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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2020, volumen 7, n
úmero 2

RESEÑAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS
PDF: Carlos Prieto, El Océano Pacífico…


Carlos Prieto,
El Océano Pacífico: Navegantes españoles del siglo XVI,
Madrid, Alianza Editorial, 2019 (cuarta edición), 260 pp.
[ISBN: 978-84-9181-498-6]]
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La presente monografía se editó por primera vez en 1972 en la Revista de Occidente y, posteriormente, en 1975 en Alianza Editorial con la inclusión en la obra de los archipiélagos que estuvieron bajo soberanía española en el Pacífico: las Carolinas, las Marianas y Palaos. Y, desde entonces, ha tenido dos ediciones más por parte de la misma editorial dada la magnitud y relevancia del compendio histórico para los estudiosos del legado hispánico de tal inmenso océano: una en 1984 donde se hacen ligeras modificaciones de las notas de pie de página, mapas y apéndices del texto original; y, la última edición de 2019 que mantiene e incide en los cambios de 1984, añadiendo el prólogo de Carlos Martínez Shaw, y que seguidamente nos prestamos a reseñar.
….En este sentido, cabe resaltar la figura e importancia de Carlos Prieto (1898-1991) en los llamados ‘Estudios del Pacífico’ al ser uno de los pioneros españoles en dicho campo de estudio. Tanto es así, que la mencionada monografía fue, durante décadas (y en gran medida aún lo sigue siendo), obra de referencia y de obligada lectura para iniciarse en la investigación de tales lares.
….En cuanto al autor, podemos extrapolar las acertadas palabras que le brinda Carlos Martínez Shaw, referente en los estudios hispánicos en Asia y académico de la Historia, y donde nos lo describe en el prólogo del presente libro de la siguiente manera:




Carlos Prieto, llegado desde fuera de los ámbitos académicos, se convirtió en uno de los pioneros en el análisis minucioso de las navegaciones españoles por el Pacífico a lo largo del siglo XVI. No fue el único, pero sí el que mejor supo poner a disposición de un público amplio una síntesis rigurosa de las principales expediciones y de los más relevantes descubrimientos de nuevas derrotas y de nuevas islas en aquella inmensidad oceánica. Una síntesis que, varias décadas después, no ha perdido su vigencia y sigue sirviendo de pista de despegue para toda clase de trabajos de mayor envergadura (p.10).

….Ciertamente, tal y como se observa en el pasaje del prestigioso académico, Prieto nos lega un manuscrito que nos sitúa de manera sencilla y explica de forma concisa los pormenores e implicaciones que supuso la exploración española del océano Pacífico, conocido popularmente como “Lago español” en el siglo XVI. No en vano, como veremos, serán los marinos españoles los primeros y casi únicos que explorarán dichas aguas en la mencionada centuria. Este hecho no es baladí, pues será Prieto, siguiendo la obra The Pacific Basin. A historical of the geographical exploration (1967) del profesor estadounidense Donald Dilworth Brand (1889-1984), quien ponga el acento en la importancia de la navegación española para comprender la dimensión geográfica del Pacífico, muy menospreciada e incluso ignorada por la historiografía internacional de la época tal y como denunciarán ambos autores. En esta línea, y como muy bien señala su título y decíamos, la obra se enmarca y contextualiza históricamente a lo largo del siglo XVI. Más concretamente, desde el descubrimiento de América (1492) hasta las expediciones del Pacífico Sur (1605-1606).
….Por otra parte, respecto a la estructuración de la obra, ésta se divide en dieciséis capítulos. En este sentido, podríamos decir que los dos primeros capítulos se pueden entender como una introducción al contexto histórico por el que se inicia y rigen las exploraciones (partiendo del descubrimiento accidental de América y sus consiguientes bulas papales que designarán los dominios o límites de la dominación española); luego, tendríamos el cuerpo de la obra que iría entre el capítulo III y XV, los cuales están más orientados a exponer y detallar cada una de las expediciones emprendidas a lo largo de la centuria; añadiendo, por último, un dieciseisavo punto que cierra la obra a modo de conclusión (añadiendo seguidamente una serie de documentos o anexos para completar esta singular investigación). En pocas palabras, la obra se concibe como un gran compendio de empresas geográficas que tienen como fin adentrar al lector de una manera cronológica y específica a los entresijos y vaivenes de la exploración hispánica del Océano Pacífico.
….Ciertamente, se trata de una obra que ilustra y pone en valor las pericias, planes y peripecias de los navegantes españoles que, al servicio de la monarquía hispánica, arrojaron luz sobre un espacio oscuro y lejano del conocimiento occidental de la época.
….En esta línea, los capítulos I y II versan sobre cómo el descubrimiento accidental de América trastocó, y de qué manera, la percepción y comprensión que se tenía en la época sobre el orbe. Tanto fue así, y aunque no lo señala el autor, que tal hecho significó la primera piedra para empezar a discutir la filosofía escolástica primigenia en la Edad Media, junto a la posterior demostración de que la Tierra no es el centro del Universo, que animarán al filósofo francés René Descartes a poner en tela de juicio todo cuanto se enseñaba en las universidades, sustentadas en un teocentrismo dirigido a interpretar las Sagradas Escrituras como fuente de conocimiento, dando paso a un antropocentrismo que, obviamente, ponía al ser humano como punto de partida del conocimiento verdadero. Sea como fuere, este descubrimiento implicó que el Papado establecería unas bulas para repartir lo que hasta entonces no se contemplaba, la existencia de un nuevo continente y un nuevo océano y, al mismo tiempo, animaría a muchos, especialmente a marinos peninsulares, a adentrarse en lo desconocido. De esta manera, los dos capítulos iniciales se podrían contemplar como una introducción a la obra donde Prieto nos circunscribe el contexto y, sobre todo, nos sitúa los lindes y demarcaciones que los exploradores españoles y portugueses debían tener presente tal y como se había refrendado en las bulas papales y, especialmente, en la Tratado de Tordesillas (1494) y en menor medida en el Tratado de Zaragoza (1529), que a grandes rasgos corregía las disfunciones del primero como consecuencia de un mayor conocimiento del medio geográfico.
….Posteriormente, como decíamos, podríamos decir que comienza el cuerpo de la obra (del capítulo III al XV), donde se describen y relatan las expediciones emprendidas por los distintos marinos. Así tenemos un tercer capítulo que narra las exploraciones del litoral americano, empezando por el hallazgo del Mar del Sur por parte de Vasco Núñez de Balboa (1513), así como otros expedicionarios que llegarán a otros enclaves que darán forma al litoral marítimo del continente americano. En este sentido, cabe advertir que la obra presenta un pequeño error tipográfico a la hora de establecer la cronología de dos etapas: “De Panamá al Perú (1322-1332)” y “Del Perú a Chile y al estrecho de Magallanes (1330-1380)”. Obviamente, y posiblemente al transcribir, se ha errado el 5 por el 3 dado que fueron 200 años después (pág. 49). Igualmente, salvo este error fácilmente comprensible, se describe de manera magistral y concisa las empresas que llevaron a mapear el litoral americano.
….Una vez conocido el litoral americano, el autor dedica el cuarto capítulo a “la expedición de Magallanes-Elcano y su primera vuelta al mundo (1519-1522)”, donde describe pormenorizadamente dicha empresa y hace un balance positivo de la misma gracias a: el descubrimiento del estrecho de Magallanes que comunica el Atlántico y el Pacífico; así como el hallazgo del propio Pacífico, las Marianas, Filipinas, entre otros lares para los europeos. Sin contar que realizaron la primera circunnavegación del globo dando por hecho la esfericidad de la Tierra, como también un legado científico sustentado en los datos náuticos, cosmográficos, cartas, libros de navegación, entre otras cosas que Elcano cedió a la Casa de Contratación y que sirvieron de fuente de conocimiento para todo el continente europeo (pág. 76).
….Seguidamente nos expone en el quinto capítulo las “expediciones de Andrés Niño y García Jofre de Loaisa (1525-1530)”, que transcurrirán en latitudes más altas del Pacífico, y donde Carlos Prieto hace hincapié en la figura de un joven Andrés de Urdaneta, famoso por ser el segundo en circunnavegar el globo y sobre todo por hallar la ruta de retorno o tornaviaje entre Filipinas y Nueva España, que desde entonces será la ruta comercial del Galeón de Manila o la Nao de China (pág. 79).
….El sexto capítulo, centrado en las “expediciones de Sebastián Cabotto y Álvaro de Saavedra (1527-1529)”, versa sobre el recorrido de Cabotto por el Río de la Plata; y, sobre todo, de cómo Saavedra, a petición de su primo Hernán Cortés (entonces máxima autoridad de Nueva España), alcanzará las Molucas a través del Pacífico tal y como ordenaba el emperador Carlos V (pág. 91). En cuanto al séptimo capítulo, “expedición de Hernando de Grijalva (1536-1537)”, va en la misma línea que el anterior, Cortés insatisfecho por el trabajo de su pariente Saavedra, y a petición del célebre conquistador Francisco Pizarro, enviará una expedición a Sudamérica que partirá desde ahí a las Molucas. Se cree que durante su travesía divisó las Galápagos y las islas Gilbert, llegando a Nueva Guinea, donde fueron capturados por los nativos y, tras dos años de duro cautiverio, liberados siete supervivientes por el gobernador portugués de las islas Molucas, Antonio de Galvao (pág. 97).
….Una vez renunciado Carlos V a sus derechos sobre las Molucas en el Tratado de Zaragoza (1529), el octavo capítulo se centra en la exploración de las islas del Pacífico a instancias del Virrey de Nueva España Antonio de Mendoza que encomendó a su pariente la conocida “expedición de Ruy López de Villalobos (1542-1545)” y que da nombre al citado capítulo. En dicha empresa se descubrirán las islas Revillagigedo, la isla Los Matalones de las Carolinas Occidentales, Los Arrecifes de las Palaos, entre otras. Al mismo tiempo se visitará parte de las Marshall, Kwajalein, Wotje, Mindanao, Luzón y Sarangán. En esta última isla filipina establecerá una colonia, pero fracasará dada las pésimas condiciones de la tierra (pág. 100). Y desde ahí, Sarangán, enviará a Bernardo de la Torre hacia la ruta del levante en dirección a México, visitando las islas japonesas Kazan Retto, al poco de adentrarse en el Pacífico le sorprendió una tormenta que le obligará a renunciar su viaje a Nueva España. Así, regresó a las Filipinas, siendo el primer europeo en cruzar los estrechos de San Bernardino, entre Luzón y Samar, y de San Juanico, entre Samar y Leyte. Además de ser el primero en rodear la isla de Mindanao.
….Mientras tanto, Ruy López de Villalobos, debido a la falta de alimentos y de hombres, y contraviniendo las órdenes de no tocar territorios portugueses, llegó a la isla Tidore en las Molucas. Allí los portugueses repararon su nave, y desde ahí mandó partir a Iñigo Ortiz de Retes hacia Nueva España, llegando a Nueva Guinea que la bautizó con ese nombre como consecuencia de que veía una gran semejanza entre sus nativos y los de la ya conocida Guinea africana. Tomando posesión de las tierras en nombre de España en junio de 1545. Al poco, Ortiz de Retes decidió volver a Tidore debido a los temporales y al descontento de la tripulación, hecho que supuso nuevamente el fracaso de los navegantes españoles, ya el quinto intento fustrado, para hallar una ruta de Oeste a Este del Pacífico (pág. 101-102).
….Por otro lado, el noveno capítulo versa sobre la “expedición de Miguel López de Legazpi (1564)”, a instancias de Felipe II con el fin de conquistar las Filipinas y cuya flota fue organizada por el experimentado marino Andrés de Urdaneta. La empresa partió desde Nueva España, pasando por las islas Marianas o de los Ladrones, llegando finalmente a las Filipinas. Primero a la isla de Ibabao, el 13 de febrero de 1565, y seguidamente a Leyte y Samar, como también a Cebú donde se fundará la villa de San Miguel el 8 de mayo de ese mismo año (pág. 109). Desde entonces Legazpi comenzará un proceso de conquista de las distintas islas, entre ellas la isla de Luzón y fundando posteriormente la ciudad de Manila. Antes enviará de vuelta a Urdaneta de regreso a Nueva España. Algo que Carlos Prieto analiza en el décimo capítulo, “Andrés de Urdaneta y el ‘tornaviaje’ (1565)”, donde como su nombre indica tratará sobre la ruta que descubrió Urdaneta para cruzar el Pacífico, siguiendo la corriente del Kuro-Shivo en el paralelo 42 y que, desde entonces, será la ruta comercial del Galeón de Manila o la Nao de China que unirá a América y España con Filipinas y China durante los siguientes tres siglos (pág.116). Todo ello tratado de manera exquisita en el onceavo capítulo, “la Nao de Acapulco o el Galeón de Manila (1566-1815)”, y que será la línea de navegación más antigua y duradera conocida hasta entonces.
….Carlos Prieto recurre brillantemente a fragmentos del geógrafo y explorador Alexander von Humboldt para describir la trascendencia y significación de esta ruta para el comercio mundial a principios del siglo XIX. Teniendo como ejemplo la compra de sedas chinas a cambio de la plata americana. En este sentido, se hace en falta en la obra de Carlos Prieto una referencia a que dicha plata será, básicamente, la moneda de real de a ocho, primera moneda global de la historia, y que el fin de dicha ruta comercial, con la independencia de las colonias americanas, provocará una gran inestabilidad en la economía china que la pondrá posteriormente, entre otras razones, a merced del imperialismo europeo. No obstante, se entiende esta omisión dado que la obra original es de 1972 y estos estudios quedarán más fehacientemente contrastados más adelante fruto de una mayor investigación por parte de los expertos españoles.
….En cuanto al duodécimo capítulo, expone las “expediciones por el Pacífico del Sur” y, más concretamente, “las dos de Álvaro de Mendaña (1567-1569) y (1595-1596)”. En esta línea, una vez explorado la zona central y norte del Pacífico, la monarquía hispánica pretendió hacer lo propio con el sur por medio del virreinato del Perú (pág. 124). Se encomendó tal misión a Álvaro de Mendaña, que realizaría dos exploraciones, con 28 años de diferencia entre una y otra, que conllevaron el descubrimiento de las islas Salomón, Marquesas y Santa Cruz (pág. 134).
….Por otra parte, el treceavo capítulo podríamos decir que se caracteriza por ser un inciso en el compendio, ya que se encuentra dedicado a la “expedición de Francis Dranke (1577-1580)”, corsario inglés que hostigó a la armada española, así como a sus dominios, especialmente en el litoral americano. Entendemos que Prieto cita tal expedición al ser el único europeo ajeno a la monarquía hispánica que navegó por el Pacífico y el primer inglés en circunnavegar el Globo tras casi tres años de travesía.
….El catorceavo capítulo, está orientado a detallar los “nuevos reconocimientos de las costas de la Alta California (1587-1602)”, los virreyes de Nueva España establecieron que al regreso de Filipinas el Galeón de Manila aprovechara para explorar mejor la zona en busca de las legendarias islas Las Armenias, según los relatos de la época ricas en oro y plata. Los intentos más destacables serán los de Sebastián Rodríguez Cermeño, explorando la actual California; y, los viajes de Sebastián Vizcaíno llegando al actual Oregón (pág. 148).
….Respecto al decimoquinto capítulo, el autor retoma “expediciones por el Pacífico del Sur (1605-1606)” de la mano del portugués Pedro Fernández de Quirós, al servicio de la Corona española y piloto mayor de la segunda expedición de Álvaro de Mendaña, y que tenía como sueño navegar por el Pacífico sur. Pidió permiso para ello al papa Clemente VIII y al rey Felipe III, quienes ordenaron al virrey del Perú, conde de Monterrey, ayudar en todo lo necesario a Quirós para culminar su empresa. De esta forma, en 1605 partirá su pequeña armada formada por tres navíos, uno de ellos capitaneado por Luis Vélez de Torres, llegando a las Nuevas Hébridas, a la isla de Espíritu Santo, entre otros lares desconocidos hasta entonces. Quirós partió hacia Manila y, entre tanto, Torres descubrirá sin saberlo el noreste de Australia y la parte sur de Nueva Guinea, atravesando el estrecho que hoy lleva su nombre antes de terminar su periplo en Manila.
….Por último, el último capítulo, se erige como la “conclusión” de la obra, que será todo un alegato del autor sobre la importancia de este siglo de exploraciones por parte de los marinos españoles en el Pacífico. No sin atizar a los historiadores españoles de la época por dejar de lado estos increíbles hombres, con sus respectivas hazañas al servicio de España y el conocimiento. En este sentido, refrenda y recoge fragmentos de los trabajos de Alexander von Humboldt y de Donald D. Brand sobre la importancia de la marinería española para conocer las dimensiones del Pacífico y que, a todas luces, fue un “lago español” durante el siglo XVI (pág. 165).
….En definitiva, la obra se erige en todo un compendio donde se pone en valor a cada uno de estos grandes marineros (siendo un manual de referencia); y, sobre todo, sirve de denuncia ante el silencio de la historiografía global y española de la época sobre este arrojo y afán descubridor de los navegantes españoles que conllevó la ampliación de la geografía y los mapas del mundo. Ante todo ello, sólo podemos agradecer que Carlos Prieto abriera una grieta en este discurso hegemónico que menospreciaba la contribución española para hallar los lindes del Pacífico. En pocas palabras, por rendir justicia a los grandes sacrificios y penurias que los citados navegantes hicieron por el bien de la geografía y de la ciencia.

Luis M. Lalinde