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Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Invierno 2017
Volumen 4, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2107, Vol. 4, N
úm. 2

A
RTÍCULOS Y NOTAS
PDF: Notas sobre mi amistad con EFR



NOTAS SOBRE MI AMISTAD CON EDMUNDO FAROLÁN ROMERO

MANUEL GARCÍA CASTELLÓN



Al saber que tú, distinguido amigo, serías receptor de un nuevo premio a tu labor literaria y lingüística en favor del español en Filipinas, mi satisfacción ha sido de lo más sincera. Tú, junto a otros paladines del español que ya se fueron (como Teodoro Kalaw, Jesús Balmori, Claro Mayo Recto, Manuel Bernabé, o Antonio Abad, entre otros), representas la persistencia de la lengua literaria y el sentir hispánicos en aquellas islas que una vez fueron parte de la dilatada España colonial.
      Mi amistad contigo data de la década de los 90, cuando ya estaba en marcha tu labor como docente de español en el hemisferio americano. Fue mi curiosidad por el español de Filipinas la que me hizo recurrir a ti en busca de testimonio e información. Oí tu castizo español al teléfono. Supe entonces de tu labor como pintor, profesor, poeta y dramaturgo tanto en español como en inglés. Posteriormente he sabido que tu vocación por la poesía en español se había despertado en el Madrid de aquella generación de los novísimos. Me dijiste que habías residido en el Colegio Mayor Guadalupe​ y que tomaste cursos en la Facultad de Letras de la Universidad Central. Colaborabas entonces en las páginas literarias de los periódicos que todavía en español se publicaban en Manila, Nueva Era y Nuevo Horizonte.
      Como director que eres de la revista electrónica Revista Filipina, desde la que defiendes la relevancia y la presencia del español en sus islas, diste cabida en sus páginas a algunos de mis artículos sobre literatura filipina, lo cual siempre te agradezco. También te agradezco que me hicieras partícipe de la edición de una de tus novelas, El diario de Frankie Aguinaldo, o que me concedieras el honor de prologar tu poemario Itinerancias. Si la casi totalidad de la literatura filipina tuvo su eclosión con el modernismo, tú ya te alejabas definitivamente de aquel florido mester para representar, en aquellas letras insulares, las posteriores vanguardias de estilos más tersos y directos.
      Hace unos dos años tuve el honor de recibir tu visita aquí en Nueva Orleans, donde pudiste ver que también aquí en Luisiana es evidente la huella arquitectónica del pasado español de esta ciudad, en la que vivo y soy profesor universitario. Por cierto, permíteme recordar que en tiempos del virreinato mexicano, una sección del actual estado de Texas contigua a Luisiana recibió el nombre de Nueva Filipinas; es decir, del tiempo en que los galeones españoles unían Acapulco con Manila.
      Edmundo Farolán Romero, filipino y nieto de andaluces, miembro de número de la Academia Filipina de la Lengua y correspondiente de la RAE, recipiente en los años 80 del Premio Zóbel de Ayala, que ensalza a quienes se distinguen en la defensa del español en Filipinas, eres digno merecedor del galardón que hoy se te otorga. Me congratulo contigo por este reconocimiento a tus propios valores literarios, pero también porque aquí se premia la lealtad de quienes como tú afirman, frente a toda refutación, que una esencia hispánica profunda subyace al ser nacional de Filipinas.