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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Primavera 2019, volumen 6, n
úmero 1



Desde mi duyan…
B
ITÁCORA DE BIBLIOFILIA FILIPINA


EL DUYAN, LA HAMACA Y JOSÉ PALMA



      El Diccionario de la Academia Española define la palabra hamaca de la siguiente manera: “Red alargada, gruesa y clara, por lo común de pita, la cual, asegurada por las extremidades en dos árboles, estacas o escarpias, queda pendiente en el aire, y sirve de cama y columpio, o bien se usa como vehículo, conduciéndola dos hombres”.
      Los idiomas más importantes de Filipinas, como el bisaya-cebuano, el bícol, el pampango, el tagalo, el bagobo, el maguindanao, el panayano, el waray-waray, el ilocano, tienen en común la palabra duyan para referirse a la española hamaca, que a la vez proviene de la lengua taína.

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Portada de La Independencia del jueves 1 de diciembre de 1898
[Biblioteca Nacional de Filipinas]

      El escritor filipino José Isaac Palma, nació el tres de junio de 1876 en el arrabal manileño de Tondo. El más joven de los cuatro hijos del matrimonio formado por Hermógenes Palma e Hilaria Velásquez. Estudió primaria en Tondo y después ingresó en el Ateneo Municipal de Manila. En 1894 ingresa en el Katipunan. Cuando en 1898, el general Antonio Luna funda el diario La Independencia como órgano oficioso de la República de Filipinas que, concluida la presencia española en las islas supondría el núcleo de la resistencia literaria frente a los Estados Unidos, José Palma entra a formar parte del cuerpo de redactores de la sección tagala. Con el choque de fuerzas filipinas y norteamericanas el cuatro de febrero de 1899 la sección tagala se interrumpe y Palma pasa a combatir bajo las órdenes de los coroneles Rosendo Simón y Serviliano Aquino en Ángeles y Bambang.

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Partitura del Himno Nacional Filipino
[Colección particular de Guillermo Gómez Rivera]

      En agosto de 1899, Palma regresa a la redacción de La Independencia en Bayambang y Bautista (Pangasinán), y nombrado redactor jefe. En el primer aniversario de la publicación del periódico, el tres de septiembre de 1899, Palma publica en sus páginas el poema “Filipinas”, que sería la letra del himno nacional.

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Portada de El Renacimiento del 22 de agosto de 1907
[Colección particular de I. Donoso]

      Una vez derrotadas las fuerzas filipinas vuelve a Manila con su hermano Rafael. Ambos colaboran en el periódico Laong-Laan, fundado por Juan Abad. Los norteamericanos lo detienen y cuando el tres de septiembre de 1901, aparece El Renacimiento, trabaja en él como columnista. Además colabora en Vida Manileña bajo el seudónimo de Esteban Estébanez y en Cuartilla Literaria como Juventino. Publica poemas y relatos breves en El Comercio, La Moda Filipina, La Patria, La Unión y Revista Católica con los seudónimos de Ana Haw y Gan Hantik. Muere de tuberculosis el doce de febrero de 1903 a los veintisiete años de edad.

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Portada de la primera edición de Melancólicas

      Sus hermanos Manuel y Rafael publican una colección de poemas bajo el título de Melancólicas, con prólogo de Cecilio Apóstol en la Librería Manila Filatélica, calle Soler 929, Santa Cruz, Manila. El veintiocho de septiembre de 2010 se reimprime en Old Gold Publication, Manila, bajo la dirección del profesor Alfredo S. Veloso y la colaboración de Guillermo Gómez Rivera.
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Melancólicas. Colección de poesías,
edición de Guillermo Gómez Rivera
y traducción al inglés de Alfredo Veloso,
Manila, Old Gold Pub., 2010

     A continuación reproducimos el poema “En la hamaca”:







En la hamaca


¿Qué se perdió en el seno del vacío?
    ¿Qué inquieren sus miradas?
¿Mira acaso a las aves que se esconden
    del calor en las ramas?

¿Por la escala de luz de un rayo de oro
    retorna quizás su alma
al paraíso reluciente y bello,
    su prístina morada?…

La siesta asfixia. El son de los cañales
    preludia a la tagala
esa canción de miel que ha desprendido
    la ilusión del pentagrama.

Los insectos rebullen en las hojas
    sobre el tapiz de grama,
y se aduermen rendidos a los hálitos
    de un ambiente de lavas.

El sopor se difunde, derramado
    por estivales auras,
y en el lejano término simulan
    dorarse las montañas.

Hay vida y poesía en esas horas
    en que el calor abrasa…
Pero la virgen tiene en el espacio
    inmóvil la mirada.

Hija gentil de una región de fuego,
    acaso vuela su alma
por el país de rosas del idilio
    cuyo perfume embriaga.

Tal vez sueña en las dulces sampaguitas
    cogidas de las ramas
para ser el collar lleno de aromas
    en la linda garganta.



Ramón Quiñonero