”.


El inmigrante

¡Filipinas! ¡Emporio de luces!
¡Ara esbelta, que guarda el sagrario
de los sueños más caros del Cielo,
del santo Evangelio, del Orbe Cristiano!
¡Eres la concha abierta a todos los mares!
Eres de pintores la musa
de radiantes y asombrosos cuadros.
Eres jardín babilónico
de fragancias y lirios más claros
que puedan del mundo encontrarse
en el Norte, ni Sur, ni Oriente, ni Ocaso.
Eres Paraíso de enorme belleza.
¡Laberinto abierto por cuatro costados!
Eres Fuente viva de Naturaleza,
donde amor y alegría, sosiego y trabajo,
son virtudes excelsas que encierras,
y ensalzan tu múltiple encanto.
¡Tierra abierta a las tinieblas!
¡Abierto mar a los náufragos!
¡Luminaria eterna, que en noches rotundas
se diviniza en todos tus faros!

Así llegué a ti, Señora,
llegué muriente, convertido en náufrago,
buscando asilo inseguro,
buscando asilo en tu lar soñado.
Así, arribé yo a tus mares
receloso, acerbo, agresivo y bravo,
perseguido por errores,
ultrajado por mi estado,
y acechando por mi vida
igual que un lobo en los llanos
lo está cuando le persiguen,
hecho un bulto deformado
de tristeza y amargura,
de dolor y de cansancio.

Y tú… ¡Beldad bendecida!,
me echaste el ancla a los brazos,
y me agarré como un niño
se prende al seno inexhausto,
cuando en él está la vida
fluyente en licor sagrado.
Y chorreando a borbotones
la vid, ahíta en los labios,
así, yo… absorbí tus ubres,
¡soberbia Madre de madres!,
y sacié, feliz, el néctar
de tu cáliz, dulce amparo!
Luego, una vez satisfecho,
me tomaste de la mano
y de tu cuerpo me mostraste ufana,
toda la gran urbe de ritmo acordado
de tus calles, tus parques y plazas,
de tus templos, y austeros espacios,
que del arco de un iris armónico
iba a los acordes, abriéndonos paso.

Y escuché en mi alma, rumores de voces
rumores de risas y rumor de cánticos,
y mil arpegios, sonoros y líricos
que a mí, ¡pobre náufrago!, ibas susurrando.
Y admiré como se admira
sólo a Dios, ensimismado,
los mil gestos de tus hijos
prodigando, hospitalarios,
los cuidados, las caricias
con que acogen al caído…
con que aprecian al humano.

Luego, mostraste a mis ojos
un torrente de milagros,
un derroche de bellezas grandiosas…
por las faldas de tus montes y tus campos.
¡Fecundez de tierra virgen, casta y pura,
eran tus alfombras de claros topacios,
más hermosas que las Islas-Joyas
del Pacífico Océano!
Y así, Filipinas querida,
dándome la mano
me llevaste del altar a tu centro,
y prendiose un saludo en tu frente,
un saludo de paria y de náufrago.
Y abrazando del mástil, la base,
besé tu Bandera llorando...
porque vi en tu Bastión una capa,
igual que de una madre, abriendo los brazos.
Y escuché de tu Insignia el acorde
del ofrecimiento de otros hermanos,
cual rosario de una gran familia
que desinteresada me fueras donando.
Filipinas, ¡Bella Aurora!
¡Bella musa de mil reinos ignorados!
Vestal sembradora y fecunda
desde la cumbre del más alto pináculo,
pasando por los huertos, fértiles y verdes
de tu fresca y admirada Baguio,
hasta las hirvientes tierras llameantes
de los volcanes de Taal, y Mayón.

¡Artífice laboriosa
de siderales espacios
reflejados en las perlas
de tu Oriental Mindanao!
Tú me diste, generosa,
un techo, como Condado;
e igual que una amante madre,
me encaminaste los pasos.
Y a mi sueño, diste brisa
con los flabelos alados
de tus palmas numerosas,
de tus cocales y plátanos…
Y en tu fuente, las acucias
de mi hambre, quedó harto,
de mis penas, satisfecho,
de mi angustia, consolado.
De cuánto yo carecía… generosa,
¡hoy todo, me lo has colmado!
Y aún, misericordiosa, dijiste:
“¡Escúdate en mi Regazo!”,
y llenaste mis manos de perlas…
y cubriste de oro, mis brazos,
al donarme un pedazo de tierra
de tu vasto y soberbio regazo.

¡Tenerte por Madre, bella Filipinas!
de mis sueños fuera, ¡el trofeo más caro!
llamarme hijo tuyo, ¡blasón prodigioso!
que ni temblando me atrevo a ostentarlo…
porque soy humilde, al ser tan dichoso,
¡porque soy indigno, para honor tan alto!
Pero ser en tu suelo de diosa
el más humilde y adicto vasallo,
¡éste es mi más vasto sueño,
mi más grato y preciado lauro!,
que no existe en mi mente el orgullo
cuando agradecido, te debo ya tanto...

¡Que me inflijan torturas de bronce;
que me estiren mi carne a retazos;
que revienten mi pecho metrallas;
que la vida me arranquen de cuajo,
si de mí, necesitas, ¡Señora!,
¡algún día vengar un agravio!
Que, dar la vida por Ti, no es perderla;
¡es quedar inmortal en tu lábaro!
Porque la ventura mayor que me diste
abriéndome entero tu capa y tus ámbitos,
y llenar de riqueza mi pecho,
y de montañas de luz mi larario,
eso, ¡oh, Patria querida!
eso… ¡tengo que pagártelo!
no, con las pompas de liras augustas,
como te distinguen tus vates preclaros;
sino como un perro, dócil a su amo,
que esté eternamente a sus plantas postrado,
lamiendo tus huellas,
husmeando tus pasos,
con orejas gachas y los ojos fijos,
siempre en Ti, clavados.
¡Así he de estar, Filipinas...
siempre a Ti, de hinojos, y de amor llorando!...

(de Romancero sentimental)


2. Rememoranza
     
A mi esposo

     Me gusta levantarme con el alba
porque creo que en el éter te transformas
en aroma, sutil brisa, nube blanca,
y al mirarte así, no siéntome tan sola.
     Me gusta levantarme con las aves
porque así sus nuevos trinos me enamoran,
y te siento, en la distancia, en todas partes,
y en tu ausencia no siéntome tan sola.
     Me gusta levantarme en los albores
porque siento tu esencia ¡tan amada!
que mezclándose al aroma de las flores
penetra en lo recóndito de mi alma.
     Me gusta levantarme al primer rayo
del tenue sol reflejando tu morada,
y aunque yerto estés dentro del mármol
me huyo a mis fulgores de añoranza.
     Me gusta, en fin, sentirme en esta tierra
en la noche, en la mañana y en la tarde;
¡cuánto más lejos estés, aún más de cerca
siento tu amor que viene a acompañarme!
     Siento tu Amor, que vive continuo,
y dentro bulle aún, en rayos de esperanza.
¿Por qué, Señor, vivir mi vida en abandono
si sé que en su mansión feliz me aguarda?

(de Romancero sentimental)


3. Hermosa Filipinas

Es la hermosa Filipinas,
un poema de anchas rimas,
notas de alado laúd;

es tierra que en ella canta
la belleza de sus plantas,
y sus palmas a trasluz.

Las tres Islas principales
son tres zafiros iguales
en grandeza y magnitud;

y las otras tantas miles,
son purísimos rubíes
de ígnea y transparente luz.

¡Festín de luz y colores!
es de frutos, mil sabores
y flores de diáfano tul;

es el Arca de corales,
y perlíferas beldades
de las playas de Sulú.

Canción de cuna es, y amores,
es bálsamo de dolores
y es ánfora de virtud;

es concha abierta a los mares,
es Altar, sobre de altares,
que se eleva en palio azul.

Es jardín de paz y gloria,
nuevo Sol que abrasa y dora
la creciente juventud;

es ya libre de sus yugos,
Señora, sobre verdugos,
¡y sólo esclava de la Cruz!

(de Romancero sentimental)


4. Tengo miedo

Tengo miedo de llevarme
tu recuerdo vivo en mí,
¡tengo miedo! Porque pienso
que el camino no es así.

Tengo miedo y no quisiera
que eso me hiciera sufrir;
y es que pienso tanto... ¡tanto!
que tengo miedo de ti.

Yo procuro, y así espero
que encerrado quede aquí
todo el aroma de idilio…
¡nuestro idilio!... y si es así,
al dejarnos para siempre
te pido que guardes de mí,
un sincero y buen recuerdo,
¡que igual guardaré de ti!

(de Romancero sentimental)


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5. Noticia de prensa de la revista
El Debate de mayo 1959

Introito

      Como arena movediza en la que el forcejeo físico va sepultándole a uno, poco a poco, hasta hacerlo suya enteramente, en este Romancero sentimental como modestamente lo titula su autora, la española más deliciosamente filipina que he conocido, Doña Esperanza L. Baxter, sucede algo parigual, aunque en plano de alma adentro: porque mientras más se lee, con el forcejeo emotivo que nos produce, más nos vamos sumergiendo en un éxtasis sublimado del espíritu, hasta quedar enteramente sumergidos en el hechizo de su poesía.
      Romancero sentimental son trozos palpitantes que la poetisa ha sabido arrancarle a la vida, plasmándolos en exquisitos versos, fáciles, sencillos, cuán más hermosos así, que lo sería algo que se rebusca y se pule hasta la perfección desabrida.
      Doña Esperanza L. Baxter, Premio Zóbel de 1957, tiene una cualidad que pocos de los cultores de la Poesía tienen: Versatilidad. Romántica, se sumerge en las exquisiteces del alma y de su pluma emanan personajes que nos hablan un lenguaje que conocemos, que vienen de la Vida y que llegan a nuestro corazón en la nube de comunes sentimientos. Religiosa, hace de su poesía una escala por la que se remonta a Dios. Por eso en Romancero sentimental hay ternura, hay rebelión, y hay cielo. Yo diría que la autora de estos romances ha sufrido mucho, ha gozado mucho y de pronto, se ha encontrado a sí misma en la Poesía y se ha identificado tanto a ella que sería difícil separarlas. Una es ya prolongación de otra.

Manila, 31 mayo de 1959
Miguel Ripoll

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Recorte del periódico Oriente. Revista Hispanofilipina del 12 de octubre 1960,
suplemento mensual de la
Voz de Manila.