Navigation
Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Primavera 2019, volumen 6, n
úmero 1



BIBLIOTECA Y ACTUALIDAD


ENTREVISTA CON EL PADRE SEBASTIANO D’AMBRA

REALIZADA Y TRANSCRITA POR ANDREA GALLO
Z
AMBOANGA, 3 DE ENERO DE 2018 – SOAVE, 6 DE JUNIO 2018



      3 de enero de 2018. Salida al alba del aeropuerto Ninoy Aquino de Manila, destino Zamboanga, la villa chabacana de Mindanao, la ‘Ciudad latina de Asia’. A las nueve de la mañana ya estamos sobrevolando un mar azul intenso estrellado de islas verde esmeralda. En el aeropuerto me inunda un calor húmedo ahogante, un olor a moho que he aprendido a amar por ser señal del trópico―, que se anuncia con toda su intensidad.
      Claribel Concepción, amiga del Ateneo de Zamboanga, la universidad jesuita de la cabecera de la región, nos acoge, a Jordi Verdaguer, amigo y escritor barcelonés, y a mí, con un cariño y una alegría exquisitamente filipinos. Un riquísimo café con pasteles en el hotel símbolo de la ciudad, una vuelta en coche por el centro, una visita al Ateneo, una comida sibarita en un restaurante de un centro comercial, una vela y una oración en el Fuerte del Pilar frente a la Pilarica asiática, y nuestros anfitriones nos llevan puntuales al Harmony Village donde tenemos cita con el padre Sebastiano D’Ambra, misionero italiano del PIME, pionero del diálogo interreligioso y, sin duda, una autoridad moral en el país.
      El Harmony Village se nos presenta como un complejo ordenado de cabañas redondas y cuadradas, de bungalows al estilo tradicional filipino, rodeados por una vegetación lozana y abundante. Amablemente nos recibe una señora que nos invita para una merienda a base de fruta, café, refrescos y por supuesto agua, algo que nunca puede faltar en los países cálidos, y que es el gesto primordial de bienvenida para el forastero. Pronto llega el P. Sebastiano, un siciliano de carácter afable todavía joven, a pesar no sólo de la edad anagráfica sino de las muchas aventuras vividas en los mares del sur... Pelo blanco, ojos de un azul cerúleo, nuestra conversación empieza en italiano y atravesará muchos otros idiomas antes de la despedida. He aquí el fruto de dos encuentros densos, sobre todo desde el punto de vista humano y personal.


AG: P. D’Ambra primeramente le agradezco por recibirnos en este oasis de paz y naturaleza que es el Harmony Village de Zamboanga; y muchas gracias por aceptar esta entrevista. Empezaría pidiendo que nos ilustre sobre qué es Silsilah y cómo se relaciona con el Harmony Village.

PSD: A ver, este movimiento que se llama Silsilah forma parte de mi propia experiencia personal, pero a la vez también podría decir de la historia reciente de Filipinas. Yo vine aquí, a Filipinas, en 1977. Ya había cumplido diez años de sacerdocio y en Italia había desarrollado varias funciones y papeles de responsabilidad como, entre otras, la de formador en los seminarios.
      A mediados de los 70, junto con otros dos hermanos, el padre Salvatore Carzedda y el padre Antimo Villano, ambos misioneros del PIME (Pontificio Istituto Missioni Estere) como yo, pensamos era justo después del Vaticano II hacer una experiencia de las llamadas “Nuevas vías” que tuviera como fin el encuentro con otras culturas y religiones. Lo hablamos con nuestros superiores y llegamos a la conclusión de que podíamos ir a Tailandia. Pero en aquel entonces allí había una forma de guerra civil y, por lo tanto, a los extranjeros no se les concedían visados, de ahí que nuestros superiores nos orientaron hacia Filipinas.
      Al principio venimos P. Salvatore y yo, después vino también P. Antimo. La primera misión nos destinó a la zona norte de la región de Zamboanga, a una provincia llamada Siocor, una zona muy difícil. En aquella época no había carreteras y estaban presentes y activos los rebeldes del MILF, el Frente Moro de Liberación Nacional.

AG: ¿Qué es exáctamente el MILF?

PSD: El foco ideal de la acción de los rebeldes está relacionado con una situación histórica según la cual los musulmanes afirman que esta zona, es decir, la parte suroeste de Filipinas, les pertenece a ellos, y que sólo después de un tiempo, a la fuerza, fueron incluidos en la República de Filipinas, en fin, ¡es una historia larga, compleja y conflictiva!
      En esa zona, donde había guerra y consecuentemente estaban, y están, masivamente presentes los militares, la pobreza estaba y sigue estando muy difundida, junto con odio y prejuicios; en los montes además viven grupos tribales casi aislados. Entonces yo intenté prestar atención a esta realidad tan difícil y dolorida.
      A raíz de esta toma de consciencia, llegué a una decisión bien peculiar, es decir, la de estar junto a los musulmanes. Gracias a esta experiencia comprendí que tenía que ofrecer mi vida para esta misión. Espiritualmente me ha guiado la intuición de que el diálogo viene de Dios, y nos lleva a Dios, a todos nosotros, de toda cultura o religión.
      Este compromiso radical implicó que me pidieran hacer de mediador entre grupos rebeldes y el gobierno, una experiencia única durante dos años, moviéndome entre selvas y lugares inhóspitos... corrían los años de 1979 y 1980. Fue, sin duda alguna, una experiencia muy fuerte. He hecho mucho más y todo aquello me ha permitido comprenderme más a fondo a mí mismo y a las demás personas que iba encontrando en mi camino, y las difíciles realidades con las que me enfrentaba en mi misión.

AG: ¿Con qué tipo de dificultades tuvo que enfrentarse?

PSD: Bueno, por ejemplo tuve problemas con los militares que veían mal el hecho de que un sacerdote estuviera con los musulmanes, pero creo que ésta ha sido la única manera eficaz para vivir mi compromiso. De hecho, con mi presencia pude convencer a estos grupos para que bajaran de las montañas, donde se habían refugiado. Era la época de Marcos y el presidente-dictador concedía una forma de amnistía. En esa ocasión sufrí una emboscada: ¡me dispararon! Pero el Señor quiso que yo permaneciera con vida. Tristemente mataron a otra persona, a un filipino que estaba conmigo.

AG: ¿Y luego qué pasó?

PSD: Pues entonces los superiores me ordenaron volver a Italia, y ése ha sido mi primer ‘exilo’. Sin embargo, en Italia continué con el camino ya empezado, formándome de manera más adecuada; fue por ello que estudié árabe y estudios islámicos en el PISAI de Roma, el Pontificio Instituto de Estudios Árabes y de Islamística de los Padres Blancos.
      En Roma estudié, recé, medité y después volví a Zamboanga, y aquí he elegido el nombre Silsilah para mi nueva experiencia de diálogo interreligioso, porque durante mis estudios había profundizado en la idea sufí de esta cadena espiritual, este vínculo que reenvía al origen, a los fundamentos de la fe. Silsilah es una palabra que se utiliza en Filipinas también para designar el árbol genealógico. Silsilah significa entonces crear un vínculo desde el punto de vista espiritual, para difundir la paz.
      Y fue así que en 1984 tuvo comienzo este movimiento. Ha sido un experiencia lenta, pero satisfactoria: cada semana organizaba encuentros de oración y la gente empezaba a preguntarse qué era todo aquello. Entre los musulmanes unos miraban con sospecha, los que no querían contacto alguno con los cristianos, otros en cambio con simpatía. Mientras tanto la Conferencia Episcopal Filipina quiso crear un comité para el diálogo interreligioso y me pidió que fuera el secretario. En aquella circunstancia, en 1989, volvió también el P. Salvatore, quien se había formado no solamente en Roma sino también en Inglaterra.
      Pero unos años después vivimos de nuevo un evento luctuoso: era el comienzo de los 90 y acababa de surgir el movimiento conocido como Abu Sayyaf. Sus líderes se habían formado en Pakistán, era el comienzo de aquel tipo de discurso político armado que ahora desarrollan otros grupos como el Isis, y otros. El movimiento Abu Sayyaf, como era muy joven, quería dar una señal, pues en fin necesitaba una víctima, y fue así que en P. Salvatore fue asesinado. Él era sardo, era más joven que yo… ha sido un evento muy doloroso y una enorme pérdida1.

AG: ¿Y a pesar de todo habéis seguido estando allí para llevar a cabo vuestra misión?

PSD: Claro. Habíamos empezado a proponer cursos a musulmanes y cristianos, habíamos iniciado formas de solidaridad en las aldeas más pobres, éramos el primer grupo que en Mindanao proponía estas iniciativas de forma amplia y capilar.
      A mediados de los 90, ya que habíamos notado cierto desarrollo de este movimiento, pensé procurarme un sitio, una sede. Y así nació lo que ahora es el Harmony Village. Era un lugar abandonado, había sido hasta un escondite de los rebeldes que venían a Zamboanga; me lo dio un amigo chino, un comerciante, que aceptó a cambio un dinero puramente simbólico. Para nosotros construir esta oasis se convirtió en un reto. Hoy organizamos varios cursos que se dan en esta misma sede.

AG: ¿Qué tipo de cursos y actividades proponéis?

PSD: Nuestros cursos son por ejemplo el
Silsilah Summer Course for Muslim and Christian Dialogue, un curso básico de un mes en el que, los fines de semana, mandamos a musulmanes con familias cristianas y viceversa, y donde se estudia algo de árabe junto con el Corán y la Biblia, un poco de historia del Islam y del Cristianismo, además del concepto de ‘diálogo’. Un mes intenso en el que los participantes viven juntos. Luego proponemos otro curso de una semana que cada vez trata temas diferentes y otro curso intensivo, también de una semana. Entonces proponemos una formación de pocos días cuyo centro es el conocimiento del Islam, el sentido del diálogo y del vivir juntos. Lo hemos hecho todos los años a partir de 87; ahora estamos en el curso 32 y cada año conseguimos realizar cosas nuevas e interesantes.
      Hemos desarrollado otros cursos en diferentes centros no sólo en otras partes de Mindanao sino también en otras regiones del país. En algunos lugares nuestra organización es mejor, en otras es más sencilla, pero siempre tenemos dos coordinadores, uno musulmán y uno cristiano. En la actualidad existen quince centros activos, pero desde muchos lugares recibimos invitaciones para fundar nuevos centros y posiblemente su número aumentará.
      El nivel de compromiso de nuestros miembros es variable: tenemos miles de simpatizantes que participan a un nivel más bajo, en cambio unos centenares participan a un nivel más hondo, por ejemplo algunos maestros católicos han empezado a vivir su misión en una comunidad consagrada y han elegido el nombre de Emmaus Dialogue Community. Y poquito a poco este tipo de comunidad se va difundiendo entre gente casada, y lo estamos proponiendo también a sacerdotes y monjas. Se está desarrollando a la manera del Movimiento de los Focolares de Chiara Lubich con esta especificidad de ‘vida en diálogo’, como promoción de la cultura del diálogo por la paz.

AG: ¿Y cuáles han sido los nuevos retos del movimiento?

PSD: Los desafíos son muchos. Para nosotros la formación es importante, y de la formación tenemos que pasar al compromiso con los pobres.Hemos empezado, entre otros proyectos, los council, grupos de líderes musulmanes y cristianos, y también grupos de jóvenes. Hemos promovido actividades importantes acogiendo una iniciativa de las Naciones Unidas lanzada en 2010: esta iniciativa, que promueve el amor a Dios y al prójimo, es ahora una realidad a nivel nacional, incluso el gobierno nos ha apoyado.
      En el año 2000 empezamos una acción de oración para la paz. Era la época del presidente Estrada, el cual había declarado guerra total en cierta zona del país, y nosotros afirmamos que nuestra arma era la oración y la difundimos en por lo menos veinte naciones.En este contexto entonces nuestra espiritualidad se fundaba en el diálogo con Dios, con nosotros mismos, con la creación y, por lo tanto, intentamos darle importancia a todos estos aspectos.
      Hemos dado énfasis a la ecología, a la protección del medio ambiente, de las fuentes y de los manantiales, incluso con actividades contundentes contra la explotación de las minas; para eso hemos creado grupos que se llaman friends. Por nuestras actividades hemos recibido premios y reconocimientos a nivel nacional e internacional pero también hemos tenido problemas, porque cuando hablas, en cierto modo molestas a otros, fastidias a grupos de interés, a lobbies.
      En nuestro contexto hemos aprendido a no enfrentarnos de pecho con la realidad, la decimos pero no somos fanáticos, nuestra fuerza es nuestra convicción, y la realización de experiencias concretas. Por ejemplo, hemos empezado en Santa Cruz un curso permanente, una formación para dar a conocer los corales, y de ahí la gente empieza a comprender la riqueza de su propio medio ambiente. Ahora Santa Cruz está protegida por el gobierno, pero fuimos nosotros quienes empezamos cuando esta sensibilidad no existía; empezamos convenciendo que tirar bombas para la pesca destruía sin remedio todo el hábitat marino. Otro caso en el que intervenimos para promocionar la defensa del medio ambiente, haciendo que los habitantes tomaran conciencia del problema, fue en la zona montañosa de Zamboanga, donde había una mina abandonada que daba problemas con las aguas. Toda iniciativa concreta se hace como parte del compromiso con la misión.
      Tenemos unos puntos firmes: nuestra presencia se dirige a zonas pobres donde deseamos crear oasis de armonía; por ejemplo hemos formado un grupo de huérfanos en una zona de Zamboanga donde, desde hacía muchos años, se disparaba todos los días. Vivimos muchas realidades como ésta.
      Ahora mientras en Zamboanga nuestra acción ya está consolidada, estamos trabajando en otras zonas como Basilan, o incluso Manila, para que allí también se difunda esta mentalidad de diálogo y respeto. Los retos son todavía muchos.

AG: ¿Cómo son las relaciones entre cristianos y musulmanes?

PSD: Hay contradicción: por un lado mejoran, por otro empeoran. Hay ocasiones de diálogo gracias a las que mejoran, por otra parte empeoran porque grupos internacionales,
in primis el Isis, pretenden dividir musulmanes y cristianos y, en cierto modo, lo están logrando, si sólo pensamos en lo que acontece en Marawi.
      Hace años los musulmanes estaban más unidos entre ellos, hoy hay mucha más división en su interior. Hay grupos chiíes y wahabíes, y creo que irán aumentando los problemas en ese sentido, obviamente las razones son políticas, de interés y de control. Estas contradicciones están aumentando de la misma manera que aumenta la sensibilidad hacia el diálogo por parte de los musulmanes en general.
      Digamos que estas influencias externas provocan apuro y miedo, los musulmanes mismos están confundidos y se preguntan cuál es el verdadero Islam. Los jefes musulmanes conocen todos nuestros movimientos. Hay respeto porque durante 35 años hemos sido relevantes para la paz. Entre los líderes musulmanes algunos, como pretexto, señalan que el responsable del movimiento Silsilah es un cura, pero quien me conoce sabe que este cura apoya el diálogo y la mutua comprensión.

AG: ¿Los musulmanes son más ricos o más pobres?

PSD: En Mindanao hay una franja muy pobre y una muy rica de musulmanes. En las estadísticas las provincias musulmanas resultan ser las más pobres. Son las más pobres por causa de la violencia y corrupción, que paran el desarrollo económico. Digamos que pobres hay en todos lados; bastantes musulmanes tienen dinero, pero también hay chinos ricos, los más pobres quizá sean los bisayas.


AG: El actual presidente viene de Dávao, es decir es de aquí, de esta isla: ¿conoce realmente el problema y sobre todo tiene la solución para Mindanao?

PSD: Duterte tiene un conocimiento apreciable del problema, tiene su propia estrategia que, francamente, no sé a largo plazo si una o divida a la sociedad, ya veremos. Está intentando hacerse “amigo” de ciertos dirigentes musulmana pero, como suele pasar, el riesgo es que se acerque demasiado a un grupo e incomode a otros, que ya se están quejando.
      No creo que a corto plazo pueda conseguir resultados apreciables, pero por otra parte, el presidente está consiguiendo llevar a cabo un tratado de paz que el congreso ya ha votado, y que después pasará al senado. Se está pensando en una estructura político-administrativa que debería responder a los musulmanes, pero sabemos que un determinado grupo de musulmanes (porque no son todos iguales, son grupos distintos con diferentes culturas) esperaría otra cosa. No creo que esto produzca paz, sin embargo, es importante que el gobierno dé señales de querer intervenir en la cuestión.

AG: ¿Exactamente qué quieren los musulmanes?

PSD: Los musulmanes querían la independencia. Este movimiento de forma organizada empieza en los años 60 y después el mismo Gadafi intervino promoviendo el Tratado de Trípoli, el acuerdo con el que había sido capaz de evitar la separación a cambio de una autonomía; desafortunadamente, después ese acuerdo se gestionó mal. Formas de autonomía económica, política y religiosa bajo el gobierno de Filipinas ya existen. El ejercito en cambio es nacional. La autonomía se ha aplicado durante estos años con fases diversas e infelizmente ha habido abusos. Si un grupo está en el poder el otro se siente amenazado, digamos que es algo parecido a las facciones tribales. Se necesita mucho tiempo y creatividad para resolver el conflicto.


AG: ¿En Mindanao hoy día hay más cristianos o musulmanes?

PSD: Los cristianos en el sur son mayoría porque en la época americana muchos habitantes migraron del norte y del centro al sur del país, lo cual ha cambiado la geografía humana de la región, y todo esto aún pesa. Sin duda, es importante construir una casa común, para nosotros
Silsilah no es solamente un factor social, sino incluso espiritual.

AG: ¿Hay conversiones de una a otra religión?

PSD: Sí, las hay sobre todo hacia el Islam, la llamada
dawad balik islam, es decir “vuelta al Islam”. Para mí son conversiones de comodidad, pero algunas curiosamente desembocan en el fanatismo, las razones son distintas, sería un tema muy largo. Luego hay musulmanes que en silencio se hacen cristianos, a menudo por matrimonio, y viceversa. Sin embargo, la conversión del cristianismo al islam es la más visible.

AG: ¿Cuál es la situación internacional que grava en las tensiones que ya existen localmente?

PSD: Vivimos una situación internacional muy delicada. Los americanos han estado siempre muy presentes en Filipinas, de hecho se habla inglés y, como es sabido, es la lengua del estado, utilizada por prensa y televisión.
      Sin embargo, en este periodo China está entrando amenazadoramente, y también otros países asiáticos presionan. Desde hace años existen organismos como el ACD (Asia Cooperation Dialogue) y el ASEAN (Association of South-East Asian Nations, partner de la OCS, Shanghai Cooperation Organization), en los que Filipinas es bastante activa, que aceleran este proceso de integración entre diferentes realidades asiáticas.

AG: Por otra parte, Filipinas está tan poblada que necesita una aceleración económica.

PSD: Sí, globalmente la población crece, creo que a una tasa anual del 2%. En 1977, cuando vine, los filipinos eran sesenta millones, ahora son más de cien, y hay también mucha emigración y, por otra parte, las remesas de los emigrantes son una parte importante del PIB. El país económicamente es de los que más crece en el Sudeste asiático. Sin embargo, este proceso tan rápido pone en crisis las culturas tradicionales.


AG: Pero ¿podemos por lo menos decir que hoy los filipinos son más ricos o no?

PSD: En realidad hay más pobres, y los ricos son aún más ricos, lo cual no es bueno, ya que el crecimiento debería ser gradual, más o menos para todos, así dice también la doctrina social de la Iglesia.
      La influencia de la Iglesia sigue siendo todavía bastante importante, pero con este presidente todas las estructuras, incluida la Iglesia, están viviendo un momento difícil, porque parece que este gobierno tenga un plan que quiere realizar y parece que siga adelante por su camino sin tolerar críticas o consejos.

AG: Y ¿cuál sería el plan del gobierno?

PSD: ¡Es difícil comprender adónde queremos llegar! El presidente querría alcanzar el federalismo y realizar las grandes promesas que ha declarado. Pero adónde se llegará es difícil de comprender, incluso por la situación internacional. Como decía, China está presionando: está entrando en las islas del norte, lo cual se convertirá en uno de los grandes problemas internacionales y Filipinas, por sí sola, no puede enfrentarse con estos problemas. Me explico: en el norte de Filipinas hay unas islitas que China está ocupando y poblando y donde construye bases militares. No sabemos qué reacciones habrá en el futuro. Estados Unidos ahora no tiene una política clara pero éste será uno de los problemas que estallará muy pronto.
      Otro problema es una islamización de cierto tipo que se realiza con formas violentas y coercitivas. Un tercer factor alarmante es el hecho de que Filipinas, por su posición geográfica, está en constante riesgo de inundaciones, tifones y terremotos, y estas calamidades naturales, lo estamos viendo, serán siempre más frecuentes e intensas.

AG: Bueno, digamos que el porvenir da mucho qué pensar. Pero, como estamos en Zamboanga, ¿nos puede contar algo del chabacano y de la peculiaridad cultural de esta ciudad?

PSD: Bueno, la cultura de Zamboana es una cultura construida, influida, no sólo pero sí en buena parte, por la presencia de los españoles, que han conseguido traer y mantener su lengua en esta forma criolla llamada chabacano. Muchas familias son el fruto del mestizaje entre españoles e indígenas. El chabacano se ha difundido de forma espontánea, es la lengua de la gente. A mi parecer antes el chabacano era más próximo al español, ahora que ha habido mucha inmigración bisaya se ha mezclado con otros idiomas.
      El gobierno local ha hecho muchos esfuerzos para poder mantener viva la lengua porque es una cuestión de orgullo, de herencia, de heritage, de patrimonio cultural. Celso Lobregat, alcalde de la ciudad de 2004 hasta 2013, ha conseguido proponer para Zamboanga el título de Ciudad latina de Asia. Esto ha provocado reacciones contrapuestas: si por un lado ha vuelto a lanzar la imagen de la ciudad a nivel no sólo nacional sino también internacional, por otra parte ha provocado el disgusto de los que no se identifican con esta etiqueta.

AG: Digamos entonces que se han dado pasos hacia la defensa del patrimonio cultural.

PSD: Sin duda alguna. Hace unos años el gobierno votó una ley según la cual la lengua de enseñanza en la escuela primaria tiene que ser el idioma local. Se han identificado trece lenguas vernáculas en todo el país y, entre ellas, aparece el chabacano de Zamboanga. Pues, el gobierno local ha logrado que pasara la idea de que la lengua de esta región es el chabacano.

AG: … y esto parece positivo.

PSD: Sí, sin duda alguna. Noto que están haciendo esfuerzos para preservar su tradición. Hay iniciativas del gobierno como promoción de seminarios, publicaciones de colecciones en lengua, diccionarios, defensa de las costumbres y de las danzas. La introducción de señales en chabacano. Se nota orgullo y sentido de pertenecer a una comunidad. Desafortunadamente, la ciudad está dividida entre quienes quisieran proteger esta herencia y quienes rechazan el origen chabacano por considerarlo pasado. Los chabacanos son el grupo original, como decía, hubo mucha inmigración de las bisayas, por ellos los autóctonos se sienten algo asediados, invadidos por forasteros, digamos así. Por otro lado, no todos los que viven aquí son y se sienten chabacanos.

AG: ¿Existen medios de comunicación que utilizan el chabacano?

PSD: Sí, hay radios y televisiones. Nosotros tenemos un programa de radio que debería ser en chabacano; algunos programas son en chabacano, otros varían según el locutor. Se hace un esfuerzo para mantener una radio en lengua chabacana, digamos que todavía es la lengua del pueblo, que une. Dicho esto, se habla una mezcla de lenguas: cada uno sabe un poco de todo, pero ninguna bien, como en el resto de Filipinas. Y bueno, está claro que a cierto nivel el inglés es la lengua vehicular. Yo diría que Zamboanga es la ciudad más intercultural del país donde se hablan muchas lenguas. Antes Zamboagna se conocía como “Ciudad de las flores”, antes efectivamente era más verde, hoy se pone el acento en su ser
latina.

AG: ¿La oposición a esta identidad latina viene de los musulmanes?

PSD: En cierto modo sí, porque indirectamente es un recuerdo del cristianismo.

AG: Volviendo a la situación actual, ¿cómo se vive hoy en esta ciudad? ¿Es segura?

PSD: Nosotros hemos sufrido un ataque en 2013 lo cual queda como hecho negativo, la división del corazón aumenta; se reconstruyen las casas pero el alma permanece quebrada. Es importante nuestro esfuerzo para suturar las heridas. Mucho dependerá de cómo el gobierno se porte, de cómo logre frenar esta oleada de violencia que llega a través de un mensaje equivocado del islam y depende también de la situación internacional.
      Para mí Zamboanga podría ser un modelo de ciudad desde el punto de vista medioambiental y también de la convivencia civil, pero a veces la política en vez de unir, separa.

AG: ¿Y en esta situación la Iglesia, cómo actúa?

PSD: La Iglesia en general es una iglesia originada por un mundo hispano, ligada en parte a una nostalgia del pasado... creo que la Iglesia debería tener más valor, más coraje y debería ser más capaz de proyectarse en el futuro.


AG: Para concluir me permite una pregunta más personal: ¿tiene nostalgia de Italia cuando está en Filipinas o de Filipinas cuando vuelve a Italia? ¿O ya está a gusto donde sea, o no encuentra su hogar en ningún sitio?

PSD: Me siento como en mi casa en Zamboanga, porque el estar aquí es mi misión, el Señor me quiere aquí. Cuando vuelvo a Italia es un placer volver a ver a mis parientes y amigos pero después tengo que volver. Cuando se ama la misión se ama a la gente con la que se comparte el camino, y se ama todo lo que se hace.

AG: Pues, entonces digamos que la jubilación será en Filipinas, quiero decir que cuando se retire de su ministerio seguirá viviendo sin duda en Zamboanga… Pero, dígame una última cosa: ¿cómo son los filipinos en su opinión?

SD: Sí, Zamboanga es mi hogar. Los filipinos son buena gente. Hay que trabajar mucho para darles motivaciones profundas para que se hagan fuertes, pero se puede trabajar muy bien con este pueblo de manera que ellos mismos consigan cultivar en su corazón grandes esperanzas e ideales. Los filipinos son buenos, se entusiasman fácilmente, pero también se desaniman fácilmente, lo importante es ayudarles a construir valores: hubo siglos de cristianismo pero la espiritualidad es a veces algo superficial y este materialismo de hoy es un gran desafío para la Iglesia, para trabajar realmente en profundidad.


      El poco tiempo pasado en el Harmony Village evidentemente no ha sido suficiente para conocer algo de la importante obra que el P. Sebastiano D’Ambra ha desarrollado en Zamboanga. Es por ello que se ha hecho necesario completar esta conversación unos meses después, en Soave, un pueblo de la provincia de Verona (Italia) conocido por su vino blanco y su precioso castillo medieval. Allí reside la familia del P. Sebastiano.
      Sin duda el P. D’Ambra no es una persona cualquiera, es una personalidad eminente de este mundo islamo-cristiano periférico que entre tímidos, lentos avances y repentinos, violentos pasos atrás, como nos revelan las crónicas de estos meses, anuncia los grandes desafíos de nuestros tiempos el encuentro-conflicto entre culturas y el diálogo imprescindible que toda religión debe fomentar. Su ser eminente se debe precisamente a su voluntad de testimoniar con su vida y su acción durante más de cuatro décadas que una relación de progreso humano entre diferentes comunidades es posible, necesaria y hasta deseable. ¡Gracias P. Sebastiano!

_______________________
1 Del P. Salvatore Carzedda, de su vida, de su misión existe, en la sección Testimoni una bella semblanza en el sitio web Santi, beati e testimoni, de la que aquí, en traducción, se cita una parte.
     Escribía P. Carzedda a propósito de su primera misión en Siocon en los 70: «Siocon ¡es una auténtica desolación! –anota Battore [Salvatore], dos meses después de su llegada a las islas–. Es un municipio al norte de Zamboanga, ciudad de Mindanao, con una extensión parroquial de 4000 kilómetros cuadrados. Se puede llegar aquí sólo por mar porque no hay carreteras. Se coge una especie de bote y si todo va bien, después de unas 10-15 horas se desembarca, en el mar todavía, en otras pequeñas barquitas que llegan a la orilla. ¿Recordáis la película del P. Damián? ¡Pues, exactamente lo mismo! Pero ver la película de Molokai es entusiasmante, ¡no lo es vivir una situación parecida! Parra llegar a las veinte aldeas alrededor, se usan los pies, a veces pequeñas barcas. No hay electricidad ni teléfono. El correo llega casi una vez por semana, cuando sale de Zamboanga la famosa “Lancha”. Pero los de Siocon realmente tenemos suerte porque el correo nos llega directamente en nuestro cuarto: pues, el cartero cuando está libre (muy poco, la verdad) está siempre en nuestra casa. Siocon me da algo de miedo por su aislamiento, pero la gente es pobre, buena, cariñosa, inocente aún de la sociedad de consumo. Después de mucha oración y reflexión, elegimos como nuestro campo de acción precisamente este lugar... fue así que una pequeña lancha nos trajo aquí al P. Sebastiano y a mí, al “centro del mundo”». […]
     «Con el pasar del tiempo –anota el 4 de diciembre de 1978– todo se hace más familiar: el rostro de tantas personas, los problemas de la gente, la lengua, las costumbres, las tradiciones... Siempre más comprendemos que, no obstante las apariencias, ¡vivimos en un mundo distinto! La situación política y económica de Filipinas ya todos la conocen. Seguimos viviendo bajo el régimen militar con la ley marcial de 1972 y parece que el sistema se refuerza siempre más. En fin pues, la gente tiene miedo, se calla y continúa sufriendo su explotación. En nuestra zona pensar en un desarrollo de carreteras, electricidad y de alguna pequeña empresa es todavía un sueño. Ésta es Siocon: totalmente aislada del resto del mundo y de los centros comerciales y administrativos de Mindanao. La gente se apaña la vida como puede. Come arroz, vegetales y pescado, cuando los hay; todos los días... y todos los días lo mismo. El tiempo aquí corre rápido y nos aclara siempre más a nosotros mismos la razón de nuestra presencia aquí con esta gente. Habría mucho que hacer, pero esencialmente nosotros estamos aquí para atestiguar los valores evangélicos y anunciar el mensaje de liberación de toda forma de esclavitud!».
     En 1979 también el P. Antimo llega a Siocon para sustituir al P. Sebastiano que empieza un trabajo más directo entre los musulmanes. El momento es crítico y muy tenso. La guerrilla es activa como nunca en su lucha para la independencia de Mindanao desde el poder central de Manila: «La situación se está poniendo siempre peor y puede que huya de las manos de Marcos que domina el país con la fuerza militar y los “decretos presidenciales”. Toda la vida de esta gente, la cosecha del campo y el fruto de su trabajo, su tiempo libre, la educación, el tipo de desarrollo socio-económico, hasta la gestión de la pequeña propiedad ¡dependen de los... “decretos presidenciales”! El pavor reina soberano y frente a los abusos militares hay que callarse por miedo a la represalia».
     Citas de la página web: ˂http://www.santibeati.it/dettaglio/93567˃