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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2019, volumen 6, n
úmero 2

RESEÑAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS


Raúl Borrás San León,
Esclavos del honor. La epopeya de los Héroes de Baler,
Barcelona, B Ediciones, 2017, 720 pp.

[ISBN: 979-84-666-6231-4]
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Para ser su primera novela, Raúl Borrás, curtido en relatos menores, con incursiones de temática histórica, no ha escogido un tema fácil: es una novela histórica sobre una epopeya de un grupo de soldados españoles, conocidos como los Últimos de Filipinas gracias a una popular película, en el marco del final del imperio español en las postrimerías del siglo XIX. La preparación de este trabajo arranca en 2009, y le ha llevado al autor un largo periodo de investigación en archivos, especialmente militares. Ya tenía a mano la publicación de 1904 El sitio de Baler. Notas y recuerdos, por el capitán de infantería Saturnino Martín Cerezo (teniente al mando del destacamento de Baler) y, mucho más recientemente, en 1998, en el centenario de esta epopeya, apareció el libro Yo te diré... La verdadera historia de los últimos de Filipinas (1898-1998), del periodista Manuel Leguineche. La fascinación del tema ha querido que poco antes de publicar su novela en el 2017, apareciera en 2014 otra novela histórica sobre el mismo asunto, Morir bajo tu cielo, de Juan Manuel de Prada, su mejor novela según la crítica, y en el 2016 el documentado libro Los últimos de Filipinas. Mito y realidad del sitio de Baler, de Miguel Leiva Ramírez y Miguel Ángel López de la Asunción, y Defensa de Baler. Los últimos de Filipinas, que escribió el franciscano fray Félix Minaya, quien, enviado, junto con fray Juan Bautista López, por los insurrectos como emisario a los sitiados para conseguir su rendición, decidió quedarse con éstos, como también fray Juan Bautista, y pasó con ellos la mayor parte del asedio (libro este que ya había consultado Raúl Borrás en forma manuscrita).
….Un destacamento de soldados, que en principio iba a estar dos meses en Baler, por la reanudación de la insurgencia filipina de 1898 tras la paz de Biacnabató, se ve obligado a encerrarse en la iglesia, único edificio sólido en el pueblo, a la espera de una columna de socorro, que no llegará nunca. En un escenario tan reducido como es una iglesia, y por un espacio de 337 días de encierro, que es lo que dura el sitio, y una cincuentena de sitiados, es difícil escribir una novela de 720 páginas como esta sin que haya tediosas repeticiones o largos excursos, y sin que decaiga el interés del lector, que sabe de antemano cuál es el desenlace. Pero Raúl Borrás lo consigue. A ello ayuda también el que el texto no está segmentado por capítulos, sino por días (de las 203 segmentaciones, 38 son anteriores a los días de asedio, y dos posteriores), por lo que no son extensas, y ello hace que la lectura no sea pesada. Muchas veces, cuando no se narra alguna novedad relativa al asedio o incidencias de su vida diaria, sirve de condimento alguna anécdota de los soldados, sin salirse de lo previsible y que podemos suponer en jóvenes soldados. Naturalmente, siendo tantos los protagonistas, no son muchos los que destacan y tienen relevancia en la novela, siendo los principales los mandos, y en menor medida los frailes franciscanos y algunos soldados. Solamente el periodista Higinio no es personaje histórico, introducido para canalizar los intentos de rescatar a los sitiados de Baler, comunicándoles que su lucha ya no tenía objeto, pues que las Filipinas ya no eran españolas (por el Tratado de París, firmado en diciembre de 1898, España había cedido la soberanía de aquel archipiélago a los Estados Unidos de América).
….Pero no todos los días reseñados transcurren en Baler. También hay saltos a Manila y a Madrid, ciudad adonde se traslada desde Baena la mujer del capitán Enrique de las Morenas para solicitar su repatriación, ya que la baja por enfermedad le llegó cuando ya se encontraba de viaje a las Filipinas, lo que da pie para mostrar la mezquindad de políticos y militares, que tanto contrasta con el espíritu de sacrificio del Segundo Batallón de Cazadores de Baler.
….Y también se concede un hueco al diario del teniente Saturnino Martín Cerezo, donde va plasmando sus pensamientos, lo que contribuye también a dar variedad al relato. Son pocos los personajes, como no puede ser de otra manera, en los que se ahonda en su psicología. Todo está muy comedido, y resulta un relato real y creíble. Nos sentiremos sobrecogidos viendo las penalidades pasadas por este grupo de héroes, sobre todo cuando los va diezmando el beriberi y la falta de alimentos, y asistimos al sufrimiento del médico Rogelio Vigil para descubrir un remedio contra el beriberi. También los oprime el calor, la humedad y la lluvia, muchas veces torrencial, que se cuela por el techo dañado por los proyectiles enemigos; pero constatamos también la religiosidad de los soldados, con el rezo diario del rosario, y los vaivenes que va sufriendo su moral a lo largo del asedio, y cómo la idea de la deserción se adueña de algunos. Alternan días de depresión con otros más alegres, amenizados con canciones, no faltando un himno del batallón compuesto por un soldado. Nuestro estado de ánimo a lo largo de la lectura de esta larga novela va al compás del ambiente que reina en el recinto de la iglesia, donde, por otra parte, son enterradas las víctimas de las enfermedades y de las heridas de guerra, cuyas cruces están viendo todos los días, lo que sin duda les hace pensar que les puede tocar a ellos la misma suerte, y ser privados del añorado regreso a la patria y a sus familias. Nos identificamos con el drama heroico que viven estos jóvenes soldados, procedentes de toda España, y seguimos con interés las disposiciones y razonamientos de los mandos, y también sus divergencias.
….A muchos ayudará esta novela a conocer este episodio de los Últimos de Filipinas, del que apenas sólo se conoce el nombre, y a otros a comprenderlo (¿fue una locura?, ¿fue un acto supremo de heroísmo?). La convivencia que, a lo largo de su lectura, haremos con estos jóvenes cazadores en su dilatado encierro de la iglesia de San Luis de Tolosa dejará una huella imborrable en nuestras almas en estos tiempos en que el honor y el sacrificio, lo diremos con una frase muy usada y odiosa, no están puestos en valor. Dentro de la historia militar es un episodio que se estudia en las academias, y dentro de la historia de España no ha faltado quien lo compara con Numancia.
….El título de la novela refleja muy bien la determinación de no rendirse del Segundo Batallón de Cazadores del largo asedio de Baler a pesar del cúmulo de penalidades. Y cuando ya la resistencia, por falta de víveres, es imposible, sólo capitulan si el enemigo insurgente filipino acepta sus condiciones. “Esclavos del honor” es un verso de la marcha con que termina el acto primero de la zarzuela Cádiz, de Federico Chueca y Joaquín Valverde, con letra de Javier de Burgos («¡Y todos con bravura, / esclavos del honor, / juremos no rendirnos / jamás al invasor!»), muy celebrada a fines del siglo XIX, con la que se despedía a los soldados que partían a Ultramar.

MIGUEL REQUENA MARCO