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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Primavera 2019, volumen 6, n
úmero 1



RESEÑAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS


Guillermo Gómez Rivera,
La Nueva Babilonia,
Barcelona, Editorial Hispano Árabe, 2018, 119 pp.

[ISBN: 978-8494498381]


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Bajo el potente símbolo bíblico de La Nueva Babilonia Guillermo Gómez Rivera saca a la luz una recopilación de poemas y antipoemas creados a lo largo de sesenta años, muchos inéditos, en los que despliega las múltiples caras de la resistencia y defensa del español en Filipinas frente a la injerencia neocolonial del inglés. Cada uno de los poemas canta, a modo de elegía, un caso particular de este esfuerzo colectivo. De manera que en su conjunto, el poemario da expresión a las experiencias de los filipinos en los siglos XX y XXI, y da cuerpo a La Nueva Sión, esa patria que pese a no tener asiento en la realidad, nos une a través del idioma y nos permite trascender frente a la confusión babilónica.
      Guillermo Gómez Rivera (Iloílo, 1936) es el principal autor filipino vivo en lengua española. Tras graduarse en la Universidad de San Agustín de Iloílo y en el colegio San Juan de Letrán de Manila, se doctoró en Lengua Española y Literatura Filipina y fue Catedrático de Lengua Española en la Universidad de Adamson hasta 2001. Su actividad literaria comienza en torno a 1960 como miembro de la Corporación Nacional de Profesores de Español, institución que terminó dirigiendo, así como su periódico oficial, El Maestro, además de otras publicaciones como El Debate y el semanario Nueva Era. Asimismo, también fue el responsable de la emisión del programa de radio La voz Hispanofilipina de la DZRH.
      Sobre esta base, ostentó el cargo de secretario del Comité Nacional de Lenguas de la Convención Constitucional Filipina (entre 1971-73), donde defendió la preservación del español. Fue también condecorado en 1977 como “Príncipe laureado de la poesía bisaya” por su producción literaria en dicha lengua. En la actualidad es el miembro decano más antiguo de la Academia Filipina de la Lengua; y asesor cultural del Ballet Nacional de Filipinas Bayanihan.
      Tal polifacética actividad intelectual toma cuerpo en diversas obras de distinto género. Así en teatro destacan la obra dramática El Caserón. Comedia Filipina en Tres Actos1 (1978), reconocida con el Premio Zóbel, galardón literario más antiguo instaurado en Filipinas, que desde 1920 premia la literatura filipina en lengua española; y Por los fueros filipinos2. En poesía despunta Con címbalos de caña3 (2011). En novela, Quis ut Deus?4 (2015) también condecorada con el Premio José Rizal de las Letras Filipinas en 2015. En ensayo y didáctica cabe citar El conflicto de soberanía territorial sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur5 (1984); La literatura filipina y su relación al nacionalismo filipino6 (1984); Español para todo el mundo7 (2000); La falencia filipina y la ruina de la expresión8; The Filipino State And Other Essays. Is Rodrigo Duterte the Savior of the Filipino People9? (2018). Por último, como folklorista, ha publicado los recopilatorios de música tradicional Pascuas en Manila10 (1967); Nostalgia Filipina. Antología del folklore filipino de los siglos XVIII y XIX11 (2007); y El collar de Sampaguitas y Zamboanga Hermosa12 (2009).
      Una trayectoria y una densa producción que enlazan con un pasado no menos comprometido con el español en Filipinas, pues Guillermo Gómez Rivera es sobrino-nieto de Guillermo Gómez Windham (1880-1957), uno de los fundadores de la Academia Filipina y primer Premio Zóbel, en 1922 por La Carrera de Cándida13.
      La obra que nos ocupa, La Nueva Babilonia sale a luz por la Editorial Hispano Árabe, en su Colección Oriente, y se presenta con un prólogo y una nota crítica de la mano de Natalio Hernández y de Paula C. Park, respectivamente. Natalio Hernández, académico correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, nos presenta los paralelismos entre México y Filipinas en cuanto a hispanidad oprimida compartida, y las estrategias aplicables en esta última a fin de recuperar un sentido identitario sobre la base de una hermandad mexico-filipina. Y Paula C. Park, de la Universidad de Wesleyan, nos ofrece una valiosa síntesis sobre la visión crítica del concepto de Hispanidad en Gómez Rivera.
      Es llamativo cómo Natalio Hernández interpreta la obra como “un canto a la reconciliación consigo mismo”, asumiendo que la diversidad de lenguas es enriquecedora; y en cambio Paula C. Park intuya más bien un final de “desesperanza absoluta” ante un inglés que desarticula la identidad filipina. Posiblemente son los dos estados de la misma lucha por el (auto)reconocimiento.
      La Nueva Babilonia se organiza en cuatro secciones: “Filipino soy”, “Loas de expresión aniquilada”, “Intermedio mexicano” y “Super flumina babylonis”.
      La primera se inicia con el poema titulado “Oblación”, en el cual, al estilo de la Ilíada que da comienzo a la leyenda con la invocación de la Diosa de la Memoria como mediadora entre el poeta y el pasado fundador, Gómez Rivera invoca al héroe de la nación filipina José Rizal:




Yo te invoco, Rizal, con el mismo lenguaje.
con que alzaste el emblema de nuestra gloria
pues, es mi anhelo estar en tu mismo linaje;
en tu misma cultura y en tu divina historia.

      Partiendo de esta ofrenda de fe y deseo de comunión, nuestro autor despliega distintas manifestaciones de ese anhelo de reconstrucción de una identidad histórica y dialógica a través del lenguaje. Así encontramos poemas dedicados a personalidades tanto públicas como anónimas, haciendo hincapié en los nombres, apellidos, lugares y fechas de tales expresiones individuales en favor del idioma español, desplegando un mapa visual y concreto de esa patria invisible erigida sobre la lengua.
      Dedicará poemas a autores reconocidos como es el caso de “Gloriosos recuerdos” en honor a Hilario Ziálcita y Legarda, y a su hijo Fernando Ziálcita y Nákpil; o “Historia del cine filipino”, en reconocimiento a Nick Deocampo, autor del libro Cine14; y a personas anónimas como “Retrato de una tía-abuela”, en recuerdo de Doña Luisa Mapa, viuda de José Gómez Virtu, la que siempre vestía el traje filipino; “Por el baile español”, evoca a su primera maestra la sevillana Doña Rosa Jiménez Gayoso de Rivera; y “¿Por qué...?” está dirigido a las monjas y a los sacerdotes filipinos que todavía hablan español. Con la misma habilidad, canta a lugares u objetos significativos, como es “Mariquina”; a la bahía de Manila, “Canto al atardecer”; a la iglesia de Dingle, “La iglesia de mi pueblo”, a “Un crucifijo de marfil”, etc. Concluye esta primera sección con “Un acto de contrición” en el que pide fuerzas para seguir insistiendo en pronunciar la identidad filipina en su lengua propia, pues, tras la lectura nos percatamos de que un idioma entraña significado existencial de múltiples caras, que alberga desde el baile, al cine, al sentimiento religioso, al vestido tradicional, hasta la trascendencia intergeneracional.
      En la segunda parte continúa el paisaje humano, pero ya en clave evanescente, sobre aquéllos que se van y dejan a Filipinas huérfano de fonemas castellanos. Así “Arma certera” se dedica a Brokke Cadwallader por su defensa del hispanismo universal; “Glóbulo Prócer” al Excmo. Sr. don José María Delgado, primer Embajador de Filipinas ante la Santa Sede, por fundar la Solidaridad Filipino-Hispana; “En pos del varón perfecto” a Manuel Bernabé por crear la imagen de la honradez indígena, y un largo etcétera en el que cada identidad dibuja una trayectoria de ida y vuelta y se compone precisamente en la diferencia. De este modo, a través de la lectura de los poemas acabamos teniendo noticia de las actividades en favor del español en Filipinas, unas ya aniquiladas, otras aun insistentes, voces gigantes clamando en el desierto. En esta línea recuerda por ejemplo la actividad del ya fenecido Instituto de Español y Cultura, del periódico Pariancillo de Lipá, fundado por don Emilio Ynciong Cálao; y a la vez reconoce la actividad de la fundación Solidaridad Filipino-Hispana, del Instituto Cervantes de Manila; de la Casa de España en Filipinas; del Premio Zóbel; incluso da reconocimiento a la labor editorial de la Colección Oriente.
      En la tercera parte, “Intermedio mexicano”, tiende puentes entre México y Filipinas en virtud de la hispanidad compartida y la opresión cultural común. Canta tanto a símbolos de unión trascendente como la virgen de “Guadalupe”, como a proyectos de reivindicación del español, como es el Proyecto Saluda de don Álvaro de Vanegas, explicitando ese sentido de fraternidad que se remonta a la Nueva España.
      En la cuarta y última sección del poemario Gómez Rivera retoma el simbolismo bíblico para dar cobertura a los poemas más combativos del volumen. Bajo el título “Super Flumina Babylonis”, en clara referencia al salmo 126 “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos, al acordarnos de Sión”, nuestro autor da expresión a la experiencia de exilio material y espiritual ante la destrucción de paisajes, ciudades, identidades filipinas, inseparable del deseo beligerante de reunificación, con títulos como “El nuevo colonialismo”, “Analfabeto funcional”, “Y nos dicen... (que fue liberación, cuando era reocupación)”; “Tal pueblo, tal gobierno”, entre otros. Es en esta última parte donde aparece el poema “La Nueva Babilonia” que articula toda la obra sobre la esotérica batalla entre las dos ciudades que se reparten los hombres según la codicia. Babilonia, que sería Estados Unidos, representante del mundo denso, material, corrompido; y Jerusalén, la patria filipina, como exigencia ética de reunificación.
      La tradición bíblica relaciona Babel con la confusión de lenguas, un castigo divino por su orgullo idólatra, sin embargo la riqueza lingüística es la clave para sostener la identidad filipina, de aquí que los últimos poemas sean traducciones al español de José García Villa y una loa a Nick Joaquín, ambos poetas filipinos anglófonos. Con tales actos de traducción nos da a entender que la expresión poética de la identidad va más allá de un tratamiento superficial del lenguaje, el acto de traducir es genuinamente filipino. No obstante, no es esa la intención última del autor, sino mostrar la enorme diferencia entre la obra y acción de García Villa, diletante en Nueva York, y el ejemplo inmarcesible de Nicomedes Joaquín.
      En suma, La Nueva Babilonia es un canto a la resistencia del español en Filipinas, un reconocimiento particularizado de cada uno de los esfuerzos pasados y presentes que da continuidad y cuerpo a una identidad filipina dinámica, plural y consistente a través de diversos espacios y distintos tiempos, que corre el peligro de no reconocerse, de olvidar su ser, a causa del obligado olvido del lenguaje; pues como abiertamente dice Gómez Rivera: “como sigan forzando en tus escuelas el idioma del yanqui, será siempre nada más que explotado tu linaje” (p. 97).
      Con estas premisas, apología y elegía, Gómez Rivera nos lega una obra con la estrategia para vencer en la batalla por la expresión: recordar que el sentido es histórico y dialógico, pasado, presente y futuro deben reunificarse cada vez. En el momento en que se seccione el lazo con el pasado, con la identidad histórica, estaremos a merced del liberalismo intrascendente. Así lo expresa en una entrevista concedida a la revista Letralia:




Esta crisis de identidad se está traduciendo, en estos momentos, también en una crisis política que escinde al pueblo filipino entre la clase pobre, que es la inmensa mayoría, y la clase pudiente, que son más o menos cuatrocientas familias, sobre una población total de más de noventa millones. La crisis de identidad se traduce en la falta de idealismo y de conocimiento de sí mismo, por parte del ordinario filipino; pero también, de aquellos altamente educados supuestamente en inglés, que venden el voto al mayor postor15.
      La pregunta sería ¿cómo motivar a la juventud filipina al estudio del español? Desde las condiciones materiales, es cierto que el español como lengua materna desaparece en la Filipinas actual tras un siglo XX completamente hostil, por intervención premeditada estadounidense en la educación filipina. Sin embargo, también es un hecho que se incrementa el uso del español como segunda lengua debido a sus posibilidades culturales y económicas como medio de comunicación internacional16. Quizás podría aprovecharse esta coyuntura y erigir una identidad enfocada al futuro sobre la base de la original construcción (y reconstrucción) de la nación filipina. Aquí es donde Gómez Rivera, ante la carencia efectiva de maestros de español en Filipinas, plantea la posibilidad del esfuerzo inicial conjunto de implementar este tipo de formación, como ya se hizo a principios de siglo en el caso del inglés. Una solución quizás utópica, y precisamente por ello digna de valorarse. Ante la utopía, el sentido histórico de la invocación al héroe de la nación. Si Rizal cantaba en “Mi último adiós” antes de su fusilamiento:




... nada importa que me pongas en olvido,
tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré;
vibrante y limpia nota seré para tu oído:
aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido,
constante repitiendo la esencia de mi fe.

      Guillermo Gómez Rivera corresponde con la actitud que fundamenta su quijotismo doctrinal, pese a los obstáculos, irrenunciable:




Por eso yo te invoco, y lo proclamo, que nada
del nuevo esclavo tengo, porque a ti estoy unido,
Unido en patrio amor, acción y rebeldía;
unido a ti por lazos de patria, lengua y culto.
Como tú, ¡filipino soy en alma y poesía!

ESTHER ZARZO


1   Guillermo Gómez Rivera, El Caserón. La fortaleza escondida. Comedia Filipina en tres actos, Manila, Nueva Era Press, 1978.
2   Por los fueros filipinos, en Edmundo Farolán, Antología del Teatro Hispanofilipino, Narciso, 2017, tomo I,
3   Con címbalos de caña, Barcelona, Editorial Hispano-Árabe, 2016, segunda edición.
4   Quis ut Deus, o el Teniente Guimô, el brujo revolucionario de Yloílo, Manila,The Herald Press, 2015.
5   El conflicto de soberanía territorial sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur/ The Conflicto ver Territorial Sovereignty on the Malvina, Georgias and Sandwich Islands of the South, Manila, [s.n.], 1984.
6   La literatura filipina y su relación al nacionalismo filipino, Manila, Nueva Era, 1978.
7   Español para todo el mundo, Manila, Nueva Era, 1996.
8   La falencia filipina y la ruina de la expresión, en Revista Filipina, Primavera 2016, vol. 3, núm. 1.
9   The Filipino State And Other Essays. Is Rodrigo Duterte the Savior of the Filipino People?, Centiramo publications, 2018.
10   Roberto Buena; Rosario Clemente Zulueta; Pacita Rodríguez; Bermúdez Bros.; Los Tres Corazones, Pascuas en Manila, Manila, El Maestro, 1967.
11   Nostalgia Filipina. Antología del folklore filipino de los siglos XVIII y XIX, Quezon City, Fundación Vibal & SPCC, 2007.
12   El collar de Sampaguitas y Zamboanga Hermosa, Quezon City, Fundación Vibal, 2009.
13   Guillermo Gómez Windham, La carrera de Cándida. Novelas cortas, cuentos y artículos, Iloílo, 1921.
14   Nick Deocampo, Cine. Spanish Influences on Early Cinema in the Philippines, Manila, National Commission for Culture and the Arts, 2003.
15   Letralia. Tierra de Letras. La revista de los escritores hipanoamericanos en Internet, año XIII, nº 195, 15/09/2008, Cagua, Venezuela. Disponible en línea <https://letralia.com/195/entrevistas01.htm>, consulta [03/07/2019].
16   Cf. Isaac Donoso y Andrea Gallo, Literatura hispanofilipina actual, Madrid, Verbum, 2011, p. 38. Así como Isaac Donoso (ed.), Historia cultural de la lengua española en Filipinas: ayer y hoy, Madrid, Verbum, 2012.