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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2019, volumen 6, n
úmero 2

BIBLIOTECA Y ACTUALIDAD



PALABRAS EN EL ACTO DE CONMEMORACIÓN
DE LOS 120 AÑOS DEL SITIO DE BALER

MIGUEL REQUENA MARCO
Asociación Cultural Amigos de la Historia Caudetana

El sábado 19 de octubre de 2019 tuvo lugar en la localidad manchega de Caudete y organizado por la Asociación Cultural Amigos de la Historia Caudetana y la Asociación Nacional Últimos de Filipinas un acto de «Homenaje a los Héroes de Baler por la conmemoración del 120 aniversario en la figura del héroe caudetano cabo don José Olivares Conejero». En este homenaje a los últimos soldados españoles protagonistas del sitio de Baler, reconocidos por el general Emilio Aguinaldo como héroes y origen, por ello, de la Ley de la República de Filipinas n.º 9187 de 22 de julio de 2002 por la cual se instituye el día 30 de junio de cada año como «Día de la amistad hispano-filipina», se depositó ante el nicho del soldado caudetano un frasquito de tierra de la iglesia de Baler, donde estuvo sitiada la guarnición española 337 días. El carmelita P. Alfonso Herrera Serrano (natural de Oropesa, en Toledo) ofició el responso por todos los soldados de Baler, y recordó a su abuelo Narciso Herrera Coronado, repatriado azarosamente de aquella guerra fratricida en 1901. En el acto, celebrado en el cementerio, leí las siguientes palabras:

Nuestro Homenaje

….Cabo José Olivares: En el homenaje que hoy en tu persona tributamos a los Héroes de Baler en el centésimo vigésimo aniversario de la gesta llamada de “Los Últimos de Filipinas”, queremos tener presentes también a todos los españoles que lucharon en Filipinas, muchos de los cuales dejaron allí truncadas sus vidas, y de un modo especial a los caudetanos que militaron en aquellas lejanas islas bautizadas con el nombre de un egregio monarca español, algunos de los cuales no tuvieron la suerte de regresar. Como símbolo de estos, vamos a pronunciar el nombre del caudetano Pedro Antonio Cantero Varela, unos años mayor que tú, que, también comenzando de simple soldado, voluntario, escaló al grado de Teniente de Infantería. En los años 1893 y 1894 fue premiado con dos cruces rojas y Su Majestad D.ª María Cristina le dio las gracias por su actuación en la guerra de África, y después, ya sargento, en junio de 1895 llegó a Filipinas, donde fue nombrado Segundo Teniente y mereció dos cruces y una medalla.
….El 30 de agosto de 1898, tras 79 días de asedio en Santa Cruz con sus tropas, sin tener ya recursos para seguir luchando, firmó las capitulaciones, saliendo de la plaza con los honores de la guerra y sus banderas, pero fueron retenidos como prisioneros. Y a la una de la mañana del día 21 de enero de 1900, tras casi 17 meses de cautiverio, cuando próximo a embarcar cerraba la fila de tropa llevando dos perritos que había criado, al ser estos golpeados por los filipinos para espantarlos, pues los españoles no podían llevarse nada, por un movimiento que hizo para proteger a los perrillos, recibió dos tiros por la espalda quien nunca fue herido ni en África ni en Filipinas, finando su vida cuando aún no había cumplido los 32 años.
….Asociamos, Cabo Olivares, a tu paisano Pedro Antonio, a quien saludaste en aquellas tierras, como símbolo de tantísimos otros soldados españoles destinados a Filipinas, a este Homenaje que hoy te tributamos a ti y a tus compañeros Héroes de Baler, conmovidos y agradecidos.






Al Cabo caudetano José Olivares

Yo no te conocí, Cabo Olivares,
pero sí conocí bien a mi abuelo;
y a través de este familiar modelo
de tu alma me imagino los pilares.

Mi abuelo fue tu caro primo hermano,
y de su misma pasta fuiste hecho;
y por eso imagino que en tu pecho
anidó lo más noble caudetano.

Y decir caudetano es lo mismo
que decir español, van de la mano;
supone, en el fondo, ser cristiano,
sacrificio, nobleza y heroísmo.

Ante tu gesta histórica admirados,
en el lugar final en que reposas
una corona de laurel y rosas
te tributamos hoy emocionados.

Símbolo es el laurel de la alta gloria
del heroico episodio filipino,
que de esculpirse en mármol diamantino
es digno en los anales de la Historia.

Y las rosas que adornan tu corona
de nuestros pechos expresan la afección,
transida de una honda admiración,
que nos llena y embarga y aprisiona.

Y también te traemos un puñado
de aquella tierra que una vez fue España,
y no queriendo que se hiciese extraña,
mostraste ser un español soldado.

Un puñado de tierra filipina,
símbolo de un asedio duro y largo,
un cáliz que bebiste tan amargo
que a la alta gloria militar te empina.

La tierra filipina y la española,
tierra amargosa, y dulce y cara tierra,
mezcla que toda tu existencia encierra,
nuevos matices den a tu aureola.

¡Gloria al buen hijo de la estirpe hispana,
ejemplo excelso de valor y entrega,
que ilustras esta villa, hoy manchega,
y que fue en el pasado valenciana!


Miguel Requena Marco





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