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Revista Filipina
Segunda Etapa. Revista semestral de lengua y literatura hispanofilipina.
Invierno 2019, volumen 6, n
úmero 2

ENSAYO


MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO,
POR MEDIO DE LA ESPERANZA


MACARIO OFILADA MINA

El pensamiento consiste en reducirlo todo al ser, en preguntarse por el ser. La ontología es la ciencia del ser, la tarea del pensamiento. Su culmen histórico era el idealismo, el movimiento en el que todo se reducía a la idea, pues el ser es, ante todo, idea del hecho de que los entes existen (o son) y no de los mismos entes en su existencia (o ser). No es verdad que se haya olvidado la pregunta por el ser en sí sino que se ha agudizado, explicitado. Los entes son seres: es esta la primera parte de la cuestión ontológica. Ahora, se ha hecho más hincapié en la segunda parte: el hecho de ser de los entes que son seres.
….La verdad es que al reducirlo todo al pensamiento nos hemos olvidado de las realidades que son reales o de los que son reales y que tienen realidades. Por eso, somos indiferentes a los grandes problemas de la humanidad: la guerra, el hambre, la pobreza, la destrucción ecológica, la violencia, la intolerancia, el racismo, el odio hacia el otro, etc. Nos dejamos mover, como cuerpos inertes o marionetas, por ideas. Nos dejamos mover por el ser de los seres. En vez de buscar, dejarse mover por la realidad de lo real, por la realidad de lo real de que el ser es una abstracción, pues todo pensamiento es una abstracción. Siendo así, el ser, el objeto de la ontología, es una abstracción de la concreción dinámica de la realidad de lo real, de lo real de la realidad. Dicha concreción es lo que llamamos la experiencia.

Experiencia como mediación
….La experiencia es la mediación de la realidad para que sea real, la mediación de lo que es real para que sea realidad. Esta mediación se hace por momentos. Mejor dicho, se deshace como momentos. La comprensión de estos momentos como conjunto experiencial en que la realidad se revela como real o lo real se revela como realidad es lo que se denomina historia. En efecto, la historia es el sentido narrativo de esta realización experiencial que es la experiencia. Esta es la realización de la realidad como real, de lo real como realidad. Esta realización es un camino. En el caso de cada uno, es un solo camino que dividimos en etapas, fases, dimensiones para poder comprender la geografía de nuestro crecimiento, madurez, para poder marcar sus coordenadas en la misma senda a recorrer que esta vida. Dicho camino que conscientemente o con propósito fijo (que llamamos meta o en su sentido más alto, lo Absoluto o la meta absoluta) se emprende en lo que se denomina espiritualidad: camino del espíritu que se encarna en una persona (o en la persona humana). Espíritu es integridad de esta persona, finita y culpable que tiende a lo Absoluto, con una personalidad o la particularidad específica (con su cultura o nota personal específica). No hablemos de ser humano porque el ser es abstracción de esta persona, con personalidad y que tiene vocación de ser íntegra, en su camino hacia lo Absoluto, que es su espíritu.
….La filosofía como amor de la sabiduría tiene el cometido de comprender esta realización y proponer un modelo de comprensión con alcance global a partir de todo ello. Desafortunadamente, la filosofía ha reducido esta empresa de búsqueda, de caza de la sabiduría que es la realidad vivida como real o lo real vivido como realidad en clave de verdad poseída, asimilada, vivenciada que no es captada (como en la pretensión reduccionista de la ontología) sino que uno debe dejarse captar, poseer, asimilar por ella en clave de verdad vivida en la corriente experiencial que se llama comunión que no es reducción, destrucción, dominio sino que es armonía, servicio, entrega. Mucho más que empatía es comunión. Mucho más que solidaridad es comunión. La ontología, al abogar por el ser de los seres, en lugar de fijarse en lo concreto de estos o en sus momentos concretos como realidades reales o reales realidades, anula toda diferencia; es reducción a la mismidad, a la identidad, a la no contradicción. Es intolerante a las diferencias, diversidades, matizaciones.
….Como espíritus y personas, buscamos un Absoluto que sea personal, que sea persona. La teología es el discurso, el hablar, la Palabra de este Absoluto que es una Persona que es Dios. Este Dios desde mi cultura específica, configurada como confesión (en mi caso personal, cristiana) es uno en tres Personas. Esto se sabe por un don que se llama la Revelación, que es la entrega de la Palabra de lo Absoluto como Espíritu y Persona, que es Dios. Y esta misma Palabra se hizo carne en la historia que es Jesucristo, la Palabra viviente, encarnada. El hablar supremo, encarnado. La teología viviente, única.
….La teología que llevan a cabo los llamados teólogos, muchas veces con evidente falta de humildad, es participación en este hablar, en esta Palabra, en esta Palabra compartida, entregada o revelada. La teología se ha institucionalizado, dentro de la gran narrativa experiencial que es la historia, como palabra del magisterio de la iglesia. Es esta su instancia más alta. La instancia más alta de la verdad cuando es vivida en la historia, en el establecimiento del criterio y la eventualidad de la metamorfosis del mismo en la ciencia llamada criteriología. El magisterio es garante de esta criteriología.

Direcciones
….La vida consiste en descubrir diferentes etapas de un único camino que va dejando ver su propia lógica a la vez que la vamos recorriendo. Es este el sentido de la espiritualidad que se encarga de definir, dar sentido a estas diferentes etapas desde un punto de vista fundamental que es la sabiduría vivenciada históricamente mediante el esfuerzo (filosofía) o la acogida del don (teología). Pero siempre como Palabra que ha de compartirse, difundirse abriendo espacios de diálogo, pues la vida no puede encerrarse en sí misma.
….El diálogo se realiza teniendo en cuenta las direcciones, a saber: de origen y, por otra parte, hacia lo originario. La teología es teológica desde su origen, pues viene de Dios. Pero hacia lo originario, la teología tiene que ser teologal, es decir, la construcción de puentes por el ser humano hacia lo originario que es el origen encontrado en la meta pero ya enriquecido, con una perspectiva y vivencia ya distintos por el recorrido. Lo mismo con la filosofía. Lo filosófico proviene de esa larga tradición de búsqueda, de caza de la sabiduría. Nuestra respuesta como miembros de esta tradición o de la misma confesión de la sabiduría es lo filosofal o lo tendente a esta sabiduría.
….La espiritualidad solo puede ser espiritual, es construir caminos hacia lo originario. La espiritualidad pone de manifiesto que no se trata simplemente de un esquema exitus-reditus o mero regreso de lo Uno hacia lo Uno sino que vuelve a encontrarse el origen, como ya queda afirmado, como lo originario: el origen como meta, desde una experiencia más rica o enriquecida por el recorrido, por la historia que es narración de este recorrido, de esta experiencia que es propia del espíritu.
….El alma de la espiritualidad, que se hace concreta en la mediación de la espiritualidad (camino de la realidad experienciada como real o lo real experienciado como realidad), es la conciencia de la presencia de lo Trascendente en la inmanencia de la historia, contenida en el cosmos, que es la totalidad de todo lo real como realidad o de la realidad como real. Sin lo espiritual, que es el camino de la espiritualidad, la espiritualidad se reduciría en mera espiritualidad o en ontología del espíritu. Esta presencia, que ontológicamente se ha categorizado como presencia de lo infinito en lo finito, es el Misterio. El Misterio es llamada a la participación cuya plenitud es la comunión.

Lo Absoluto y su Misterio
….Lo Absoluto se da, se entrega. Es este su Misterio. El Misterio es presencia. Lo Absoluto hace camino con el hombre, que no es meramente finito sino también culpable, inmanente en sus limitaciones en el cosmos o universo o totalidad del que hace su hogar o lugar habitable o mundo y en el que cultiva, se cultiva o lo que se llama la cultura que es el acto del hombre para ser hombre siendo espíritu, respondiendo a su vocación de ser espíritu con sus propias limitaciones que se definen en su persona y su proyección o personalidad.
….La culpabilidad es limitación del espíritu humano frente a lo Absoluto que se le entrega. Esta culpabilidad es llamada a la acción o al esfuerzo que denominamos responsabilidad, dimensión ética de la culpabilidad.
….Vivimos en el Misterio. No estamos simplemente rodeados de o por él. Nuestro camino, con sus distintas etapas, que con la historia de nuestras vidas transformamos en espiritualidad con dirección espiritual o hacia lo originario consiste en saber participar en el Misterio, que es el ámbito experiencial o de la mediación de lo Absoluto siendo la realidad suprema o en sí como real o lo real supremo o en sí como realidad. Esta mismidad o sí mismo no se encierra sino que se abre como camino, como invitación, como vocación. La vida de cada cual es la respuesta que se configura como historia.
….El Misterio de lo Absoluto es la clave para hacer que lo Absoluto que se esconde se haga más visible en sus varias configuraciones históricas. Este salir de su escondite se ha llamado revelación que es más que desvelación. Es más que desnudez. Es desnudez dirigida cuya cifra audible dentro de la historia, que es ocasión para la escucha, es la Palabra.
….Lo Absoluto ontológicamente tomado es mero Infinito. No es persona. Tal vez sea Espíritu o integridad en sí que se cumple siendo sí mismo a través de configuraciones históricas que ha captado la ontología de manera inigualable, construyendo sistemas que es la reducción del ser a las ideas expresas en clave de lógica que es reducción de la Palabra a su logos o funcionalidad, olvidándose de su encarnación, de su “experienciabilidad” como Realidad que es real y Real que es realidad.

Experienciabilidad
….La experienciabilidad es, ante todo, belleza. Más que fuerza de atracción u orden en sus componentes, lo Absoluto es bello por ser llamada a la participación. La belleza abre muchos caminos que se encarnan en las diversas formas del arte. El arte es, ante todo, vocación de creatividad, de participar en lo Absoluto en la creación de nuevas configuraciones dentro de la historia, creando historia a través de dichas configuraciones. El arte comienza con la estética que es percepción de la belleza por medio de la atracción, por medio de la atracción de lo bello en nuestros sentidos tanto exteriores como interiores.
….La experienciabilidad es llamada. Llamada a la participación. Dentro de la historia, la participación en clave de creatividad se forja en el arte. El arte es el topos o lugar privilegiado de mostrar la presencia de lo Absoluto, pues empieza y termina con el entusiasmo, la posesión por el Dios o Absoluto que —en términos muy en boga en la espiritualidad— es la mística, que es la vivencia de la presencia del Misterio a nivel espiritual y personal. Sin embargo, la mística no debe confundirse con sus fenómenos, que son la manera más usual de registrar la mística en los anales históricos.
….Esta presencia comprobada, sobre todo por las obras o hechos, se configura en Verdad que es presencia efectiva en la historia de lo Absoluto y del que los espíritus participan (participamos). Participar es tomar parte. No tomamos el todo, pues no somos el todo. Solo somos una parte de la realidad que es real, de lo real que es realidad que configuramos como cosmos o universo o totalidad, como mundo como lo habitable y lo efectivamente habitado o vivenciado o experienciado dentro de esta totalidad, como cultura que es lo cultivado o cultivable dentro del mundo cuya expresión máxima es la confesionalidad.
….Esta Verdad es presencia que solo puede ser personal. Por eso es experienciabilidad de la que no puede dudarse. La Verdad, en su asentamiento, en la historia es credibilidad cuya expresión máxima es la ciencia. La ciencia es Palabra de la Verdad en cuanto presencia personal que se confirma mediante su credibilidad. La credibilidad tiene su raíz en la creencia, es levantarse sobre un subsuelo indudable, sobre un fundamento irrevocable que el producto de la efectividad de la búsqueda amorosa de la sabiduría, que es la filosofía.
….La filosofía trata de los fundamentos. No entra en los detalles de las ramas artísticas o científicas como la pintura, la música, la escultura, el teatro, las químicas, la física, la biología, etc. Solo tiene el propósito de fundamentar la especialidad de estos detalles. La sabiduría no entra en los detalles. El demonio está en los detalles. Solo los ángeles menores, y no el dios mismo, entra en los detalles. De ahí el nacimiento de las distintas especialidades, cada una con su propia metodología, por lo que se les denomina disciplinas.
….Y el cultivar subyace a todo este empeño. La cultura es el producto de este cultivar constante con sus incoherencias y inconsistencias que forman parte de las grandes tramas de las que están hechas nuestras historias. La espiritualidad es cultivación. Lo espiritual se realiza mediante la cultivación de sí en clave de integridad con personalidad propia, dentro de la matriz común que es la tradición o el conjunto de lo cultivado o de la cultura que heredamos y que debemos transfigurar para que progrese dentro de la historia, para que haya más narrativas.
….Muchas veces estos cultivos han resultado en ideologías que es la extremidad de la ontologización o de las ideas, culminando en el ser, como principios rectores para mover la historia. De ahí el fascismo, el nazismo, el racismo, el comunismo, etc. No quiero entrar en los detalles de estos tristes episodios de nuestra historia común, pues las heridas siguen frescas y abiertas en muchos casos, a la vez que se abren nuevas en el proceso continuo y lamentable de la hendidura del espíritu humano que constituye el mayor obstáculo hacia su integración en clave de comunión.

Retos
….Quedan incontables retos. La ontología tiene su propio valor. Es instrumento. Es medio. Pero nunca debería ser la finalidad. Hemos de ir más allá del pensamiento por lo que hay que redescubrir (más que tener) la fe que tenemos.
….Esta fe no se encuentra más allá. No es de la revelación. No determina las consabidas fronteras entre la filosofía y la teología. No equivale a lo irracional frente a lo racional, tal este está determinado por el cientificismo, entre otras corrientes, otra ideología ontologizadora. La fe es levantarse firme en el subsuelo de lo real siendo realidad, de la realidad siendo real.
….La fe, debido a la participación, es llamar como propio este subsuelo. Es tomar posesión de él constantemente. La fe consiste en levantar este subsuelo sobre todo en tiempos de carestía, de dificultad e incluso de violencia, que las ideologías imponen, provocan, obligan.
….La fe es tomar la cultura, desde la fuerza entusiasta de la creatividad del arte y la seguridad de la credibilidad de la ciencia o la posesión segura del conocimiento. Es saber lidiar la cultura, como un torero, no para matarlo sino para domarlo y para cultivar el terreno como trigal o arrozal. La fe no mata. La fe da vida, la cultiva, la recrea desde dentro, desde el alma que es la coordenada fundamental en el camino de ser espíritu, en el camino espiritual. Sin esta interioridad, sin esta profundidad no sería posible realizarse como espíritu y persona. Esta alma ha de cultivarse, alimentarse mediante el camino espiritual cuyas coordenadas son el arte y la ciencia. Esta cultivación es el acto cultural por excelencia.
….La fe es una llamada de superar el camino ontológico. Esta superación es la senda de la esperanza. La esperanza es el reto continuo de ir más allá de las ideologías, para purificarlas y perdonar sus atrocidades y extremidades. Vale la pena caminar por esta senda, creándola constantemente para redescubrir la realidad de lo real, lo real de la realidad que incontables veces hemos ocultado en el ser, en la ontología, en la reducción a lo abstracto, con miedo a la diversidad contextual, circunstancial, personal del mismo espíritu, pues es la misma llamada a todas las personas.
….La caridad es la respuesta adecuada a esta esperanza. La caridad es la construcción de la comunión de espíritus. La caridad crea encuentros en que las áreas creadas como configuraciones dentro de la historia como la confesionalidad (la religión), la energía (la libertad) y la medida de realización de la comunión (la política) tengan su realización como puntos de encuentro.
….El pensamiento es solo el comienzo para poder asentar las bases de la tarea de comenzar estas configuraciones que son dimensiones de acción de la esperanza, fundamentada en la fe, y proyectada hacia la caridad que es plenitud de encuentro del origen como meta, como lo originario y no simplemente un retorno exitus-reditus o un camino de lo solitario a la mayor soledad.
….Los caminos deben crear comuniones a través de las dimensiones mencionadas (religión, libertad y política) que son tres caras de la misma comunicabilidad de la comunión. La comunión se comunica. La comunión no es mera unión o el estado de estar juntos o solidarios. La comunión es compartir, tomar parte, participar y hacer participar a los demás sin restricciones extremas del pensamiento o ideologías.
….No olvidemos de la raíz que es el área del pensamiento que no debe ser absolutizada sino que solo utilizada como juego momentáneo o transitorio en que se demuestra en el empeño de cultivar, dado el Misterio o presencia en que nos movemos. Estos juegos son momentos que se descifran en términos de proximidad y lejanía, en lo oculto y lo manifiesto. Estos son los momentos que vivimos, percibimos como altibajos pero son fases del mismo camino, debido a nuestra finitud y culpabilidad.
….Debido a nuestra condición de finitos y culpables, necesitamos cultivar o tener cultura por medio de la creatividad o arte y la credibilidad o ciencia. La creatividad y la credibilidad son las vertientes de la fe que construyen caminos de esperanza, puesto que la espiritualidad consiste en esperar, y no solo estar pendiente de algo o del porvenir. Esto se cultiva, con los propios méritos (filosofía) o con lo que es dado o donado, más allá de nuestros propios méritos (teología).
….La esperanza, ante todo, es reto de desvelar, recuperar, conseguir perspectivas o dimensiones más próximas y concretas. No debemos permitir la extremización de las abstracciones de tipo ontológico, lo cual nos haría indiferentes, totalmente pasivos al sufrimiento, al dolor, a la presencia del mal en nuestro cosmos, en nuestro mundo, en nuestra cultura, en nuestro arte, en nuestra ciencia y en nuestros corredores de acción de la religión, la libertad y la política.
….La cercanía y la proximidad de lo concreto nos recuerda ante todo las personas hambrientas (que es la realidad de lo real, lo real de la realidad) en vez del hambre (la ontología), los enfermos en vez de la enfermedad, de los sufrientes en vez del sufrimiento, de las injusticias que se cometen todos los días en vez de la injusticia abstracta, de los buenos en vez de la bondad, de las personas en vez de la unidad, de las verdades en vez de los principios verdaderos o la verdad a secas que es el disfraz preferido de las ideologías.
….La cercanía y la proximidad son retos. Son llamadas a la esperanza. Son la madurez de la confesionalidad en confesión que se realiza como ejercicio, que se lleva a cabo como camino de perfección, pues no somos perfectos pero sí somos llamados a la perfección o nuestra plena realización espiritual como espíritu y persona. La esperanza crea encrucijadas en que todos podamos encontrarnos y dialogar y seguir la conversación para poder dibujar horizontes nuevos, para una mayor y mejor comunión en que podamos hablar libremente, desde la familiaridad proporcionada por la religión y la política en la construcción de un hogar común con sus bellezas y preocupaciones sociológicas, económicas, ecológicas. Es esta nuestra verdad. De ahí nuestra belleza, con sus resultados concretos frente a diferentes y difíciles cuestiones que son los retos continuos de cada día a las que he intentado responder, desde la tradición a la que pertenezco, con mi obra filosófica, teológica, histórica, crítica, artística y literaria.

Parañaque, noviembre de 2019