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Revista Filipina

Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina

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Primavera 2017
Volumen 4, Número 1

     
Revista Filipina, Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Primavera 2107, Vol. 4, N
úm. 1

ARTÍCULOS Y NOTAS



LA VERSIÓN FILIPINA DE LA VIDA DE DON RODRIGO Y DOÑA JIMENA EN EL REINO DE ESPAÑA: FUENTES, LEITMOTIV Y ORIGINALIDAD

MIGNETTE MARCOS GARVIDA
Ryerson University



Resumen

La vida de Rodrigo de Vivar, así como su origen humilde y sus hazañas, han quedado recopilados en crónicas históricas de España y en diversos cantares o romanceros. Este hecho corrobora la tesis de algunos investigadores de que su leyenda se alimenta de literatura. No hay duda de que sus proezas y su notoriedad trascendieron las fronteras de la Península Ibérica, como demuestran la pieza teatral El Cid, del dramaturgo francés Pierre Corneille o la traducción al alemán de Johann Gottfried Herder. Igualmente, el poema se introdujo en el Nuevo Mundo y en las Islas Filipinas durante la conquista y colonización de estas tierras, donde - incluso - se crearon nuevas versiones de las gestas del héroe castellano. En estas adaptaciones, sus autores tuvieron la posibilidad de transcribir fielmente la vida de Rodrigo o de inventarla, porque su mito era más bien conocido a través de la tradición oral.

Es legítimo pensar que el autor de la versión filipina se habría inspirado en diferentes versiones, es decir, en los romances cantados por los españoles llegados a las islas, y en las obras teatrales locales. En este trabajo, y para comprender mejor la grandeza de este héroe castellano y la universalidad de su figura literaria, he analizado, en primer lugar, las fuentes de inspiración de la versión filipina sobre el romance de Rodrigo de Vivar; en segundo lugar, he examinado ¿en qué consiste el leitmotiv utilizado en el romance filipino?, y por último, he explicado ¿en qué se difiere esta versión de otras?
Palabras claves: romances sobre Rodrigo de Vivar, romances filipinos, influencia española en la literatura filipina


I.  CONTEXTO HISTÓRICO Y TRADICIÓN LITERARIA ESPAÑOLA EN FILIPINAS

     Es un hecho bien catalogado que la historia de Filipinas cambió para siempre con la llegada de Fernando Magallanes al archipiélago en 1521. Sin embargo, numerosos estudios afirman que la vida colonial en estas islas se inicia entre los años 1565 y 1571 bajo el mando de Miguel López de Legazpi. Junto a él vinieron militares, civiles y también religiosos que, por su parte, no desaprovecharon la oportunidad de aprender las lenguas vernáculas en su misión por catequizar a los nativos.
     Los españoles llegados, conocidos también en las islas como kastilas, se maravillaron del hecho de que “era común en todos los filipinos (indígenas) el genio de la raza”, es decir, poseían un talento único para manifestarse en versos, convirtiéndoles a todos en “poetas naturales”1. La mayoría de los tagalos ya sabía leer y escribir en su lengua, como señaló el oidor español Antonio de Morga, en Sucesos de las Islas Filipinas (1609), y también el padre Chirino, en Relación de las Islas Filipinas (1604). Existían en su tradición folclórica las sentencias, proverbios, cantos de mar, guerra y amorosos, y también una especie de farsa y sainete. Sin embargo, las comedias de capa y espada (conocidas como ‘moro-moro’ en Filipinas), y los romances no eran típicos de la cultura indígena.
     Del Castillo y Medina teorizan que empezaron a ser populares las comedias y romances que narraban la victoria de los cristianos sobre los moros2. Según cuentan ellos, el fraile Juan de Salazar había sido testigo de un juego espontáneo de los niños dándoles la bienvenida a los soldados católicos que regresaban triunfantes de las tierras musulmanas. Este incidente fue aprovechado por los religiosos para destacar el poder de los católicos sobre los musulmanes del país. La recitación de estos versos siempre estaba relacionada con grandes fiestas religiosas donde los temas que prevalecían eran las batallas entre los cristianos y los moros que tenían lugar en Europa, nunca en las islas, y por ende, el triunfo de los primeros sobre los segundos. Esta transmisión, de forma oral, del español a decenas de idiomas autóctonos, y la constante interacción entre los españoles y nativos, dio lugar a diferentes versiones, todas ellas adaptadas posteriormente según el motivo que tuviese el recitador. La popularidad de los romances entre los nativos aumentó aún más tras la introducción de la imprenta en el archipiélago filipino, un hecho histórico y muy trascendental para el país que perduró hasta la segunda mitad del siglo XX.
     Así, los romances se convirtieron en un componente habitual del acervo cultural del país. La gente siempre buscaba alguna ocasión, ya fuera para recitarlos en una reunión familiar o presentarlos en una fiesta pueblerina. En cada presentación, dada las características de los romances, la nueva composición adquiere otra forma y se ajusta al nuevo contexto social, cobrando de esta manera vida independiente que promete, a su vez, nuevos desenlaces. Como prueba de ello, la estudiosa del folclore filipino Damiana Eugenio (1987), en su trabajo Awit and Corrido: Philippine Metrical Romances, explica que de los romances españoles más conocidos existen seis versiones del Doce pares, cinco versiones del D. Juan Tiñoso y Florentina, cuatro versiones del Alejandre y Luis, así como tres versiones del Baldovino, Siete infantes y Rodrigo de Vivar.
     La existencia del romance sobre la vida y las hazañas de Rodrigo en la lengua vernácula encierra un significado muy importante para los colonizadores españoles si tenemos en cuenta que su misión no era sólo descubrir nuevas tierras, sino también propagar la fe católica. Los mismos españoles creían que “la Divina Providencia” había establecido este papel para España. Por ello España estaba obligada y se obligaba a difundir la palabra de Dios por todos los confines del mundo. El propósito de esta evangelización era que todas las naciones aceptasen a Dios como el Dios único”3. Esta es una de las razones que hacen que tanto las versiones españolas como la filipina sobre la vida del Cid se caractericen por ser marcadamente religiosas, y en ellas, por lo general, prevalece la voluntad de Dios. Asimismo, enaltecen, hasta el mismísimo nivel de un santo, la vida y las proezas de Rodrigo y su reconquista de España de los musulmanes. Y al igual que ocurre en el Cid, los españoles llegados a las islas Filipinas eran un número bastante reducido en comparación a los indígenas filipinos, muchos de ellos entonces en proceso de islamización. Este hecho no les desalentó, sino que por el contrario, muchos españoles, especialmente los religiosos en su labor y empeñados por aprender las lenguas vernáculas, consiguieron al mismo tiempo convertirlos al catolicismo, haciéndoles creer que se trataba de un “milagro de Dios”.


II. FUENTES DE INSPIRACIÓN DEL AUTOR DE LA VERSIÓN FILIPINA SOBRE EL ROMANCE DE RODRIGO DE VIVAR, LEITMOTIV Y ORIGINALIDAD

     Como ya mencionamos anteriormente, las versiones españolas sobre la vida del Cid se caracterizan por ser marcadamente religiosas, y en ellas, por lo general, y a pesar de su carácter rebelde, prevalece la voluntad de Dios. El romance filipino Relación, vida y trágicos sucesos ocurridos a D. Rodrigo de Villas y Doña Jimena en el reino de España4, como sucede con muchos de los romances y narraciones épicas, es una obra anónima. No hay duda, sin embargo, que el autor, por motivos religiosos, quería destacar la grandeza de Rodrigo, y que gracias a su gran fe había logrado derrotar y subyugar a los no creyentes de la fe católica.
     Tras el análisis de la versión filipina que existe sobre la vida de Rodrigo, podemos afirmar entonces que el autor filipino se podría haber inspirado en algunos romances sueltos y en los romanceros: Agustín Durán, Romancero General o colección de romances castellanos (1849), las Mocedades de Rodrigo, Biblioteca Nacional de París, Romances viejos (que luego fueron recopilados por Ramón Menéndez Pidal), Pliegos sueltos de Copenhague (1637) y British Library (1653), así como en la obra de teatro de Guillén de Castro Las Mocedades del Cid (1605-1615), debido a la gran cantidad de similitudes encontradas en cuanto a sus temas.
     Igualmente, tanto en los romances y la obra de teatro citados anteriormente como en la versión filipina, se pueden observar las diferentes etapas y pruebas por las que D. Rodrigo tuvo que pasar para cumplir con su destino, ya que el ser humano para llegar a un nivel superior tiene que hacer pruebas y superarlas con éxito5.


III. FUENTES DE TEMAS EXISTENTES EN LA VERSIÓN FILIPINA

     De los orígenes de la familia de Rodrigo, de su nacimiento y de cómo había transcurrido su juventud no hay mucha información. No obstante, “lo que la historia calla, la poesía y la leyenda lo rellena”6. Existen romances sobre la existencia de un bastardo en la familia de Rodrigo. Se decía que uno de sus tíos era bastardo, pero en algunos romances sueltos como «Esse buen Diego Laínez», y en la versión filipina, muy de gusto popular, la bastardía se le atribuye al propio Rodrigo:



«Esse buen Diego Laínez»
Al Cid… que era el más chico y bastardo
7.
     En la versión filipina, Diego Laínez, estando de caza, conoció a una villana (pastora), Bárbara de Vivar, a quien le había pedido agua para saciar su sed. Rodrigo fue criado por su madre, Bárbara de Vivar, hasta que el niño tuvo que marcharse para buscar a su padre:



Ng siya,i, dumating sa bundoc at párang    [55]
ay biglang sinumpóng ng malaquing uhao
uala naming batis dapat mainoman
lumingap lingap na,t, macainom lamang.

Ano,i, nacatanao siya,t, nacaquita             
 [60]
niyong isang cubong bahay nang pastora,
siya nga,y, lumapit at naquiusap na
ang ugaling mahal ang ginaua niya.

na cun mangyayari,t, iyong calooban,
camunti pong tubing aco,i, iyong bigyan
at upang mapatid yaring cauhauan.

nang oras ding yao,i, pinag-isang tunay    
 [75]
loob ay nahuli nang loob din naman.

Cahinugang dala niyong mapanganac       
[85]
sa muc-ha nang ama cumuha nang tabas,
magandang lalaqui bininyagang agad
ang ipinangala,i, Rodrigo de Villas.

Al llegar a la falda de una montaña
sintió una sed muy grande,
pero no había ningún lago para beber,
miró en todos los lugares y no encontró nada.

Advirtió de lejos una choza que pertenecía
a una pastora, se acercó a ella y le habló
respetuosamente como era la costumbre
en un noble caballero.


¿sería posible, según su consentimiento,
me ofreciera un poco de agua
para saciar mi sed?

La unión de sus cuerpos reveló el
verdadero amor que sentían.


Desde el primer día que nació,

el niño se pareció mucho a su padre,
enseguida fue bautizado y lo
llamaron Rodrigo de Villas8.
     Siendo aún muy joven Rodrigo tuvo que desempeñar el papel de juez riguroso. Primero, aparece con este talante en el Romancero General o Colección de Romances Castellanos recopilado por Agustín Durán. En esta colección aparece en la Primera Parte de los Romances del Cid, con este título: «El Cid, a los diez años de edad, ejerce el oficio de Juez.-I» (Anónimo). El editor anota lo siguiente, “Así, este romance como muchos concernientes al Cid, aunque escritos en lenguaje antiguo, pertenecen a los dos últimos tercios del siglo XVI... Infiérase del contexto del romance, que al Cid, como por juego, le sometieron a juicio un crimen capital, y que él tomándolo a veras hizo ejecutar su sentencia de muerte contra el reo”9.
     Y este mismo tema volvió a aparecer en el romance «No me culpes si he fecho», en la segunda mitad del siglo XIX, en las recopilaciones que hicieron Carlos de Ochoa y Michaelis de Vasconcelos10. La lectura de los pliegos sueltos, que se encuentran en la British Library y Copenhague, aclara que la leyenda sobre la infancia del Cid continúa o se inventa. Este hecho no es novedoso, no es que éste juzgue a un criminal como apuntaba Durán en el Romancero General, sino que juzga y castiga severísimamente a otro niño. Aquí es donde el autor se permite la licencia de introducir el tema de las quejas de la madre, estableciéndose de esta forma un paralelismo con las famosísimas quejas de doña Jimena:


«Otro romance»

No me culpes si he fecho /mi justicia y mi deuer
maguer que siendo pequeño /me nombrastes por juez.
Entre todos me escogistes /por de más madura sien,
porque fiziese derecho /de lo fecho mal y bien
[…]
Assi fize esta uegada, /yo cuydo que fize bien,
que sigo en aguelo honrado, /que nadie se quexo del.
Esto dezia Rodrigo /afinojado ante el Rey,
delante los que juzgaua /antes de los años diez
11.


«Romance Primero» de los Pliegos sueltos
de la British Library (1653) y Copenhague (1637)

vn niño muerto en los braços               
 [10]
atado al cuello un cordel.
El rey espantado desto,
con gana de lo saber,
[…]
Luego respondió la triste.
Sabràs que jugando ayer
este niño con los otros,
/ue juego pesado fue
Este que llaman Rodrigos,                     
[15]
que tigre deue de ser,
[…]
No me dexeis por muchacho                 
[25]
de tomar mi parecer,
que los niños, los locos
no dizen más de lo que es.

Aurà como quinze días
que dado cargo me fue
por otros los de mi tiempo
de hazer oficio de juez.
[…]
Que el arbol que al principio                 
 [45]
es malo a mi parecer,
para que no ocupe el puesto
es bien cortalle los pies.
Aquesto fizo Rodrigo
antes de los años diez
12.





La versión filipina

At sa paglalaro niyong mga báta              [110]
may isang nahalong ugaling masamá,
ang batang manalo sa canilang digmá,
ay doon hahalo at sasalamúha.

Cay Rodrigo naming matantó ang bagay
[115]
gaua sa ganitong catuaan,
pinasungaban na at ipinabitay
at nang hindi baga siya,i, pamarahan.

Sabihin pa ngani ang mga pagsungab     
[120]
ang liig ng bata,i, tinaliang caguiat,
sa cahoy sinabit biglang itinulac
na nagquiquisay na,t, hininga,i, nautas.



Entre los niños que jugaban,
había uno muy soberbio que
quería que los demás siguieran
al niño vencedor.

Al oír Rodrigo la propuesta
y el atrevimiento del otro,
mandó detenerlo y ahorcarlo
para que nadie imitara tal comportamiento

Se puede decir que ató el cuello
del niño, lo colgó de un madero
y luego lo empujó quedando su cuerpo
temblando hasta el último suspiro.
     La prueba del padre a sus tres hijos, ¿quién de los tres sería el mejor para vengar la deshonra sufrida por parte del Conde Lozano? En las versiones citadas abajo, Diego Laínez llamó a sus tres hijos para comunicarles que no se encontraba bien y les mandó acercarse. Al primero le dio una bofetada, al segundo y al tercero les apretó muy fuerte la mano, y cuando iba a morderles, Rodrigo le amenazó con darle una bofetada. Esta amenaza fue suficiente para convencer al padre de que Rodrigo era el ideal para vengar la deshonra que había recibido del Conde Lozano. También demuestra el aprecio especial que sentía el conde hacia Rodrigo en comparación a sus otros dos hijos:



Durán, «Esse buen Diego Laínez», Rosa Española, Timoneda, 725, vv 25-42

Tomóle el dedo en la boca
fuertemente le ha apretado
con el gran dolor que siente
un grito terrible ha echado
[…]
Al Cid metiera el postrero
que era el más chico y bastardo,
tomóle el dedo en la boca
fuertemente le ha apretado,
con el gran dolor que siente
un bofetón le ha amagado.
[…]
Aflojad, padre, le dijo,
si no, seré mal criado
13.


«Cuidando Diego Lainez», Romancero General,
Historia y Romances del Cid
, vv. 45-50, 53-56

Soltedes, padre, en mal hora
soltedes en hora mala,
que a no ser padre, no hiciera
satisfación de palabras,
antes con la mano mesma
vos sacara las entrañas.

llorando de gozo el viejo
dijo: fijo de mi alma,
de tu enojo me desenoja
y tu indignación me agrada
14.


Las Mocedades del Cid

ACTO I

Diego Laínez        ¡Ay, hijo! Muero…
Rodrigo                ¿Qué tienes?
Diego Laínez        ¡Pena, pena, rabia, rabia!

(Muérdele un dedo de la mano fuertemente.)

Rodrigo                (...)
                            ¡Soltad, padre, en hora mala!
                            ¡Si no fuérades mi padre                          
 [470]
                            diéraos una bofetada!

Diego Laínez      ¡Hijo, hijo del alma! (...)
                            Hijo, esfuerza mi esperanza
                            y esta mancha de mi honor,
                            que al tuyo se estiende, lava,
                            con sangre; que sangre sola                    
 [490]
                            quita semejantes manchas. (...)
                            a ti te toca, Rodrigo.
                            Cobra el respeto a estas canas
15.              [505]





La versión filipina

Anac co sabi ay tauaguin ninyo
siya nang pagdulong nitong si Rodrigo,
bagaman at siya,i, hindi heredero
siyang magmamana nang carangalan co.

Ang tugon nang ama bunso,i, ualang iba  
[395]
tinic sa bibig co ay hindi macuha,
ani Rodrigo nga,i, bibig po,i, inganga
biquig mo,i, cucunin nang guminhaua ca.

Mana,i, pagcapaso daliri,i, quinagat          
[400]
nang caniyang ama na lalong malacas,
pasigao ang uica na ipinahayag
binunot ang puñal tuloy isinacsac.

Cundangan aniya icao ay ama co               
[405]
ano pong dahlia,t, aco,i, quinagat mo,
cun icao,i, naapi nang alin ma,t, sino
pilit magbabayad ngayon sa camay co.


Llamad a mi otro hijo, y
en seguida se acercó Rodrigo,
que aunque no es mi heredero
es él quien me devolverá mi honor.

Tengo un hueso atragantado, respondió
el padre, entonces Rodrigo le pidió que
abriese la boca para poder sacárselo y
de esa forma se sintiera mejor.

Al introducir el dedo en la boca del padre,
éste le pegó un mordisco tan fuerte, que
el pequeño sacó su puñal y le amenazó
con matarlo.


Usted puede ser mi padre pero no tiene
derecho a morderme, si alguien le hace
sufrir, dígame de quién se trata y verá como
paga ahora mismo con mi propia mano.
     No obstante, cuando Rodrigo se enfrentó al conde Lozano en su casa, éste lo menospreció por su juventud y aparente inexperiencia.



Las Mocedades del Cid

Acto I

Conde             Quita, rapaz… ¿puede ser?
                       Vete, novel caballero,                  [775]
                       vete, y aprende primero
                       a pelear y a vencer (...)
                       Deja agora tus agravios,
                       porque nunca acierta bien
                       venganzas con sangre quien
                       tiene la leche en los labios.         
[785]

Conde            Rapaz con soberbia de gigante,
                       mataréte si delante
                       te me pones; vete en paz…
                       Vete, vete, si no quieres             
 [810]
                       que como en cierta ocasión
                       di a tu padre un bofetón,
                       te dé a ti mil puntapiés
16.





La versión filipina

Uica ni Luzano abá bátang pahát       [535]
mapatay man quita,i, alangan pang bayad
sanglibong gaya mo,i, di pa macatumbas
niyon aquing asong pinatay mo sucáb.


Entonces Luzano le dijo, eh, tú, mozalbete
flacucho, si te mato, tu vida no basta como
pago, ni miles como tú recompensarían
la vida del perro mío que habías matado.
     Tras el duelo con el conde Lozano, padre de Jimena, y conocido como el conde Gómez en los romances españoles, el joven Rodrigo empieza a destacar por su valor y osadía. La obra de teatro de Guillén de Castro y la versión filipina también coinciden en la edad del joven héroe: trece años.


«Rodrigo mata al conde don Gómez», Las mocedades de Rodrigo

A los nueve días contados cabalgan muy privado            
[315]
Rodrigo fijo de don Diego, et nieto de Laýn Calvo
Et nieto del conde Nunno Álvarez de Amaya et vis-[nieto del rey de León,
Doze annos avía por cuenta, et aún los treze non son…
17

«El romance primero dice como el Cid vengó a su padre»

Pensativo estaba el Cid
viéndose de pocos años
para vengar a su padre
matando al conde Lozano

no cura de su niñez,
que en el alma del hidalgo
el valor para crecer
no tiene cuenta a los años
18.





La versión filipina

Aco,i, si Rodrigo na batangbata pa         [451]
labing-tatlong taon ang edad cong dala,
anac nang pastora at tubo sa villa
ang conde Laynes ang poon cong ama.

Sa gayong cabata at pahát na pahát         
[655]
labing tatlong taón ang caniyang edad,
totoong matapang malicsi,t, malacas
sa conde Luzanong búhay ay inutás.


Soy Rodrigo, y muy joven, con tan sólo
trece años llegué aquí, soy hijo de una pastora de una villa,
y el conde Laynes es mi padre.

Pese a su juventud y delgadez,
trece años era su edad,
verdaderamente valiente, rápido y fuerte
la vida del conde Luzano quitó.
     Después de la muerte de su padre, Jimena va a quejarse al rey. En las versiones existentes Jimena clama justicia al rey por haberse quedado huérfana y por encontrarse sola y desamparada. En algunas versiones ella misma le ruega al rey que le ofrezca a Rodrigo como marido por ser el asesino de su padre. También en otro manuscrito, conservado en la Biblioteca Nacional de París, el rey le sugiere que se case con Rodrigo. Esto mismo ocurre en la versión filipina.


«Tercer romance»

―Yo te lo diría rey,
como lo has de remediar
[…]
y al que mi padre mató
dámelo para casar,
que quien tanto mal me hizo
sé que algún bien me fará
19.

Mocedades de Rodrigo

«Rey, duenna só lazrada,                   et avetme piedat,                 
[365]
orphanilla finqué pequenna               de la condessa mi madre;
príssome mis hermanos                      e matóme a mi padre;
a vos que sodes rrey                           véngome a querrellar;
sennor, por merçed,                            derecho me mandat dar»

«Merçed, dixo, sennor,                       no lo tengades a mal:
mostrarvos he assodegar a Castilla,   e a los reynos [otro tal:      
[375]
datme por marido,                              aquel que mató a mi [padre»
20






La versión filipina

Ang pagparito co bunying pinopoón             [780]
oh sacramajestad aquing panginoon,
ito pong habla co,i, cun cahima,t, bisól
sa iyong general tampalasa,t, pusóng.

Di co inaalis pinatay man niya                       
[785]
dinaíg sa lacas ang poong cong ama,
ay ang paralitang guinaua pang isa
pinutol ang ulo,t, cun saan dinala.

Ang utang mong búhay sa mahal na conde   
[835]
bayaran ng sinta cun baga,t, magyari,
ang condesa naman ng hindi maapi
at masunod ninyo ang gauang mabuti.


Estoy aquí delante de usted gran rey,
oh sacra majestad mi todopoderoso,
le hablo a usted y aunque le da lo mismo
a su general déspota y guasón.

No niego que quien lo había matado
era más fuerte que mi gran padre,
pero no puedo aceptar que lo decapitara
y luego llevara la cabeza por todos sitios.

La vida del conde que ahora debes
págala con amor y cariño para que
la condesa no se sienta afligida
y continúe con sus buenas obras.
     Por su parte, Rodrigo no ve nada injusto sobre el duelo con el conde Lozano. En las adaptaciones mencionadas, Rodrigo le dice claramente a Jimena que no siente ningún remordimiento porque lo mató ‘de hombre a hombre’:


«5º romance»

―Maté a tu padre, Jimena,
pero no a desaguisado,
matéle de hombre a hombre
para vengar un agravio.
Maté hombre y hombre doy,
aquí estoy a tu mandado;
en lugar del muerto padre
cobraste marido honrado
21.





La versión filipina

Ualang casalanan ang conde Laynes         [805]
sa condeng Luzanong hinalay inamis,
itong condeng anac nagsacdal na tiquís
ang hingi justicia at daang matuid.

Di co mahatulang alisan ng búhay            
[810]
ang condeng amá mo,t, siya cong general,
ang uica co baga,i, sa tapang magdaan
cun sinong manal,i, siyang mag-general.

Naglaban nga sila sabihin ang dahás         
[815]
ang condeng amá mo,i, quinulang ng pálad,
anong gagauin mo,i, signos at planetas
dapat ngang sisihin ang caniyang armas.


El conde Laynes no le debe nada
al conde Luzano, ya muerto y decapitado,
este conde hijo lo hizo para hacer justicia
y enderezar el camino.

No podía impedir que le quitara la vida a tu padre
el conde y a mi entonces general,
les dije que la valentía y la fuerza establecería
el ganador, y ese sería al final el general.

Lucharon con mucha fuerza y bravura,
pero a tu padre el conde le faltó suerte,
qué podemos hacer, no le eches la culpa a los
signos y a los planetas, sino a sus armas.

     Después de casarse con Jimena, Rodrigo empieza a prestar sus servicios al rey español, y tras servir fielmente al rey en las guerras contra los moros y turcos, es armado caballero y general.


Mocedades de Rodrigo

[860]      Essa oras dixo el rey: «Seyas bien aventurado
             mas sey alferze de mi senna: siempre te lo avré en [grado,
             et sy me Dios torna a Espanna, syempre te faré algo»

             Allý dixo Rodrigo: «Sennor, non me serýa dado
             do está tanto omne rrico e tanto conde, et tanto po [deroso fijo de algo,
[865]      a quien perteneçe senna de sennor tan honrrado:
             et yo só escudero e non cavallero armado.
             Essas oras Rodrigo atán apriessa fue armado,
             con trezientos cavalleros quel bessavan la mano
22.




La versión filipina

Pinagcayarian ng boong consulta             [675]
ang conde Rodrigo,i, siyang general na,
ng arao ring yaón ay dinapit siya
ng tanang consejong doroon sa junta.

Lahat nang consejo,i, pinagcayarian        
[695]
ang conde Rodrigo,i, siyang mag-general,
pasiya,i, inibig nang sang-caharian
tuloy nangag-fiesta nang catotohanan


Se pusieron de acuerdo en la consulta y
al conde Rodrigo lo nombraron general,
ese mismo día se fue a verle
todo el consejo que asistió la junta.

Todo el consejo acordó, al igual
que el reino, que el conde Rodrigo
fuera el general nombrado, tras lo cual,
prepararon una verdadera fiesta.
     Rodrigo, el más fiel vasallo del rey, lucha contra las exigencias y tributos de los turcos al reino y también enaltece el papel del reino en el mundo y entre los reinos católicos. Él no acepta que su rey fuera considerado inferior a otros reyes. Así que tras percatarse del lugar que ocupaba el monarca en el concilio de los reyes católicos, Rodrigo, muy enfadado, decide colocarlo en un sitio más elevado. La versión filipina, además de lo que ocurre en el cónclave entre los reyes católicos, narra también el episodio del rey castellano arrodillado frente del rey turco. Este ademán provoca que Paderes, que era para Rodrigo casi como un hermano, lo ubique de tal manera que enaltezca su figura:


«7º romance»

En la iglesia de San Pedro
don Rodrigo había entrado,
viera estar las siete sillas
de siete reyes cristianos;
viera la del rey su señor
un estado más abajo.
Vase a la del rey de Francia,
con el pie la ha derribado;
la silla de oro y marfil
hecho la ha cuatro pedazos;
tomara la de su rey
y subióla en los más alto
23.





La versión filipina

Maharap sa hari ay nagbigay galang          [1165]
guinanti rin naming pinasalamatan,
di pa nagsasabi ñg sadya at pacay
dalauang rebulto mana,i, nalingonan.

Ang dalauang ito,i, caguiláguilalas
isa,i, nacaluhód may coronang hauac,
itong si Paderes pagdaca,i, nañgusap
biglang itinanong niya,t, siniyasat.

Totoo ñga,t, sila,i, tig-isang corona            
[1175]
dapua,t, sa ulo,i, may putong ang isa,
saca itong isa,i, na sa camay niya
na iguinagauad na panicluhód pa.

Anang emperador ang uica,i, ganito          [1180]
yamang di mo batid ay sasabihin co,
yaong nacatayó ang aquing rebulto
at ang nacaluhod ang monarca ninyo.

Manang isang arao ay damayang lahat      [2065]
ang tanang monarcang sacdal nang dirilag,
haring D. Octavio,i, sumalubong agad
at nangagtuluyan sa estradong salas.

Ng mangagloclocan ang tanang monarca  
[2070]
hari sa España,i, huli sa lahat na,

Binuhat pagdaca general Rodrigo              
[2085]
ang sillang uupán ng haring Octavio,
sa caibabauang calac-hang estrado
doon inihanay sapagca,t, famado.


En presencia del rey, hizo una reverencia, mostramos nuestro agradecimiento y
aún sin decir su propósito ni intención,
de repente notó que habían dos estatuas.

Ambas eran horrorosas y terroríficas,
la primera mostraba un hombre arrodillado sujetando una corona. De repente, Paderes las observó con mucha curiosidad.

Es verdad que cada uno tiene una corona,
El primero merece tener su corona en la
cabeza, pero el otro la tiene en su mano
ofreciéndola al otro que está arrodillado.

Lo que dijo el emperador fue lo siguiente:
ya que no entiendes nada te lo explicaré.
el que está de pie soy yo
y el que está arrodillado es tu monarca.

Cierto día todos se reunieron,
los monarcas, los magníficos,
el rey Octavio atento les dio la bienvenida
y todos entraron en las salas estradas.

Después de sentarse todos los monarcas
el rey de España, se sentó el último

Levantó, de repente, el general Rodrigo
la silla donde estaba sentado el rey Octavio
y la puso en el centro de todo el estrado,
allí la puso por ser afamado.
     Con Rodrigo al frente de la armada española se pone fin el tributo exigido al rey español por los reyes musulmanes. En la Primera Crónica General, capítulo 629, el rey Fernando recuerda la leyenda del tributo anual de las cien doncellas que los cristianos tenían que entregar a los moros en forma de pago. Dichas mozas tenían que ser todas vírgenes y, al menos, la mitad de ellas debería pertenecer a la nobleza. Ramiro I termina con este vergonzoso tributo al derrotar a los moros en Clavijo. Este acontecimiento también se recoge en los romances de Rodrigo, y en ellos fue él mismo quien se encargó de poner fin a esta práctica.


«Quinta lid: tributo exigido al rey Fernando», Mocedades de Rodrigo

que diesse tributo Espanna /desde Aspa fasta en San-[tiago:
el rrey que en Espanna visquiese,/siempre se llamasse [tributario,
e diese fuero e tributo cada anno;
cinco son los rreynados de Espanna,/asý vinié afirmado:
que diessen quinze doncellas vírgenes en cada anno
24.                     [755]





La versión filipina

Na ang dating buis hinihingi nila               [710]
sandaang ducado at mga dalaga,
ito ay ugali mulang talutin na
ang reinong España nang turcong masigla.


Como siempre, el impuesto que exigen
consiste en cien ducados y las doncellas,
ésta es la costumbre desde que fue vencido
el reino de España por los turcos fuertes.
     Además de las semejanzas con los romances ya mencionados también se pueden observar elementos comunes de carácter hagiográfico y fantástico. En la tradición épico-histórica española no se puede ignorar la existencia de una estrecha relación entre los santos y Dios con los héroes escogidos por ellos mismos a los que han dotado de cualidades sobrehumanas. En muchas versiones siempre aparece algún santo que ayuda o alerta a Rodrigo de un inminente peligro. En la versión española, todos, menos Rodrigo, ignoran al viejo enfermizo. Rodrigo, sin embargo, siente piedad de él. Más tarde, éste se presenta como un emisario de Dios tras la imagen de San Lázaro para protegerle. La versión filipina también narra el episodio entre una persona mayor que estaba mendigando por el lugar que debían pasar Rodrigo y sus hermanos. Este es el mismo anciano que le entrega el caballo Bab(i)eca a Rodrigo.



«Encuentro con San Lázaro», Mocedades de Rodrigo

                a la horilla del vado, estava un peccador de malato
                a todos pediendo piedat que le passasen el vado:
[585]         los cavalleros todos escopían, et ývanse d’él arredando.
                Rodrigo ovo d’él duelo, et tomólo por la mano;
                so una capa verde aguadera passólo por el vado
                «¿Dormides, Rrodrigo de Bivar?; tiempo has de [acordado:
                mensajero só de Christus que non soy malato;
[595]         Sant Lázaro só, a tí me ovo Dios enviado25.





La versión filipina

Uica nang matanda,i, mahabag po cayo          [240]
limusan nang baong mga taglay ninyo,
nang maroon lamang ipagtagal aco
nitong cagutuman na dinadala co.

Si Rodrigo namang matimtimang loob           
[250]
ang caniyang púso ay halos madurog,
dalauang tinapay siyang iniabot
núno po aniya icao po,i, magdamot.

Itong si Rodrigo,i, niyong lulusong na            
[300]
matandang sugatin caniyang naquita,
uica nang matanda bunso,i, maghintay ca
aco,i, magbibilin icao,i, manainga.

At itong sabi co,i, pacatandaan mo
Rodrigong mapalad mabait na tauo,
huag magsasaua sa iyong cabayo
sa hapo,t, umaga,i, paliliguan mo.

Icao ay lumacad na magpatuluyan                   
[315]
huag mo rin acong macacalimutan,
at aco sa iyo,i, gayondin naman
casamasama mo sa gabi at arao.

At iyóng matandang doroon sa bátis              
[2805]
na pinangdirihan nitong magcapatid,
si ibá,t, si Jesus na Hari ng langit
sinusuboc silá cun may áua,t, hápis.


Tened piedad de mí, dijo el viejo,
dadme como limosna la comida
que lleváis para poder sostenerme
de esta hambre que tengo yo.

Rodrigo, que lo había observado atentamente, casi se le arrancó el alma,
cortó dos lascas de pan y le dijo:
abuelo, que aproveche, por favor.

Por su parte, Rodrigo, que ya iba a cruzar el lago,
de repente vio al viejo lleno de heridas,
y éste le dijo: joven, espera,
quiero decirte algo importante.

Esto que te voy a decir recuérdalo siempre,
Rodrigo tienes suerte porque eres bueno,
no importunes a tu caballo
siempre báñalo mañana y tarde.

Sigue tu camino
no me olvides nunca,
que yo tampoco te olvidaré
te acompañaré día y noche.

Y aquel anciano que estaba en el riachuelo,
y del que sintieron asco los hermanos,
no era otro sino Jesús, el rey del cielo, que había querido comprobar si tenían piedad y se afligían


IV. LEITMOTIV UTILIZADO EN LA NARRACIÓN DE LA VERSIÓN FILIPINA

     El leitmotiv que emplea el autor en la narración del romance filipino no se desvía de las versiones que ya existían sobre la vida de Rodrigo: el enfrentamiento entre los cristianos católicos y los musulmanes, y cómo el reino de España había recuperado el honor gracias a Rodrigo, el escogido por Dios. Las modificaciones que sufre al ser reescrito no varía ni la estructura ni el contenido de los versos del poema filipino. Se puede argumentar, por consiguiente, que el autor fue muy fiel en cuanto a los temas principales que se abordan en los diversos romances y obras de teatro mencionados anteriormente.
     Es decir, el carácter de Rodrigo, su tenacidad, sus virtudes morales, sus creencias religiosas, la conducta mantenida hacia sus iguales e inferiores, y por último, su respeto al rey, prevalecen en todas las adaptaciones. Igualmente, se hace hincapié en la posibilidad de que cada uno pueda superarse en la vida. Esto último ha quedado muy bien reflejado en los ejemplos enumerados. Recordemos que Rodrigo pasó de ser un ilustre desconocido a convertirse en estandarte de su rey, para más tarde ser nombrado rey del reino de España. Sin embargo, sus logros y triunfos nunca le hacen olvidar su origen humilde como da testimonio de ello la conversación con el recién nombrado Abad de Cardeña: En la torre del alcázar el Cid contemplaba tanta nobleza…, medita: «Antes fui pobre... »26.
     Otra característica bien explotada es el espíritu cristiano de Rodrigo. En todas las versiones analizadas siempre se presenta como una persona generosa y ecuánime. Después de algún combate, tiene por costumbre otorgar el perdón a los soberanos vencidos, aunque eso sí, los derrotados deben convertirse en fieles vasallos y abrazar la verdadera fe, el catolicismo. Asimismo, la raíz de su comportamiento la hallamos en el amor, el matrimonio, la familia, el honor, en la gloria del rey, y sobre todo, en la lucha de los cristianos contra los musulmanes. Tanto su ejemplo moral y social como su espíritu de aventura contribuyeron a la expansión de la fe cristiana fuera de la Península Ibérica.

V. CAMBIOS INTRODUCIDOS POR EL AUTOR EN LA VERSIÓN FILIPINA Y NUEVAS CARACTERÍSTICAS DEL PERSONAJE DE RODRIGO

     Se cuenta que Rodrigo había sido el escogido por Dios para conducir el reino de España a la grandeza:




Sinasabing hayag sa libro,t, historia          
[35]
ang conde Rodrigo na panahong una
talaga nang Dios binig-yan nang gracia
unang nagpalaki nang reinong España.

Según los libros y la historia,
el conde Rodrigo desde el principio
fue escogido por Dios, dotado de gracia,
el primero en agrandar el reino de España.
     Y como prueba de ello, a él le dotaron de ciertas destrezas extrahumanas sólo posibles con la intervención de alguna fuerza divina:




Manang cay Rodrigong ito ay matanao      [1595]
sa de á caballo,i, marami ng patay,
caniyang Babeca,i, pinalucsó naman
siyang sinalacay barcong caramihan.

Sinigauan niya pagtugpá sa dágat              
 [1600]
gumayac na cayo,t, naritó ang limbás,
sagot sa caniya niyong turcong lahat
ngayon nga titingnan ang tapang mo,t, lacas.

Pagdaca,i, minulan ang pagpapamooc
cun itulac niya barco,i, nalulubog,
ipaiitaas at biglang ibagóc
umaalimbucáy boong tubig halos.

Anopa at hindi nahustong maghapon          
[1605]
lumubog na lahat ang canilang daong,
at ualang natira nang taong doroon
balitang Rodrigo,i, inubos linipol.

A Rodrigo se le podía ver de lejos,
iba a caballo y ya había matado a muchos,
hizo saltar y lanzar su Babeca para atacar
una embarcación.

Les gritó al llegar al mar, ¡prepárense!
que ya está aquí el águila, por su parte,
los turcos no se asustaron y le retaron,
ahora comprobaremos tu valentía y tu fuerza.
Inmediatamente empezó a arremeterlos,
sacudía los barcos y los sumergía en el mar,
los levantaba y luego los lanzaba creando
una gran ola que agitaba todo el agua.

Por suerte, aquello no duro todo el día,
todos los barcos se hundieron en el fondo
del mar y no quedó ni una persona allí,
el famoso Rodrigo acabó con todos.
     Y como muestra de agradecimiento por haber engrandecido a España, el rey Octavio nombra a Rodrigo heredero al trono:




Balita sa mundo ang conde Rodrigo           [2605]
at bantog sa tanang reino at condado,
úcol nga at bagay ang corona,t, cetro
dito sa España,i, maguing soberano.

El conde Rodrigo, conocido por el mundo,
y famoso por todo el reino y el condado,
es justo y razonable que la corona y el cetro
aquí en España sea el siguiente soberano.
     Sin embargo, como sucede en casi todas las narraciones populares, ningún héroe, por muy valiente que sea, puede llevar a cabo sus hazañas sin la ayuda de otro personaje mortal. Paderes, (de paredes, nombre metafórico referido a las personas en las que se puede apoyar), era para Rodrigo como un hermano, lo acompañaba en todas las batallas. Antes de morir, Rodrigo lo nombró heredero al trono bautizándole con el nombre de Federico, y le encargó cuidar de Jimena casándose con ella:




Capagdating doon ng mga consejo         [3355]
ay siyang pagtauag ng haring Rodrigo,
Paderes aniya,i, lumapit ca rito
icao nga ang dapat na maghauac nito.

Itóng si Paderes agad ng dumulóg          
[3360]
cay Rodrigong harap at saca lumuhod,
poon co aniya aco,i, alinsunod
sa balang talaga ng iyo pong loob.

Bayaning Paderes ng nacaluhod na
D. Pedro de Villas tinauag pagdaca,
halica aniya dito,i, dumulog ca
anaquin mo ito ng mabinyagán na.

Siyang pag-uiuica ng haring Rodrigo      
[3365]
in nomini Patri et Feliii et Espiritu Santo,
uicang Federicus siyang naguing dulo
na magmulá ngayon icao,i, Federico.

Al tiempo que llegaba allí todo el consejo,
llamó el rey Rodrigo a Paderes,
y le dijo, acércate a mí,
eres el que debe llevar esto.

Paderes en seguida se acercó,
se detuvo delante de Rodrigo y se arrodilló,
mi señor, dijo, disponible estoy,
lo que dicte su voluntad obedeceré.

Paderes, el héroe que ya se había arrodillado,
D. Pedro de Villas, lo llamó sin pensar,
ven aquí, acércate sin temor
toma esto para que te puedan bautizar.

Seguidamente empezó a decir el rey Rodrigo:
in nomini Patri et Feliii et Espiritu Santo,
Federicus, le dijo al final, desde ahora
tu nombre será Federico.
     Y si bien la reparación del honor forma parte de los temas en las versiones españolas, en el romance filipino la madre de Rodrigo también recupera finalmente el honor tras su boda con el conde Laynes, ya que nunca existió ningún impedimento para que esto sucediera porque su padre ya había enviudado el día en que ellos se conocieron:




Acó pó amá co muláng pagcabáta        [2710]
ng magcá-isip na,t, matutong mag-uica,
totoo,t, may inang sa aqui,i, nagpála
ay ualáng masabing amáng nagcalinga.

Ito ang dahilan ng iyong matatáp          
[2715]
damdam ng púso co,i, ualang casing-antac
ang púri ni iná,i, caya nasiualat
dahilan sa aquin ng aco,i, ianác.

Dangal ng iná co,i, tulad sa salamin      
[2720]
lalo sa diamante cun pag-uuriin,
cun cayá nahayág dahilan sa aquin
itó,i, carampatang dapat pag-usiguin.

Ipinagtanong co sa lalong bihasa          
 [2725]
honra ng dalaga cun anóng magandá
ang hatol sa aquin ng santa iglesia
ay sa cay amá rin ang iguiguinhaua.

Sa bagay na itó ng madilidili
tutóp ang dibdib mo magulang cong casi,
pastorang iná cong maralitang imbi
ang puri,i, ibangong mauli sa dáti.

Padre, yo, desde que era niño,

cuando ya supe pensar y aprender a hablar,
es verdad que fui bendecido por tener una madre, pero no pude decir lo mismo de mi padre.

Esta es la razón por encontrarme así,
la tristeza de mi corazón es lo peor, todo
el dolor y la deshonra de mi madre,
fue culpa mía por haberme dado a luz .

La honra de mi madre es como el espejo
de quilates, es mejor que el diamante,
se lo digo porque me corresponde
defenderla y cobrar del culpable lo justo.

He pedido consejo a los entendidos,
la honra de una doncella muy hermosa,
la sentencia de la santa iglesia
hará el mismo bien a mi padre.

Sobre este asunto, no dude ni vacile
prométame, que para mi es casi un padre,
a mi madre pastora y pobre agraviada
devuélvale la honra que había perdido.
     Otro elemento que se añadió a la versión filipina fue la eterna posibilidad de ser perdonado por algún agravio cometido en la vida. Este es el caso del niño que Rodrigo había mandado ahorcar. El jovenzuelo regresa a la tierra convertido en un gigantillo para ayudar a Rodrigo en su campaña contra los turcos. A cambio de su ayuda, el niño le pide a Rodrigo que le ofrezca tres misas a su alma:




Anang gigantillo,i, sucat malimutan      [2880]
yaóng bagang arao na unang nagdaan,
sapagca nga,t, ngayón isa ca ng mahal
dito sa España hari cang marangál.

At pag-isipin mo ang aquing tiniis,        
[2920]
dahil sa confesión na di co nacamit,
ipinahintulot ng Dios sa langit
na dito sa lupa,i, magbalic na tiquís.

Ng mangyari lamang acó,i, macaligtas
ualá nanga cundi tatlóng puóng oras,
at cacaonti na aquing paghihirap
sa tinitiis con dúsang iguinauad.

Sa madlá cong pagál na pinagdaanan     
[2925]
sampó ng servicio,t, tanáng cahirapan,
ngayon ang hingi cong maguing cabayarán
mga tatlong misa acó,i, bahaguinan.

Ang sabi sa bando na ipinalacad            
[2950]
ay siyam na arao na magnonovenas,
ang mahal na hari upang macacauas
sa sálang malaquing quinamtán ng palad.

Preguntó el gigantillo si ya se había olvidado
de aquel día, porque había transcurrido mucho tiempo,
Ahora que eres un noble
aquí en España, eres honrado.

Piensa bien el sufrimiento que pasé
por no haberme podido confesar,
el Dios del cielo me dio permiso para
regresar aquí a la tierra.

Para salvarme por completo, solo
me quedan treinta horas,
ya no tendré que seguir sufriendo
aunque lo había aceptado con entereza.

Con todo el trabajo que he pasado,
con todo el servicio y todo el martirio,
ahora lo que te pido como pago son
tres misas para ofrecer a mi alma.

Lo mando rezar durante nueve
días la novena para que el estimado rey
rectificara el gran pecado que
trágicamente había cometido.
     Igualmente, el culto a la Virgen María y la oración del rosario empezaron a formar parte de la vida cotidiana de los católicos:




Caya ang uica co ngayon ay gauin ta      [930]
ang Santo Rosario at mahal na misa,
sa mapagcandiling cay Sta. María
maguing hagdan natin sa langit na gloria.

At sa sacirficio ng mahal na misa          
[2835]
lubhang mauilihin itong mag-asaua,
ang santo rosario sa hapo,t umaga
siya ngang pasunod sa vasallos niya.

Por eso te digo ahora mismo que recemos
el santo rosario y ofrezcamos una misa
a la santa María para que nos ampare y
sea nuestra escalera hacia el glorioso cielo.

Y el sacrificio que ofrecía en la misa,
era muy devoto este matrimonio,
todo el día rezaba el rosario,
y también se lo exigía a sus vasallos.
     Por último, en esta versión se incluyen algunas de las costumbres de los filipinos cuando están de celebraciones: el repique de las campanas alternado con clarines y chirimías, el retumbe de los fuegos artificiales, la buena música sacada de diversos instrumentos autóctonos y voces. Un ejemplo fueron las celebraciones en el mismo puerto tras la llegada triunfante de los españoles que habían derrocado a los musulmanes en el sur del país.




Sila nga,i, may bihag dalang ilang turcos
manga nagisucong di ibig cumislot,
general Rodrigo hiyao nga,i, matunog
niyong pag vivivang ipinagbabantog.

Biglang sumalubong tanang ejército      
[1405]
na di magcamayao tugtog ng músico,
ang pifano,t, guimbal nagsaliuan dito
sa malaquing tuá ng boong isang reino.

Sabihin pa baga ang pagcacaingay         
[1410]
sa capal ng tauong di magcarinigan,
ang matanda,t, bata ay viva ang hiyao
sa pagvivictoria dalauang general.

También llevaron consigo a presos turcos que
se habían rendido y que no quisieron huir, el
general Rodrigo voceó como un trueno
para hacerles saber a todos de su victoria.

Pronto le dio la bienvenida todo el Ejercito,
el sonido de los músicos se confundían con el
de los pífanos y los tambores que clamoreaban
unidos por la gran alegría en todo el reino.

No se podía describir el ruidoso regocijo,
por la cantidad de gente no se oía nada,
los ancianos y los niños gritaban al unísono
¡Viva!, por la victoria de los dos generales.

C
ONCLUSIÓN

     La versión filipina puede que no sea la más popular de entre todos los romances que sobre el Cid se han escrito y que se conozcan hasta la fecha, por estar, quizá, escrita originalmente en una lengua vernácula prácticamente desconocida y hablada fuera de las fronteras del archipiélago del sudeste asiático. Sin embargo, este hecho no debe ser un impedimento para que los investigadores de la literatura filipina, ya sea en tagalo o español, puedan interesarse por rescatar y analizar sus textos, ya que en ellos se podrá descubrir la gran influencia que ha ejercido la literatura española sobre la tradición literaria filipina. La alteración de algunos sucesos de la vida de Rodrigo en la versión filipina es muy reveladora si se tiene en cuenta que es, en parte, obra de un autor culto, conocedor de los romances españoles. Además, como le tocó vivir durante una época muy agitada debió haber visto la oportunidad para engrandecer las hazañas del héroe castellano al tiempo que ayudaba a legitimar la presencia de los españoles en tierras que una vez había creído en el profeta Mahoma.
     El romance filipino Relación, vida y trágicos sucesos ocurridos a D. Rodrigo de Villas y Doña Jimena en el reino de España, como las otras versiones de la vida de Rodrigo, “no son anti-históricas, ni mucho menos a-históricas, sino que disfrazan la historia del momento con fines propagandísticos de cantar épico: no son una ruina de la épica, sino una innovación”27. En tierras filipinas, el romance se enriquece con términos nuevos, secuencias narrativas y formas particulares, gracias a su carácter permeable. Los romances siempre pasan a formar parte de un pueblo. Son los miembros de ese colectivo los encargados de conservarlos y difundirlos; y al propagarse, primero de forma oral y luego en papel impreso, los poemas se recrean, se enriquecen, cobran nuevas formas, y por ende, se garantiza la perseverancia de un mito. En Filipinas, según hemos podido comprobar durante nuestro análisis, su difusión debe haber sido muy rica y abundante.
––––––––––––––––––––––––––––––
1  Wenceslao Retana, El teatro en Filipinas: Desde sus orígenes hasta 1898, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1909, p. 10.
2  Véase Teofilo del Castillo y Buenaventura Medina, Philippine Literature from Ancient times to the Present, Quezon City, [s.n], 1966.
3  Jack Weiner, De Rodrigo a Rodrigo en el romancero histórico, Kassel, Edition Reichenberger, 2003, pp. 116.
4  Traducción al español del título de la versión tagala “Salita at buhay na pinagdaanan ni D. Rodrigo de Villas at ni Doña Jimena sa caharian nang España por Wenceslao Retana, Aparato bibliográfico de la historia general de Filipinas, Madrid, Imprenta de la sucesora de M. Minuesa de los Ríos, 1906.
5  Arnold Van Gennep, The Rites of Passage, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1977, pp. vvi-4, apud J. Weiner, ob. cit., pp. 113-114.
6  Stephen Clissold, In search of the Cid, Great Britain: Hodder and Stoughton, 1965, p. 26.
7  Durán, 725 apud Françoise Cazal, “Romancero y reescritura d dramática: Las Mocedades del Cid”, Criticón, 1998, núm. 72, pp. 9. Disponible en http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/072/072_095.pdf
8  Traducción de la versión filipina del tagalo al español por M. M. Garvida.
9  Francisco Marcos Marín, “Un romance nuevo de la infancia del Cid en varias versiones”, en Homenaje a Alonso Zamora Vicente, II: Dialectología y Estudios sobre el Romancero, España, Castalia, 1990, pp. 401-402. Disponible en http://www.lllf.uam.es/~fmarcos/articulo/90HAZVromCid.pdf
10  Ibid.
11  Romancero General de 1600, fol. 361. R.b.; v, apud Marcos Marín, ibid., p. 400.
12  Ibid., p. 403
13  Françoise Cazal, ob. cit., p. 9.
14  Ibid., p. 8.
15  Guillen de Castro, Las mocedades del Cid, edición, prólogo y notas de Stefano Arata. Estudio preliminar de Aurora Egido, Barcelona, Crítica, 1996.
16  Ibid.
17  Ibid.
18  Ramón Menéndez Pidal, Flor nueva de romances viejos, Madrid, Revista de archivos, bibliotecas y museos, 1928, p. 163.
19  Ibid, p. 168.
20  Mocedades de Rodrigo: Estudio y edición de los tres estados del texto, ed. Leonardo Funes y Felipe Tenenbaum, Berkeley, Universidad de California, 1963, p. 33.
21  Menéndez Pidal, ob. cit., p. 174.
22  Mocedades de Rodrigo (Manuscrito conservada en la Biblioteca Nacional de Paris), ed. Juan Victorio, Madrid, Espasa-Calpe, 1982, p.73.
23  Menéndez Pidal, ob. cit., pp. 176-177.
24  Mocedades de Rodrigo, ob. cit., 1963, p. 64.
25  Ibid., p. 50.
26  Menéndez Pidal, ob. cit., p. 219.
27  Mocedades de Rodrigo, ob.cit., 1982, pp. xiii-xiv.


BIBLIOGRAFÍA

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Corneille, Pierre (1908), Le Cid, [1636], ed. James Bruner, N.Y.: American Book Company.
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