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Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Invierno 2017
Volumen 4, Número 2

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2107, Vol. 4, N
úm. 2

A
RTÍCULOS Y NOTAS
PDF: EF y la literatura neofilipina



EDMUNDO FAROLÁN Y LA LITERATURA NEOFILIPINA

ISAAC DONOSO
Universidad de Alicante



I.   VANCOUVER, LA GUIRNALDA POLAR Y EL CIBERESPACIO

      Se cumplen veinte años desde la creación de Revista Filipina en 1997. Se trataba de una iniciativa precaria, con los rudimentos técnicos que daba entonces una naciente red mundial cuyo acceso era limitado. Había nacido en el ambiente de Vancouver en los años noventa, donde inmigrantes de habla española, pero artistas, inquietos y con una necesidad de expresión dentro de una ciudad cosmopolita, y seguramente fría, empiezan a pergeñar nuevas formas de manifestación, de reivindicación de una unidad cultural en un maremágnum de colores, de lenguas, de unas pocas lenguas, sin duda el español entre ellas. Nace primero una iniciativa emblemática, una publicación electrónica y regular que se viene a definir primero como “La Revista Electrónica de Cultura Hispánica en Canadá”, y después como “La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá. Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante y del Universo Indígena”. Venía a señalar que una redvista era una revista en red, un nuevo baluarte cultural que se arrogaba ser al mismo tiempo vademécum de los tesoros culturales del universo indígena, en la lengua común española. Se trataba de La Guirnalda Polar, creada en 1996 por José Tlatelpas (México, 1953), artista visual y poeta residente en la metrópoli canadiense. Así se definía programáticamente la empresa que nacía en el ciberespacio con vocación universal, adornando con cintas y colores la frialdad física canadiense y metafísica internauta, y reivindicando un espacio para la expresión de las voces menos convencionales:




     Somos casi un puñado virtual de escritores, artistas, fotógrafos, pintores y estudiosos de la cultura, sin más recursos que nuestros sueños. Hoy deseamos descubrir algunas piedras poco conocidas de nuestro rostro y nuestro humanismo, incluyendo aquellas que hoy no se valoran como debieran, por estar rodeadas de los polvos cósmicos de su propia génesis.
     Estaremos cerca del palpitar de las antiguas culturas nativas de nuestro continente, América, y las nuevas culturas que en su mestizaje que le dan su actual perfil. Seremos parte de los sueños y angustias, del acontecer estético de los hispanohablantes. Sin embargo, no dejaremos de lado las culturas europeas que también han conformado el perfil de nuestra idiosincrasia. Y si bien es una revista de latinos residentes en Canadá, estará abierta a la cultura chicana, latinoamericana y española-de-España, entre otras.
     Esta revista buscará mostrar la personalidad actual de América Latina, como vaya saliendo, a veces tal vez en bruto, en su natural vigor y pluralidad. Será una guirnalda popular, no aristocrática, un espacio multicultural.
     El arte y la cultura popular siempre hallarán un espacio en nuestras páginas: tradiciones populares, religión, canciones, alabanzas, el arte conocido por algunos como "artesanía" será tratado por nosotros como cualquier arte prestigiado.
     Intentamos hacer una revista mensual de carácter cultural, principalmente para compartir algo del arte y la cultura que va naciendo. No es nuestra intención repetir alabanzas a las reputaciones hechas ni tratar tan sólo los artistas del pasado. Este es un espacio crítico, abierto y plural, no fosilizado o estéril, sino en continuo movimiento y definición.
     Todos los países hispanohablantes de América, e incluso de otros continentes, nos merecen igual valor e igual respeto. Nuestra intención es ser un espacio para todos.
     Somos solamente hombres y mujeres de maíz en la creación virtual de nuestra cara y nuestro rostro. Desde British Columbia, Canadá, miramos a través de espejos horadados. Hablamos en Nahuatl, Maya, Guaraní, Runasimi, en la lengua de la calle y en el Castilla sobrio, en crecimiento, de Fernán González y los hermanos Carrillo.
     Nuestro nombre La Guirnalda Polar es una referencia a la distinción que en otros tiempos y lugares se les daba a los artistas. En México se les daba a los poetas un collar de jade, ese era su privilegio. A los albatros, ridículos en la tierra y magníficos en la realidad virtual de los espacios, se les da el viento marino. A nuestra comunidad del norte, con tantas experiencias de sufrimiento y heroísmos, podemos darle una guirnalda hecha con su cultura y sus dignos merecimientos históricos.
      Ya, que se haga la voz y la palabra. El color rojo y el color azul. Que canten los pájaros floridos y que vuelen los sueños y las voluntades humanistas de la comunidad hispanohablante que no tienen, ni tendrán, cárcel de idioma, raza ni fronteras.

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Rotativo histórico de La Guirnalda Polar

      Este proyecto contó muy pronto con miembros inquietos de la numerosa comunidad filipina residente en Vancouver o, al menos, se ponía de manifiesto que la voz filipina era imprescindiblemente necesaria dentro de un contexto canadiense. Lo excepcional en este caso es que lo filipino, prácticamente por exigencia, encontraba su ubicación cultural en Canadá dentro de una vinculación latina, hispánica y, si se quiere, hispanohablante, pues el español era la casa a la que el filipino retornaba si quería encontrar Ítaca.

II.   LA EXPRESIÓN HISPANOFILIPINA TRAS 1987

      De hecho así fue, Edmundo Farolán, escritor filipino ‘autoexiliado’ en Canadá, encontró en este hispanismo vancuveriano la razón para volver a la agitación cultural, a dar voz a la ruina posterior a 1987, cuando el español dejó de ser lengua oficial del país asiático tras cuatro siglos. La Guirnalda Polar fue la primera plataforma donde Edmundo Farolán y Tony Fernández publicaron textos en torno a la recuperación de Filipinas para la causa hispánica, en el número 6 de mayo de 1997, dedicado al archipiélago. Poco tiempo después, en verano de 1997, aparecía una revista electrónica nacida en el contexto de Vancouver y exclusivamente dedicada a la causa filipina, Revista Filipina. Una Revista Trimestral de Lengua y Literatura Hispanofilipina, creada y dirigida por Edmundo Farolán. Así se redactaba su primer editorial:




     Desde febrero de este año, Tony Fernández, director de InterPinoy y José Tlatelpas, director de La Guirnalda Polar. Revista Cultural en Español, tuvimos polémicas incansables sobre la idea de comenzar una revista que reflejara el aspecto hispánico de la literatura filipina.
     José Tlatelpas publicó en La Guirnalda Polar: Edición especial sobre Filipinas un número que incluía el Ultimo Adiós de Rizal y artículos que Fernández y yo contribuimos sobre la situación lingüística y literaria de Filipinas.
     Sigo escribiendo mi columna en 
La Guirnalda Polar, “Geometría Luminosa”, donde doy una perspectiva histórica de los poetas filipinos en español. El artículo “Los vanguardistas” y “Los vanguardistas 2ª Parte” se publicó en el número de agosto, y “La poesía hispanofilipina de la edad de oro” está en el número de septiembre. En este mismo número, se publica el artículo de Tony Fernández sobre Castañer, un gran hispanista filipino.
     No vamos a reproducir estos artículos que salieron en 
La Guirnalda Polar, pero en las futuras ediciones, empezaremos a publicar a otros autores filipinos en los diferentes géneros de la literatura hispanofilipina, el cuento corto, el ensayo, la novela, tomando en cuenta, en particular, a las dos novelas inmortales de José Rizal, Noli me tangere y El filibusterismo. EFR2.

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Rotativo de Revista Filipina en su primera etapa

III.  EL PAPEL DE REVISTA FILIPINA EN EL SURGIMIENTO DE UNA NUEVA LITERATURA FILIPINA

      Desde finales del siglo XX y comienzos del XXI todo contribuye a hacer patente la reactivación de cauces y organismos que facilitan la manifestación de la existencia del hecho literario hispanofilipino en un curso de cierta normalidad. Este establecimiento de normalidad ha tenido lugar sobre todo gracias a la actividad de varios canales de difusión imprescindibles a la hora de garantizar la vida y el intercambio cultural en cualquier sociedad. Principalmente, y en su sentido más pleno de dedicación y resultados, se trata del importante, o insólito, caso de Revista Filipina. Es ésta una de las primeras publicaciones electrónicas conocidas, una de las más longevas en la red, editada regular e ininterrumpida desde que fuera creada por Edmundo Farolán en Vancouver en 1997. Si esos criterios de regularidad y permanencia son primeros requisitos académicos de valor y entidad aplicables a las publicaciones periódicas, la revista hispanofilipina por antonomasia los ha ejercido con suma responsabilidad. Y ello probablemente ha sido así no sólo en razón del desarrollo de un trabajo inteligente y eficaz, que desde luego es condición previa, sino también en virtud de haber constituido Revista Filipina, desde su primer día, el órgano y voz de un nuevo fenómeno: la internacionalización de la creación literaria filipina en lengua española. Si bien se trataba de una literatura hecha por filipinos, el receptor había devenido internacional. El fenómeno literario hispanofilipino, haciendo espontáneamente de la necesidad virtud, había encontrado el camino de una internacionalización decisiva para el curso actual y más vivo de su existencia. Pero además, y casi más allá de toda lógica práctica, esto resultaba ser a un tiempo reflejo fiel de un hecho y de su sentimiento consiguiente: la diáspora filipina. No es caso recordar ahora la gran experiencia secular hispánica en cuanto a exilios y diásporas, pero el hecho es que cabe constatar un doble fenómeno por principio novedoso: el uso de nuevos medios de transmisión de la expresión a partir de una capacidad creativa diseminada y ejercida desde fuera de Filipinas.
      Esto ha significado el inicio de un nuevo estadio de la historia literaria filipina, estadio en el cual la comunicación global hace posible un mundo de existencia para la expresión en lengua española. Cuando las prácticas del mercado filipino casi habían alcanzado un ahogamiento por deslocalización, las nuevas y aleatorias circunstancias de ese superior general mercado de la globalización han procurado la condición necesaria de existencia activa a una realidad dispersa que ha vuelto así a adquirir forma localizada. Era necesario, para sobrevivir, superar de algún modo los estrictos límites creados por un estado de cosas cuyo régimen conducía al encerramiento en sentido general y a la dispersión de los individuos tanto interna como internacionalmente. En los bordes del extremo de una difícil supervivencia, la reacción de los individuos ante las nuevas circunstancias ha insuflado el necesario espíritu para un horizonte abierto a multitud de posibilidades, a una nueva época, a una expresión literaria “neofilipina”, por convocar aquí el término usado para el caso por el profesor Pedro Aullón de Haro, y que estudiamos en otro lugar3.
      El concepto de literatura “neofilipina”, resulta notablemente apropiado por cuanto al margen de convenciones estilísticas y de escuela o similares, proporciona una designación más general y asimiladora del rasgo característico de la nueva circunstancia y sus nuevos medios de comunicación, gracias a los cuales ha tenido lugar la transición de una atenazada supervivencia a un mundo de existencia provisto de los imprescindibles requisitos de dignidad y libertad. En fin, el establecimiento de un camino seguro por recorrer y, por tanto, un nuevo momento histórico por completo diverso del anterior, una creación y una recepción desplegables como nuevo modo de vida. El hecho es sin duda más que notable y habrá de requerir especial atención en orden al estudio histórico de la lengua y la literatura y, asimismo, presupone una importante realización de cara al nuevo Filipinismo.
      Ello tiene que ver, pues, con el ciberespacio, los nuevos medios de difusión que éste posibilita y la consolidación del español como lengua clásica filipina y principal opción como segunda lengua del país. Filipinas, que vio inopinadamente alterado el curso de su desarrollo natural, ha de proceder a reinventarse, por así decir, a la reconducción del cauce anegado en un momento en que la lengua española habíase nacionalizado ejerciendo el surgimiento de la filipinidad, de una conciencia nacional segura que permitía a Filipinas avanzar o liderar los movimientos políticos, culturales y sociales de Asia.
      Es el presente un periodo singular de la historia literaria filipina, particularmente en lo que se refiere a lengua española. Cabría decir que en la literatura filipina todos los periodos han sido de uno u otro modo singulares en el sentido de poco regulables, o esperables. Pero lo cierto es que actualmente afrontamos una realidad por completo inédita. De una parte, los escasísimos “últimos autores” que heredaron el desarrollo natural de la literatura histórica filipina (sobre todo Guillermo Gómez Rivera y Edmundo Farolán, a quienes hemos llamado el «Grupo de Dulcinea»); por otra parte la serie de “jóvenes” filipinos que escriben en español característicamente asumiendo la necesidad de manifestarse acerca de la entidad o la posibilidad de una expresión filipina (Edwin Lozada, Gilbert Luis Centina, Daisy López, Elizabeth Medina, Marra Lanot, Paulina Constancia, Macario Ofilada…); en tercer lugar, la suma de autores en especial grado de individualidad, así una figura como la de Luis Eduardo Aute, o la de quienes, por así decir, aparecen de repente, así Benigno Bueno, Virgilio Reyes o María Dolores Tapia, y aun otros que traducen y experimentan en español, como Marjorie Evasco o Noel Ramiscal. El mosaico es extenso y heteróclito, desde Vancouver a Santiago de Chile, pasando por Madrid y Manila: es la complejidad del mundo filipino, de sus migraciones y diáspora, de las dificultades del reconocimiento de la identidad al igual que de la necesaria búsqueda individual de la expresión propia y que, a su vez, encuentra al otro tan lejanamente cerca.
      La literatura hispanofilipina actual, o literatura neofilipina, ya no podrá ser la voz única que manifieste el ser de la nación filipina, pero sí es condición necesaria para una apertura filipina capaz de encontrar la salida del estrecho callejón en que el capitalismo mundial la enclaustró en el siglo XX. Es la historia de un encerramiento conducente a la diglosia y anclado en una malversación intelectual perpetrada entre pensionados e indigenistas. Y de ahí no sólo una necesidad, sino la obligación por parte del mundo hispanohablante de entender también esas otras realidades filipinas, sajonas y vernáculas, que forman el todo ‘archipelágico’ de las letras filipinas.
      Si Guillermo Gómez Rivera ha sido el que hasta el tiempo presente ha seguido animando durante décadas la cultura hispánica en Filipinas, se debe a Edmundo Farolán el fomento de esta integrante cultural desde fuera. En efecto, Farolán ha sido y sigue siendo el autor más prolífico en cuanto a publicaciones literarias en español; precisamente con este fin de promover, difundir y ampliar la audiencia de la literatura filipina tanto del pasado como de hoy, fundó Revista Filipina en 1997. Y precisamente veinte años después podemos decir que no sólo cumplió y ha cumplido su labor, sino que ha dado inicio y voz a una nueva expresión, en circunstancias de completa asunción de su papel marginalizado, soslayado y malversado, en que la ruina cultural del siglo XX dejó a la cultura en el archipiélago filipino. Una nueva expresión, heredera de los Rizales, Rectos y Balmoris, pero con una exigencia inmarcesible para garantizar su existencia, o supervivencia: la paradoja de ser heterodoxos y marginados, escribiendo en la segunda lengua más hablada del mundo. En Filipinas el escritor en español quedó sin audiencia en el siglo XX. Han sido necesarias iniciativas como Revista Filipina para dar forma a un nuevo movimiento ‘neofilipino’, que reconcilie el patrimonio y el legado de la primera República de Asia como continuidad histórica hacia un futuro que le ha sido negado.
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1  Editorial aparecido en el vol. I, núm. 1, de diciembre de 1996, de La Guirnalda Polar.
2  Editorial de Edmundo Farolán, Revista Filipina, tomo 1, núm, 1, verano de 1997: <http://vcn.bc.ca/~edfar/revista/ver97.htm>.
3  “La literatura neofilipina y los dilemas de una nación archipelágica”, en Perro Berde. Revista Cultural Hispano-Filipina, núm. 7, 2018.