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Biblioteca de Crítica Literaria Filipina

Número Primero

 

 

José Rizal y el canon literario occidental:

El Consejo de los Dioses [1880].

 

 

I. Introducción

Isaac Donoso Jiménez

 

II.  José Rizal: El consejo de los dioses.

Edición de Isaac Donoso Jiménez

 

 

 

INTRODUCCIÓN:

 

P

resentamos a continuación uno de los textos literarios más significativos de José Rizal (1861-1896)[1] en el que, a través de una alegoría clasicista del Olimpo, se cuestiona el canon literario occidental para incluir la creación moderna —en este caso el modernismo de El Quijote— como obra canónica. El consejo de los dioses, texto de 1880 escrito por Rizal cuando apenas tenía diecinueve aĖos, revela la educación humanística de la Filipinas finisecular al mismo tiempo que la contestación al escolasticismo. El texto revela cómo un adolescente asiático aprehende los elementos culturales de la tradición humanística occidental, superando no sólo su formalismo, sino al mismo tiempo estableciendo las bases de un afán autónomo en pos del conocimiento. Con ello, Rizal lleva el Humanismo a su verdadero significado de afán humano por el conocimiento y diseĖa las pautas de un pensamiento especulativo filipino.  

      Rizal fue persona de extremada cultura; hablaba varios idiomas y viajó por todo el mundo. En él se puede ver la evolución que el Humanismo experimentó como percepción cultural en la Filipinas finisecular. Su primera educación la recibió en las principales universidades del país —Santo Tomás y el Ateneo de Manila—, con una materia curricular que hacía hincapié en latinidad y retórica. Dentro de este contexto hay que situar sus primeras composiciones poéticas, en el marco de la mitología hispánica decimonónica: los grandes descubrimientos (El embarque, 1975; Y es espaĖol: Elcano, el primero en dar la vuelta al mundo, 1975; Colón y Juan II, 1877; Gran consuelo en la mayor desdicha, 1977; El heroísmo, 1877) y la “Reconquista” (El cautiverio y el triunfo, 1876; La conquista de Granada, 1876; Abd-El-Azís y Mahoma,1879). El otro de los grandes temas rizalianos en estos primeros momentos será el de la educación, que siempre irá ligado a la invocación y llamamiento a la juventud filipina en pos del conocimiento (Alianza íntima entre la religión y la educación, 1876; Por la educación recibe lustre la patria, 1876). Especial relevancia posee A la Juventud Filipina —premiada en el certamen literario de 1879 organizado por el Liceo Artístico-Literario de Manila— ya que en esta composición se puede ver cómo, desde una formalidad plenamente basada en el Humanismo clásico, se hace una invocación a la juventud para alcanzar el conocimiento[2]. La educación es la base del saber, pero si la educación establecida ahoga al saber, el genio debe desarrollarse más allá de los límites impuestos por la formalidad. A través de esta invocación, Rizal aboga porque se desarrollen todas las capacidades de la juventud filipina para alcanzar el saber, capacidades más allá del sistema educativo y del escolasticismo: “Baja con la luz grata/ de las artes y ciencias á la arena,/ Juventud, y desata/ la pesada cadena/ que tu genio poético encadena”. Si Rizal nos habla en esta composición desde la formalización del Humanismo clásico, su objetivo es desatar el ideal humanista en el cual el saber no tiene limitaciones, es decir, ir más allá de las limitaciones que imponían la religión y el sistema colonial.   

      En la literatura filipina el uso de temas y personajes autóctonos será esporádico en comparación con el uso del tema exótico. En Rizal se puede observar el proceso de evolución que experimentarán otros intelectuales ilustrados filipinos hacia la reivindicación del realismo. Así, si bien sus primeros poemas trataban temas exóticos a Filipinas, sus últimas composiciones tendrán como objetivo mostrar la realidad humana del Archipiélago. De este modo podemos ver cómo, igual que Balagtás en Florante y Laura esgrimía subliminalmente a través de lo Exótico la lucha filipina por la libertad[3], Rizal, en San Eustaquio, mártir (1876) y sus poemas de juventud, expresará igualmente los sentimientos nacionalistas que paulatinamente se iban formando en el mundo decimonónico filipino. San Eustaquio, mártir es una obra teatral que trata el tema del martirio por el ideal que se defiende. Eustaquio, general romano victorioso en numerosas batallas, se opondrá al Emperador Adriano por defender su religión cristiana. La consecuencia será el martirio junto a sus hijos, también cristianos. Como se puede desprender, la apología del Cristianismo frente al paganismo romano es evidente, por lo que la obra es una exaltación el Humanismo cristiano. Pero más allá de esta obviedad, el propósito de Rizal era establecer la lucha por los valores frente a la tiranía y el poder. Se trataba de construir su proyecto vital, donde una idea (Cristianismo) podía ser más poderosa que todo un Imperio (Roma)[4].  

      En 1880 Rizal gana el concurso literario organizado por el Liceo Artístico-Literario de Manila el 23 de abril para conmemorar el aniversario de Cervantes, con la obra en prosa El consejo de los dioses. La obra —que lleva el revelador lema de “Con el recuerdo del pasado entro en el porvenir”— es una alegoría olímpica de los monumentos en la historia de las letras. Júpiter presencia el escrutinio de las obras de Homero, Virgilio y Cervantes, y la Justicia concluye la igualdad de valor de los tres autores. La composición reúne mitología, crítica literaria y helenismo en breves páginas, constituyéndose en la obra filipina que mejor transmite el ideal del mundo clásico occidental.

      Más allá de la formalidad clasicista que la composición transmite, lo significativo del texto es que se incorpora dentro del canon clásico El Quijote de Cervantes, tratando de ser entendido el Humanismo como una evolución en el proceso del saber, desde los autores clásicos a la modernidad. Por consiguiente, Rizal justifica que el canon literario y estético no está cerrado al establecer El Quijote como una obra canónica, juicio crítico que seĖala el afán rizaliano por superar el escolasticismo de la educación filipina[5]. A través de la apropiación de cultura occidental, Rizal es capaz de especular dentro de sus mismos parámetros para desarrollar un pensamiento autónomo en Asia. Es aquí donde radica la transcendencia del texto, el juicio crítico del canon literario y el Humanismo occidentales teatralizado en una alegoría helénica, con el fin de definir un afán autónomo por el saber. Así pues, El consejo de los dioses, en la que deidades olímpicas discuten sobre el canon literario occidental, es un texto referencial de la crítica literaria en Filipinas, al dar respuesta a tres claves culturales:

a)     Formalización del mundo clásico occidental y la educación humanística.

b)     Juicio crítico sobre el canon literario occidental.

c)     Apropiación de cultura occidental para crear un pensamiento especulativo y humanístico en Asia.

      En 1882 José Rizal emprende su aventura por Europa, lo que le llevará a numerosas ciudades del viejo continente, entre ellas Madrid y Barcelona. A partir de este momento se produce una evolución notable en su pensamiento y, si bien en sus aĖos de juventud defendía el ideal cristiano, paulatinamente se irá desencantando. El principal motivo de esta disposición será el reconocimiento de las limitaciones que el sistema educativo impuesto por los frailes en Filipinas representaba en comparación con las ideas finiseculares europeas. Dentro de este contexto hay que situar sus dos novelas: Noli me tangere (1887) y El Filibusterismo (1891), en las cuales critica las estructuras coloniales espaĖolas en Filipinas y aboga por su reforma. Rizal llegará  a un estadio superior en la creación filipina al mostrar en su primera novela Noli me tangere —título proveniente del Evangelio de San Lucas— los males del país de forma explícita, despertando así las conciencias embelesadas hasta entonces por el exotismo que había dominado la intelectualidad filipina. Las notas introductorias a la novela no pueden ser más reveladoras sobre el propósito de la obra:

      “Regístrase en la historia de los padecimientos humanos un cáncer de un carácter tan maligno que el menor contacto le irrita y despierta en él agudísimos dolores. Pues bien, cuantas veces en medio de las civilizaciones modernas he querido evocarte, ya para acompaĖarme de tus recuerdos, ya para compararte con otros países, tantas se me presentó tu querida imagen como un cáncer social parecido.

      Deseando tu salud que es la nuestra, y buscando el mejor tratamiento, haré contigo lo que con sus enfermos los antiguos: exponíanlos en las gradas del templo, para que cada persona que viniese de invocar a la Divinidad les propusiese un remedio.

      Y a este fin, trataré de reproducir fielmente tu estado sin contemplaciones; levantaré parte del velo que encubre el mal, sacrificando a la verdad todo, hasta el mismo amor propio, pues, como hijo tuyo, adolezco también de tus defectos y flaquezas. 

      Europa, 1886. El autor”[6].

      Al emplear elementos del Humanismo cristiano en el que ha basado su formación, lo que Rizal consigue es evidenciar las propias inconsistencias del dogma para favorecer la liberación del ser humano que aboga el propio conocimiento humanístico. Si el individuo quiere aspirar a desarrollar todas sus posibilidades cognitivas pero lo impiden dogmas revelados, no hay más que exponer al juicio popular la realidad. Trabajando la literatura como un científico, Rizal abre al enfermo y lo expone a la atención pública, para que cada cual sea consciente de las dimensiones de la realidad más allá de juicios a priori.

      Es aquí donde radica el principal valor del pensamiento rizaliano. Tal como Cervantes exponía la inadecuación de los libros de caballerías con el mundo renacentista para mostrar las miserias de la EspaĖa de la época, Rizal aboga por la preeminencia del realismo para afrontar las necesidades del individuo filipino. Habría que seĖalar por lo tanto no sólo la libertad de pensamiento en base al conocimiento científico, sino también la necesidad de que la intelectualidad filipina evolucionara desde el romanticismo de los libros de caballerías al realismo de la propia coyuntura filipina. Efectivamente, las Letras Filipinas del período romántico se vieron saturadas por romances métricos en lenguas filipinas inspirados en la cuentística y los ciclos caballerescos europeos, llamados awits (dodecasílabos) o corridos (octosílabos)[7]. Si bien se creó un corpus literario enorme que configuró un verdadero romancero de inspiración europea en Asia, la propia naturaleza de estas composiciones llevó a la preeminencia de lo exótico y la fantasía sobre la realidad y el ambiente filipino. A pesar del valor didáctico y cultural de los romances filipinos, el embelesamiento romántico en lugares exóticos, príncipes y princesas, ofuscó la propia acción intelectual que supone el posicionamiento frente a la realidad. A través del escapismo romántico el mundo filipino se fue difuminando y en consecuencia el realismo perdió carta de naturaleza en la creación intelectual[8]. Lo que en Rizal podemos ver a finales del siglo XIX es una reivindicación del realismo en Filipinas. Del mismo modo que lo que representó Don Quijote para las mentes espaĖolas embelesadas en la caballería, el Noli me tangere representó una sacudida para el escolasticismo oficial y el exotismo popular en Filipinas. A través del empleo del Humanismo cervantino, Rizal heredó el mismo sino de incomprensión que le llevaría a la redacción de El Filibusterismo, como respuesta visceral a la repercusión que produjo su primera novela (del mismo modo que Cervantes en su segunda parte de El Quijote como contestación a Avellaneda). Así pues, las dos novelas de Rizal representan un esfuerzo consciente de exponer las inconsistencias de la Filipinas decimonónica a través del contraste quijotesco que significaba confrontar los valores idealizados con la cruda realidad[9].

      El 30 de diciembre de 1896 a las siete de la maĖana en el campo de Bagumbayan, José Rizal fue fusilado acusado de filibustero y revolucionario. Se puede decir que con Rizal se culmina en el Archipiélago Filipino el afán del individuo por la soberanía intelectual, independencia de espíritu que en muchas ocasiones va ligada a incomprensión. Así, Rizal se formó en una educación asentada en el Humanismo escolástico donde la literatura hablaba de lugares exóticos, de Roma y Grecia, y desde estas premisas logró establecer un patrón gnoseológico basado en las posibilidades del ser humano para comprehender la realidad. La consecuencia fue el desarrollo de una idea humanística a la cual, la juventud filipina tantas veces invocada, pudiera acogerse como base de la soberanía intelectual del individuo.

      Mi último adiós, composición poética escrita tras varios días de encarcelamiento en el fuerte Santiago a la espera de su fusilamiento, es la última pieza rizaliana, una de las obras más conmovedoras jamás compuestas por un condenado a muerte. Ha llegado hasta nosotros por haber sido escrita en un pequeĖo pedazo de papel que escondió en la lamparilla de su celda. En ella se manifiesta —más que el Humanismo de las grandes palabras— la realidad de un ser humano en total connivencia con el deber de independencia intelectual:“ŃAdiós, patria adorada, región del sol querida/ perla del mar de Oriente, nuestro perdido edén!/ a darte voy alegre, la triste mustia vida:/ si fuera más brillante, más fresca, más florida,/ también por ti la diera, la diera por tu bien”[10].

 

 

 



         [1] Existen numerosas biografías sobre José Rizal, siendo las principales referencias las siguientes: W. E. Retana, Vida y Escritos del Dr. José Rizal, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1907; Rafael Palma, Biografía de Rizal, Manila, Bureau of Printing, 1949; León María Guerrero, The First Filipino: a biography of Jose Rizal, Manila, National Historical Institute, 2001; José Ricardo Manapat, Las biografías de Rizal: un estudio crítico de las obras biográficas escritas desde 1897 hasta el 2000, tesis masteral, Universidad de Filipinas, Quezon City, 2001 [inédita].

         La bibliografía sobre Rizal es igualmente numerosa, aunque como referencias básicas podemos citar las obras publicadas en varios volúmenes por el Instituto Nacional de Historia, National Historical Institute en Manila: Noli me tangere, facsímil del original de 1887; El Filibusterismo, facsímil del original de 1891; Poesías por José Rizal, 1995; Prosa por José Rizal, 1995; Mi último adiós, 2 vols., 1996; Cartas entre Rizal y los miembros de su familia, 1993; Escritos varios de José Rizal, 1992; Correspondencia entre Rizal y Blumentritt, 2 vols, 1992; Epistolario Rizalino, 1992; Rizal Pictorial Album, 1995.     

         [2] Existen numerosas ediciones de este poema: W. E. Retana, Vida y Escritos del Dr. José Rizal, op. cit., pp. 32-33; Poesías de José Rizal, op. cit., pp. 92-93; AA.VV., Discurso de Malolos y Poesías Filipinas en EspaĖol, Manila, Departamento de Educación, 1963, pp. 134-135.

         [3] Cf. Epifanio de los Santos, Vida de Florante y Laura en el Reino de Albania, deducida de la historia o crónica pintoresca de las gestas del antiguo Imperio Heleno y versificada por un amante de la Poesía Tagala, [s.l], [s.e], 1925; Fred Sevilla, Poet of the People. Francisco Balagtas and the Roots of Filipino Nationalism, Manila, Trademark, 1997.

         [4] Podríamos seĖalar la séptima estrofa del poema de Cecilio Apostol (1877-1938) A Rizal (en el segundo aniversario de su fusilamiento) de 1898, que habla por sí misma:  

 

    ŃDuerme en paz en las sombras de la nada,

redentor de una patria esclavizada!

ŃNo llores, de la tumba en el misterio,

del espaĖol el triunfo momentáneo,

que si una bala destrozó tu cráneo,

también tu idea destrozó un imperio!

 

         En Eduardo Martín de la Cámara, Antología de poetas del archipiélago magallánico, Barcelona, Maucci, 1922, p. 20.

         [5] “―ŃQue atente! La Universidad tiene que plegarse á las necesidades de los estudiantes. Y á ser eso cierto, ņqué es Universidad entonces? ņEs una instrucción para que no se aprenda? ņSe han reunido acaso unos cuantos hombres blasonando de ciencia é instrucción, para impedir que se instruyan los demás?”, en José Rizal, El Filibusterismo, Barcelona, Imprenta de Henrich y CĽ, 1908, p. 107.

         [6] Es de destacar igualmente el texto en francés de Rizal en 1887 al enviar copia del Noli me tangere a un su amigo: “Noli me tangere, mots tirés de l’Évangelie de Saint Luc, signifie ne me touche point. Le livre contient donc des choses dont personne chez nous n’a jusqu’ą présent parler: tant elles sont délicates qui ne consentaint point ą źtre touchées par quelque ce soit. Moi, j’ai tenté de faire ce que personne n’a voulu”. Texto reproducido por  W. E. Retana en la introducción a ibid., p. xiii. 

         [7] Cf. Damiana L. Eugenio, Awit and Corrido. Philippine Metrical Romances, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1987.

         [8] “Parecía, pues, natural, que en la literatura filipina (teatro, áuits y corridos, ó sean relaciones en verso) vino el asunto «moros y cristianos» á ser el predominante (el exclusivo, puede decirse), los moros fuesen los que los filipinos conocían y padecían, los malayos mahometanos de Mindanao y Joló; pero, no: se da el extraĖo caso de que el moro de la literatura filipina sea siempre, invariablemente, el moro arrogante, seductor y de largas y espesas barbas de la literatura importada, el moro de la literatura espaĖola; es decir, el moro desconocido, jamás el moro que durante siglos enteros asoló cuanto pudo las costas de Bisayas y Luzón. ņPor qué este fenómeno? Tal pregunta nos llevaría muy lejos, para venir á parar á que en la literatura filipina de algún vuelo (se alude á la de ficción) no se percibe ni por casualidad la más leve afición al realismo, que se diría que es incompatible con la fantasía de los escritores, tan enamorados por lo común de lo exótico, ó por mejor decir de lo desconocido, que aún hoy, en pleno siglo XX, que tan notables progresos ha hecho en Filipinas el arte literario, todavía los cuentistas suelen poner la acción en países para ellos ignorados, y, desde luego, sus personajes, sobre ser “principescos”, han de ser de raza extraĖa necesariamente”, en W. E. Retana, Noticias histórico-bibliográficas del teatro en Filipinas desde sus orígenes hasta 1898, Madrid, Victoriano Suárez, 1909, pp. 34-35.

         Sobre los romances (awit y corrido) y el teatro (komedya o moro-moro) en Filipinas, véase: Vicente Barrantes, El teatro tagalo, Madrid, Tipografía de Manuel G. Hernández, 1889; Fe Sala Villarica, The moro-moro: An Historical-Literary Study, tesis masteral, Universidad de San Carlos, Cebú, 1969, p. 16). Véanse asimismo Felicidad M. Mendoza, The Comedia (moro-moro) re-discovered, Makati, Society of St. Paul, 1976; Nicanor G. Tiongson, Komedya, Quezon City, Universidad de Filipinas, 1999;  Susan Cargullo Gawaran, La influencia del romance tradicional espaĖol en el moro-moro ilocano, tesis masteral, Universidad de Filipinas, Quezon City, 1979 [inédita].

         [9] “Para mí no hay una relación novelesca ―una novelística más hermosa― desde Cervantes ―no os escandalicéis― como esa de José Rizal el filipino. Tiene un héroe quijotesco perfecto: Crisóstomo Ibarra, a quien no los libros de caballería, sino la injusticia enloquece, transformándolo en Simoun, en una especie de Montecristo vengador, de Quijote en Manila, favoreciendo al débil, protegiendo a la doncella y al perseguido, castigando al malvado, y que, al final, cuando va a hacer la suprema locura, se arrepiente y muere como Alonso Quijano, en su cama, pidiendo perdón a todos muerta su Dulcinea: María Clara”, en Ernesto Giménez Caballero, Rizal, Madrid, Publicaciones EspaĖolas, 1971, p. 5.         

         [10] Según la edición reproducida en Martín de la Cámara, op. cit., pp. 270-272.